Expertos advierten que el país necesita un marco regulatorio moderno que incentive las inversiones en sistemas de almacenamiento y fortalezca la confiabilidad del sistema eléctrico
Panamá enfrenta uno de los principales desafíos de su transformación energética: desarrollar un marco regulatorio que permita la incorporación de sistemas de almacenamiento de energía, una tecnología considerada esencial para garantizar la estabilidad del suministro eléctrico y aprovechar al máximo las fuentes renovables.
Especialistas del sector energético coincidieron en que el país debe establecer reglas claras que promuevan la inversión privada en baterías y otras soluciones de almacenamiento, las cuales permitirán almacenar la energía generada durante las horas de mayor producción y utilizarla cuando la demanda aumente o disminuya la generación renovable.
Actualmente, el crecimiento de proyectos solares y eólicos plantea nuevos retos para la red eléctrica, debido a la variabilidad propia de estas fuentes. En ese contexto, el almacenamiento se perfila como una herramienta clave para mejorar la confiabilidad del sistema, reducir el desperdicio de energía y disminuir la dependencia de plantas térmicas durante las horas pico.
Los expertos consideran que una regulación moderna también abriría nuevas oportunidades para atraer inversión extranjera, impulsar la innovación tecnológica y fortalecer la competitividad del mercado eléctrico panameño.
Además del beneficio ambiental, el desarrollo de infraestructura de almacenamiento podría traducirse en una mayor estabilidad de los precios de la electricidad, una respuesta más rápida ante emergencias y una red eléctrica más resiliente frente a eventos climáticos extremos.
Con la demanda energética en constante crecimiento y el compromiso del país de avanzar hacia una matriz más limpia, el almacenamiento de energía comienza a posicionarse como uno de los pilares estratégicos para garantizar un suministro eléctrico seguro, eficiente y sostenible durante las próximas décadas.
