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Quién gana y quién pierde tras el acuerdo que pone fin a la guerra de Irán

Quién gana y quién pierde tras el acuerdo que pone fin a la guerra de Irán

Teherán sobrevive, Israel no logra su objetivo y Estados Unidos pierde influencia en Medio Oriente tras un conflicto que no ha dejado claro ganador

El memorando que Estados Unidos e Irán anunciaron el domingo para poner fin a la guerra en Medio Oriente y reabrir el Estrecho de Ormuz de forma inmediata abre un nuevo escenario en la región.

El conflicto ha devastado Medio Oriente, ha debilitado la economía mundial y ha separado a Washington de sus aliados europeos. Los bombardeos que comenzaron el 28 de febrero sobre Teherán para acabar con el régimen de los ayatolas asesinaron al jefe supremo Alí Jamenei y a parte de la cúpula del Estado. También destruyeron gran parte de la capacidad misilística y las instalaciones del programa nuclear. Pero no lograron derribar el sistema político instaurado en 1979, calificado por el régimen de Benjamin Netanyahu como una amenaza existencial para Israel, informó el diario La Razón.

Tanto Donald Trump como portavoces de la República Islámica se consideran ganadores del conflicto. Cada parte esgrime sus argumentos para reforzar su mensaje ante sus respectivas audiencias.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
EFE/EPA/BONNIE CASH / POOL

Irán sostiene que gracias al pacto habrá una liberación de activos de miles de millones de dólares y la promesa de fondo de reconstrucción que supondrá la inyección de más de $100,000 millones para Teherán.

Trump sostiene que el pacto traerá “paz y seguridad” a Oriente Medio y hará que el petróleo vuelva a fluir “para el mundo”. Los estrategas de la Casa Blanca proclaman que han debilitado la capacidad militar iraní y neutralizado su proyecto de desarrollo nuclear militar, pero sus objetivos “claros e inmutables” de eliminar las reservas y la producción de misiles de Irán, cortar su apoyo a grupos terroristas afines y garantizar que nunca adquiriera un arma nuclear no se han cumplido.

Preguntado por La Razón, el profesor iraní Arshin Adib-Moghaddam, del Departamento de Estudios Políticos en la Universidad de Londres, dice que las nuevas guerras tecnológicas no tienen un ganador claro, pero añade: “Si juzgamos a Trump y a Netanyahu por sus propias palabras y promesas -cambio de régimen, destrucción de las capacidades militares de Irán-, se trata claramente de una derrota épica para Estados Unidos e Israel. El Estado en Irán funciona a la perfección y el país sigue manteniendo el poder militar suficiente para hacer valer sus intereses en la región”.

Más allá del debate sobre quién ha ganado o quien ha perdido, estas son algunas de las consecuencias.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. EFE/EPA/RONEN ZVULUN / POOL

El régimen, fortalecido por el ataque

El ataque y asesinato del líder supremo desencadenaron en Irán un efecto de unidad frente a la agresión extranjera. En diciembre y enero pasados, miles de iraníes salieron a las calles para protestar contra el régimen, que respondió con una represión insólita que acabó con la vida de miles de personas.

Algunos organismos hablan incluso de 30,000 víctimas en apenas unos días. Tras la guerra, el régimen ha logrado sobrevivir y su gobierno se ha sentado a negociar de igual a igual con Washington, otorgando una legitimidad que el propio pueblo iraní le había quitado unos meses antes. Quienes detentan el poder ahora son más intransigentes que los clérigos que lideraron el país durante 45 años, aseguran expertos en la región.

Teherán, más decidido a tener la bomba

El régimen de Irán no tiene duda de que su seguridad y supervivencia dependen más que nunca de la posesión del arma nuclear. El asesinato del líder supremo y el bombardeo de instalaciones estratégicas envían a la élite iraní el mensaje de que solo una potente capacidad disuasoria podrá asegurar el futuro del sistema. La diplomacia ya no vale porque no puede evitar ataques en el futuro. Irán no olvida que el día en que Israel y EEUU bombardearon Teherán, las dos partes estaban negociando en Ginebra.

El fuego estadunidense, devastador pero no decisivo

La poderosa maquinaria militar israelí y estadounidense no ha sido capaz de eliminar todos los sistemas de misiles iraníes (Teherán mantiene el 50% de sus misiles según algunas estimaciones) ni ha capturado el uranio altamente enriquecido que el régimen guarda en algún lugar desconocido. Estados Unidos ha destruido la Armada persa, pero no las pequeñas lanchas que han hostigado a los petroleros que se acercaban a Ormuz.

Al no conseguir los objetivos máximos de cambiar el régimen, la Casa Blanca ha tenido que sentarse a negociar, aceptar la liberación de fondos y firmar un memorando con Teherán. Al final, el fuego americano ha sido devastador, pero no determinante. China ha tomado buena cuenta.

Los aliados del Golfo, son el objetivo

La guerra en la región y los constantes lanzamientos de misiles iraníes hacia sus países vecinos, entre ellos Arabia Saudí, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes -los que verdaderamente se llevaron la peor parte- ha puesto de relieve que Estados Unidos no es capaz de blindar al 100% a sus socios del Golfo Pérsico, donde el Pentágono mantiene bases militares y, en el caso de Bahréin, la sede de la Quinta Flota. En total, 20 bases militares americanas resultaron dañadas.

De hecho, Qatar sufrió incluso la destrucción de sus estratégicas instalaciones gasísticas de Ras Tanura. Algunos observadores creen que la vulnerabilidad de los países atacados les empujará hacia China. Pekín sigue ganando protagonismo en la región.
Israel no desactiva la amenaza existencial

Netanyahu logró convencer a Trump para aventurarse en la campaña de bombardeos con el objetivo declarado en Israel de propiciar un cambio de régimen en Teherán. Sin embargo, la opción de las armas no ha sido suficiente.

Pese a la enorme destrucción sufrida, las fuerzas armadas persas siguen conservando gran parte de sus misiles y sistemas de drones, según reveló la inteligencia estadounidense. Israel ha comprobado que toda la fuerza posible en esas condiciones no son suficientes para aniquilar al enemigo persa.

Netanyahu ahora tendrá que seguir manteniendo la estrategia de la espada a sabiendas de que el régimen iraní seguirá siendo una amenaza existencial.

El mundo, al borde de otra crisis energética

La economía mundial se ha acercado a una recesión. El mundo occidental ha recordado los efectos de las crisis energéticas globales, como la de 1973. En Europa y en Estados Unidos, así como en la mayoría de los países, el precio de los combustibles se ha disparado. La inflación ha seguido creciendo y la guerra se ha vuelto muy impopular en Estados Unidos, donde se celebrarán elecciones de mitad de mandato el próximo noviembre con las aspiraciones de los republicanos para mantener el control del Senado y de la Cámara de Representantes seriamente dañadas. El cierre del estrecho de Ormuz ha revelado una vez más que la geografía es determinante en la geopolítica y que sin el libre tránsito marítimo, el comercio mundial se resiente o puede colapsar.
Finalmente, el estrecho se ha reabierto mediante la negociación con Irán y no mediante la fuerza militar estadunidense.

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