La historia ya está escrita. Panamá quedó eliminada del Mundial 2026 tras caer por la mínima ante Ghana y Croacia. Dos partidos, dos derrotas, cero puntos y la clasificación escapándose antes de la última jornada.
Pero el cierre del grupo todavía tiene un compromiso que, aunque no cambie el destino, sí puede marcar el futuro de esta generación. El 0-1 frente a Croacia volvió a desnudar la principal debilidad de la selección de Thomas Christiansen: competir no alcanza cuando falta pegada. Panamá volvió a generar, volvió a correr y volvió a sostener el partido durante largos tramos, pero otra vez terminó castigada por un rival mucho más efectivo.

Lo mismo ocurrió ante Ghana
Un equipo panameño que estuvo cerca de sumar terminó perdiendo en los minutos finales. En dos encuentros, la Roja recibió apenas dos goles, pero tampoco encontró el camino hacia la red rival. Ese dato explica buena parte de la eliminación.
Ahora el calendario presenta un desafío mayor: Inglaterra, una de las favoritas al título. El partido del próximo 27 de junio, en el New York/New Jersey Stadium, enfrentará a una Panamá eliminada contra una selección inglesa que todavía pelea por asegurar el primer lugar del Grupo L tras empatar sin goles con Ghana.
Para los ingleses será un duelo de alta exigencia porque necesitan cerrar la fase de grupos con autoridad. Para Panamá, en cambio, el reto será demostrar que el crecimiento mostrado durante el proceso de Christiansen no depende únicamente del resultado.
También existe un componente emocional. En Rusia 2018, Inglaterra goleó 6-1 a Panamá en una de las derrotas más duras en la historia mundialista del país. Ocho años después, el contexto es distinto. Panamá llega con un equipo mucho más maduro, con mayor identidad táctica y capaz de competir durante noventa minutos ante selecciones de primer nivel. El desafío será evitar que la historia vuelva a repetirse.
El resultado, por supuesto, seguirá siendo importante. Nadie quiere regresar a casa con tres derrotas. Un empate, o incluso una victoria histórica, no cambiarían la eliminación, pero sí enviarían un mensaje poderoso: que Panamá ya no es una selección invitada al Mundial, sino un rival capaz de plantarle cara a cualquiera.

Porque, al final, el verdadero examen no será si Panamá clasifica o no
Ese capítulo ya terminó. La pregunta será otra: ¿cómo quiere ser recordada esta generación cuando suene el pitazo final frente a Inglaterra? Ahí estará el verdadero valor de este último partido.
