Dos hechos coincidieron en el tiempo para que los chinos comenzaran a migrar en Panamá a mediados del siglo XIX. La grave situación de inestabilidad por la que vivía la Dinastía China por las guerras que afrontaba y que tanta miseria causaba a su pueblo y la fiebre del oro en California a mediados del siglo IXX, que precipitó la construcción del primer ferrocarril interoceánico del continente americano.
En la búsqueda de oportunidades, muchos chinos vieron la construcción del ferrocarril como el camino para salir de la pobreza que padecían, aceptando cruzar el Océano Pacífico con la promesa de una nueva vida que al final resultó ser un gran engaño, por el largo viaje de dos meses y las condiciones inhumanas del transporte que los traía. Muchos murieron en el trayecto. Se encontraron al llegar a Panamá que tenían los trabajos más extenuantes al considerárselas de inferior condición humana, enfrentando enfermedades desconocidas para ellos, además de afrontar desde su llegada un marcado racismo que perduraría por muchos años y que, gracias a Dios, se ha disipado por completo.
Hay dos libros panameños que ilustran con bastantes detalles el periplo inicial de la llegada de los chinos a nuestro país con motivo de la construcción de ferrocarril de Panamá a Colón. El de la china-panameña Berta Alicia Chen “Cómo, cuándo y porqué llegaron los chinos a Panamá” (2006) y “El caballo de hierro” del panameño Juan David Morgan (2012). El único mártir de la separación de Panamá de Colombia en 1903 fue precisamente un ciudadano chino residente en Salsipuedes, Wong Kong Yee, por lo que su nombre está grabado en los anales de la nueva República.
Tras nuestro nacimiento republicano, producto de las tendencias que se vivían en el mundo, sobre todo en los Estados Unidos con la inhumana segregación racial existente en su territorio, la cual inspiró las prácticas racistas de Hitler y que culminaron con el Holocausto, se produce el fenómeno de la eugenesia, cuyos principios se fundamentaban en que había que evitar la degeneración de la raza, usando la ley como instrumento para imponer sus excluyentes teorías. A principios de siglo, científicos panameños que habían estudiado en los Estados Unidos como José Guillermo Lewis y Guillermo Patterson, y que llegaron a ser diputados, son partidarios de estas prácticas para controlar la calidad de nuestra raza.
En 1913, en su primer mandato, Belisario Porras pretende establecer restricciones a la inmigración china. Llega al punto de exigir a los comerciantes chinos el pago de altas tasas impositivas para poder vivir en Panamá, al punto, que los comerciantes chinos protestan y cierran sus tiendas, logrando neutralizar esas medidas discriminatorias. La mayoría del comercio al por menor estaba en manos de ellos.
Durante el primer gobierno de Arnulfo Arias (1940-1941) se extremaron estrictas medidas racistas, incluyéndose lo que se llamó razas de inmigración prohibida en la Constitución que promulgó en 1941, las cuales, según su artículo 22 eran “la raza negra cuyo idioma originario no sea el castellano, la raza amarilla y las razas originarias de la India, el Asia Menor y el Norte de África”. Eso aplicaba a negros africanos y del Caribe, a chinos y japoneses, a hindúes y a árabes.
Se aplicaron controles sobre el comercio al por menor que en su mayoría estaba en manos de la población china. Se les obligó a vender sus abarroterías, aprovechándose de los precios de ganga de tales ventas, personas vinculadas al presidente Arias y al partido Panameñista las adquirieron. Ya los chinos habían sufrido el desalojo de sus negocios cuando, tras construcción del Canal, se vieron obligados a salir de los lugares donde vivían, al igual que panameños, en las áreas reservadas para el Canal de Panamá que prohibió ningún asentamiento humano en la ruta canalera de Panamá a Colón. Las compensaciones que recibieron rayaron en la injusticia.
La presencia china en Panamá ha sido de gran valor, sobre todo porque, a diferencia de otras comunidades extranjeras, se ha mezclado e interrelacionado en todo sentido con los nativos del país. Su descendencia ya sobrepasa más de ocho generaciones desde que llegó a Panamá el primer grupo de inmigrantes chinos en 1852. Hemos tenido varios chinos panameños como ministros y diputados en la Asamblea y en las Alcaldías.
Solo nos falta elegir a un paisano como nuestro presidente de la República. Tendría todo el derecho.
