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Trump rebaja la amenaza militar a Cuba y negocia su ayuda

Trump rebaja la amenaza militar a Cuba y negocia su ayuda
EFE /Ernesto Mastrascusa

El líder de Estados Unidos está convencido de que logrará «dar un vuelco» al Gobierno de la isla y que se ponga de su lado

Durante semanas, el mensaje había sido de confrontación. “Cuba es la próxima”, repitió en varias ocasiones el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en medio de la escalada militar en Oriente Medio y tras ordenar ataques contra objetivos iraníes. Incluso llegó a sugerir que buques de guerra estadunidenses desplegados en la región podrían “pasar por Cuba” en su regreso, informó el diario La Razón.

La frase encendió alarmas en La Habana y reavivó viejos fantasmas de intervención en una isla donde esta retórica sigue viva en el discurso oficial.

Pero detrás de estas amenazas públicas, Washington abrió discretamente otro canal: la negociación.

Funcionarios estadunidenses revelaron este viernes que la Casa Blanca no contempla una acción militar inminente contra Cuba, pese al endurecimiento verbal de Trump y a las nuevas sanciones anunciadas esta semana. Según fuentes involucradas en contactos preliminares con autoridades cubanas, el verdadero foco de la Administración estadounidense está ahora en una oferta de ayuda humanitaria valorada en $100 millones para aliviar la grave crisis económica y energética que atraviesa la isla.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla con la prensa antes de partir de la Casa Blanca rumbo a China, en Washington, D.C., EE. UU., el 12 de mayo de 2026.
EFE/EPA/BONNIE CASH / POOL

La propuesta incluye alimentos, medicinas, asistencia agrícola, apoyo a infraestructura crítica y dos años de acceso gratuito a internet satelital mediante Starlink para toda la población cubana.

El paquete, sin embargo, llega acompañado de condiciones políticamente sensibles para el régimen de Miguel Díaz Canel: Washington exige que la ayuda sea distribuida por la Iglesia católica y organizaciones humanitarias independientes, y no por estructuras estatales cubanas.

Ahí está el principal punto de fricción. Funcionarios del Departamento de Estado reconocieron a medios de comunicación que mantienen conversaciones con altos funcionarios cubanos a través de un canal directo y aseguraron sentirse “alentados” porque La Habana no ha rechazado la propuesta. “El régimen parece dispuesto a escuchar”, señaló uno de los funcionarios.

Desde Cuba, la reacción ha sido cautelosa. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla confirmó que el Gobierno está dispuesto a evaluar la oferta, aunque cuestionó la “incongruencia” de una administración que, por un lado, endurece sanciones y, por otro, ofrece ayuda. “La mejor ayuda sería desescalar las medidas del bloqueo energético, económico, comercial y financiero”, afirmó Rodríguez.

La contradicción resume el momento actual de la relación bilateral: máxima presión pública, negociación silenciosa en privado. Y todo ocurre mientras Cuba atraviesa uno de los peores momentos económicos en décadas.

Los apagones masivos se han convertido en parte de la rutina diaria en varias provincias. Las reservas de combustible están prácticamente agotadas y el propio ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, admitió esta semana que la situación “se está poniendo más caliente” ante la llegada del verano, cuando el consumo eléctrico aumenta drásticamente.

La crisis tiene múltiples causas: Infraestructuras obsoletas, escasez de divisas, caída del turismo, sanciones estadunidenses más agresivas y una reducción del petróleo subsidiado enviado por aliados como Rusia y Venezuela.

En los últimos días comenzaron a registrarse pequeñas protestas nocturnas en algunas ciudades tras el aumento de los cortes eléctricos, un escenario que recuerda episodios de tensión social vividos en el 2021 y el 2024.

Mientras tanto, Washington mantiene la presión. Desde enero, la administración Trump ha reforzado restricciones energéticas contra la isla y ha insistido en exigir reformas económicas y políticas al régimen cubano.

Sin embargo, por ahora parece haber optado por una estrategia dual: presión máxima en público y pragmatismo en privado. El cálculo de la Casa Blanca parece querer evitar un colapso humanitario descontrolado a apenas 150 kilómetros de Florida, especialmente en un año políticamente sensible para Trump y con una crisis migratoria latente.

En La Habana también saben que el margen de maniobra es cada vez menor. Aceptar ayuda estadunidense bajo condiciones externas sería una decisión incómoda para el régimen. Pero, de otro lado, rechazarla en medio de apagones, escasez de alimentos y creciente malestar social, también tiene costos.

Por ahora, ambos gobiernos mantienen abiertas conversaciones discretas. Y en medio de décadas de desconfianza mutua, la relación entre Washington y La Habana vuelve a moverse entre la amenaza y la necesidad.

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