EL TECHO Y LOS GATOS
Dicen que el nuevo techo de la Asamblea no es para tapar las goteras de lluvia, sino para evitar que se escuchen las conversaciones que caen desde arriba. Lo curioso es que cada vez que aparece un contrato, aparecen más gatos que ratones.
PANDORA NO DESCANSA
Me cuentan que varios personajes que antes caminaban erguidos ahora revisan tres veces quién los llama antes de contestar. En algunos despachos el sonido más escuchado no es el del teléfono… sino el de las trituradoras de papel.
LOS NUEVOS AMIGOS
Aseguran que hay funcionarios que juraban combatir las viejas prácticas, pero ya comenzaron a reunirse con los mismos operadores de siempre. Cambiaron los colores de las camisetas, pero los jugadores siguen siendo los mismos.
SILENCIO ADMINISTRATIVO
Por ahí comentan que algunos diputados que antes ofrecían conferencias por cualquier cosa ahora parecen monjes de clausura. Cuando las cámaras llegan, desaparecen. Cuando los periodistas preguntan, están reunidos. Cuando salen los contratos, están de viaje.
EL CLUB DE LOS INTOCABLES
Dicen que ciertos nombres aparecen en todos los gobiernos, sin importar quién gane las elecciones. Son como los postes de luz: nadie los eligió, pero siempre están ahí, cobrando y sobreviviendo a todas las tormentas políticas.
EL TREN DE LOS INTERESES
Me soplan que alrededor de los megaproyectos ya comenzó la fila de los que quieren un vagón. Consultorías, estudios, asesorías y recomendaciones vuelan más rápido que los planos. Algunos todavía no saben dónde irá la estación, pero ya saben cuánto quieren facturar.
CALOR POLÍTICO
Mientras el país soporta temperaturas récord, en ciertos ministerios el ambiente está mucho más caliente. Hay funcionarios que revisan los medios todas las mañanas con la misma pregunta: “¿Será hoy?”. El problema es que cuando uno vive pendiente del próximo titular, generalmente algo sabe.
EL REENCUENTRO
Aseguran que viejos adversarios políticos han comenzado a saludarse con demasiada cordialidad. En Panamá, cuando enemigos históricos se abrazan de repente, no suele ser por amor… sino porque hay negocios que requieren consenso.
