El primer ministro asegura que no dimitirá, aunque en las filas laboristas ya empiezan a perfilarse posibles nombres para sustituirlo
No hay mejor escena para ratificar una grave crisis en Downing Street que ver a un primer ministro con cara desencajada prometiendo ante los micrófonos que no va a dimitir. Keir Starmer se sumó este viernes a la lista negra, informó el diario La Razón.
Con claros signos de no haber dormido en toda la noche, el aún jefe de gobierno insistió en que no se iba a “rendir”. Pero la histórica hemorragia sufrida por el laborismo en las elecciones locales clave, celebradas el jueves en Inglaterra, complica cada vez más la posición del aún inquilino de Downing Street, cuya popularidad está por los suelos y su liderazgo está cada vez más cuestionado tanto fuera como dentro de sus filas.
El lento recuento electoral aún continuaba, pero con 93 de los 136 ayuntamientos en juego, el laborismo había perdido más de 1,300 escaños. Los analistas consideraban que la pérdida de 1,500 escaños sería el “punto de inflexión” para desencadenar intentos de desbancar a Starmer.

Por su parte, la derecha radical del irreverente Nigel Farage -arquitecto del triunfo del Brexit- había ganado más de 1,400 asientos con su nueva formación Reform UK, convirtiéndose en el gran protagonista de la jornada. “Es un cambio histórico en la política británica”, matizaba el populista dando por muerto al bipartidismo. Y es que los tories también han sido los grandes destronados, perdiendo más de 400 escaños.
El lema de la campaña de Farage -“Vota Reform. Fuera Starmer”- convertía de facto esa cita en un referendo sobre el liderazgo del primer ministro. Y aunque el primer ministro todavía resiste, ni siquiera sus aliados más fieles se atrevían a asegurar que vaya a liderar al laborismo en las próximas generales previstas para el 2029.
En definitiva, un panorama más que sombrío para un político que no hace ni siquiera dos años se mudó a Downing Street consiguiendo una amplia mayoría absoluta con la que puso fin a 14 años de gobierno conservador.
Starmer ha reconocido que “no hay forma de endulzar” el veredicto de los votantes. “Hemos perdido a brillantes representantes laboristas en todo el país. Son personas que han entregado muchísimo a sus comunidades y a nuestro partido. Y eso duele, y debe doler. Y asumo la responsabilidad”, afirmó.
El primer ministro añadió que los votantes “han enviado un mensaje sobre el ritmo del cambio, sobre cómo quieren que sus vidas mejoren y que quienes han sido elegidos afronten esos desafíos”. “Y no voy a apartarme de esos problemas ni de esos retos”, matizó, asegurando que no iba a dejar al país “en caos”.
La crisis para el premier, no obstante, se intensificará aún más este fin de semana cuando se conozcan los resultados de Gales y Escocia, donde los parlamentos se eligieron también en la cita del pasado jueves. El laborismo podría perder su hegemonía en Gales por primera vez en más de un siglo. Y en Edimburgo, donde los independentistas del SNP se encaminan a su quinta victoria consecutiva, podrían caer incluso a tercera posición.
Starmer contaba con el respaldo del Gabinete. Al menos públicamente, porque, según The Times, Ed Miliband, ministro de Medio Ambiente y uno de los nombres que se baraja como posible postulante en unas primarias, le habría dicho supuestamente en privado que tiene que marcar un calendario para su salida.
Un portavoz de Miliband no quiso hacer comentarios sobre “conversaciones privadas”, pero afirmó: “No aceptamos esta versión”. “Ed siempre ha apoyado al primer ministro y continúa haciéndolo mientras cumple con su mandato de cambio”, añadió.
Westminster es un hervidero de rumores. Según The Telegraph, Wes Streeting, ministro de Sanidad, habría reunido ya a más de 81 diputados -el mínimo necesario para activar un desafío al liderazgo- y estaría calibrando cuál debe ser su siguiente movimiento. Otros aspirantes potenciales, como Angela Rayner, exvice primera ministra, Ed Miliband, y Andy Burnham, alcalde de Great Manchester, también preparan sus estrategias.
