La tasa de acumulación de mercurio en la Península Antártica ha aumentado un 160% desde la era industrial, lo que ha convertido esta zona del planeta en un punto crítico para este tipo de polución, cuyo incremento se atribuye al deshielo provocado por el cambio climático
Así lo pone de manifiesto un estudio recogido este lunes en la revista ‘Proceedings’ de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y realizado por investigadores de centros de China y Norteamérica.
Para obtener este resultado, los científicos han reconstruido la dinámica del mercurio en la Península Antártica y su entorno marino circundante a lo largo de los últimos 200 años, utilizando registros geoquímicos e isotópicos de 16 núcleos sedimentarios ubicados en diferentes puntos de la región.
El análisis ha revelado que la plataforma continental que rodea la Península Antártica acumula mercurio de forma creciente, a un ritmo de unos 93 microgramos por metro cuadrado adicionales al año, a pesar de su remota ubicación.
La tasa observada es aproximadamente el doble de la tasa media de acumulación de mercurio que se ha medido en otras plataformas continentales.
La causa
Los autores atribuyen el aumento de mercurio en la Antártida a dos mecanismos. El principal de ellos es el deshielo y consecuente erosión que sufre la península debido al calentamiento del planeta.
Históricamente, las vastas reservas de hielo en el suelo de la Antártida han funcionado como un gigantesco depósito que ha acumulado en la tierra grandes cantidades de mercurio depositado por la atmósfera. Ese mercurio viene tanto por fuentes geológicas naturales como de las emisiones industriales causadas por la contaminación.
“Con el aumento de las temperaturas y el acelerado retroceso de los glaciares, este mercurio que tanto tiempo secuestrado se está liberando al medio ambiente debido al flujo del agua de deshielo y a la erosión superficial”, explican los investigadores.
Los científicos sostienen que la tasa de liberación de mercurio relacionada con el deshielo y la erosión en la Antártida ha crecido en un 550% desde la revolución industrial.
Por otra parte, una vez que el hielo se derrite y vierte el mercurio en el océano, no todo el contaminante queda enterrado bajo el agua: una parte importante vuelve a emitirse a la atmósfera a través del intercambio de gases entre el aire y el mar.
En los últimos 200 años, estos flujos de evaporación de mercurio desde el mar hacia el aire han aumentado un 350% impulsados conjuntamente por el deshielo y la deposición atmosférica.
Los hallazgos de este estudio subrayan “la necesidad de considerar el deshielo como un factor clave en la gestión de los contaminantes globales”, concluyen los autores.
