El país busca ampliar su músculo logístico con nuevas terminales portuarias, un corredor energético y mayor capacidad para mover contenedores
La apuesta es ambiciosa: aprovechar la posición geográfica de Panamá para convertirlo en un gran centro de distribución regional, pero el reto será atraer inversiones, mejorar la conectividad y evitar que la oportunidad se quede únicamente en el tránsito de barcos.
Panamá tiene una ventaja que pocos países pueden darse el lujo de tener: está ubicado en el centro de las principales rutas comerciales del continente y cuenta con una vía interoceánica que conecta dos de los grandes océanos del planeta. Pero ahora la apuesta es mucho más grande.
El país quiere dejar de ser visto únicamente como el lugar donde los barcos cruzan de un océano a otro y convertirse en un verdadero hub logístico internacional, capaz de recibir mercancías, almacenarlas, transformarlas, distribuirlas y enviarlas nuevamente hacia otros mercados. Y en ese tablero, el Canal de Panamá sigue siendo la pieza principal.

La Autoridad del Canal reportó recientemente un aumento en los tránsitos y en el tonelaje movilizado durante el tercer trimestre del año fiscal 2026, una señal de recuperación de la actividad de la ruta interoceánica después de las restricciones que afectaron el tránsito durante la crisis hídrica.
Pero el verdadero movimiento podría estar ocurriendo alrededor del Canal.
$2,600 millones para ampliar el músculo portuario
Uno de los proyectos que puede cambiar el mapa logístico del país es el desarrollo de nuevas terminales portuarias de transbordo de contenedores en Corozal, en el Pacífico, y Telfers, en el Atlántico.
La iniciativa contempla una inversión estimada de 2,600 millones de dólares y busca aumentar la capacidad nacional de transbordo entre 5 y 6 millones de TEU adicionales por año.
La Autoridad del Canal de Panamá cerró recientemente la etapa de presentación de documentos de las empresas interesadas en participar en el proceso de precalificación. Ahora corresponde evaluar las propuestas desde el punto de vista técnico, financiero y legal antes de avanzar hacia la siguiente fase.
La apuesta es clara:
Más barcos, más contenedores y más capacidad para competir por el negocio logístico internacional.
Pero también hay otra pregunta:
¿Cuánto de ese negocio se quedará realmente en Panamá?

El gran reto: que la carga no solo pase
Ese podría ser el verdadero desafío. Panamá ya mueve enormes volúmenes de carga gracias al Canal y a sus puertos. Sin embargo, el salto económico estaría en conseguir que una mayor parte de esas mercancías genere actividad dentro del país.
Eso significa desarrollar centros de distribución, almacenamiento, servicios de valor agregado, industrias relacionadas con la logística y sistemas de transporte más eficientes.
En otras palabras:
Que el contenedor no solamente pase por Panamá, sino que Panamá gane más dinero cada vez que ese contenedor pasa. La logística moderna ya no se limita a transportar una mercancía de un punto a otro.
Incluye almacenamiento, distribución, tecnología, trazabilidad, seguros, servicios financieros, mantenimiento, transporte terrestre y aéreo.
Ese es el mercado que Panamá busca capturar.

El corredor energético entra en juego
A esta estrategia se suma otra iniciativa que podría ampliar todavía más el papel del país en el comercio internacional: el Corredor Energético.
La Autoridad del Canal mantiene en marcha el proceso de precalificación para seleccionar al concesionario del proyecto, diseñado para fortalecer la conectividad logística y energética de Panamá y responder a los cambios que se están produciendo en el comercio mundial de productos energéticos.
La idea es que Panamá pueda aprovechar su posición estratégica para desarrollar nuevas capacidades relacionadas con el transporte y manejo de energía.
El mensaje parece ser claro:
El futuro logístico del país no dependerá únicamente de los contenedores.
Panamá frente a una nueva competencia
El mundo de la logística está cambiando. Las grandes navieras buscan rutas más eficientes, puertos con mayor capacidad y cadenas de suministro capaces de responder rápidamente a las crisis internacionales.
Por eso, Panamá enfrenta una competencia cada vez mayor. Otros países de la región también están invirtiendo en infraestructura portuaria, carreteras, ferrocarriles y plataformas logísticas.
La ventaja panameña sigue siendo enorme: el Canal, la conectividad marítima, los puertos en ambos océanos y el aeropuerto internacional.
Pero tener la infraestructura no garantiza automáticamente el liderazgo.
El país necesitará reducir costos, agilizar trámites, mejorar la conexión entre puertos, carreteras, ferrocarril y aeropuertos, además de garantizar reglas claras para los inversionistas.

La oportunidad que puede cambiar el país
Si Panamá logra integrar todos estos elementos, el impacto podría ser mucho mayor que el generado únicamente por el tránsito de buques. La oportunidad está en construir una verdadera plataforma logística regional.
Una plataforma capaz de conectar mercancías provenientes de Asia con mercados de América Latina y Estados Unidos. Capaz de recibir productos, almacenarlos, redistribuirlos y agregarles valor.
Y capaz de generar empleos especializados en tecnología, transporte, comercio internacional y servicios. La competencia, sin embargo, será feroz.
Por eso, la pregunta que comienza a tomar fuerza es:
¿Está Panamá preparado para convertirse en el gran centro logístico de América Latina o seguirá siendo únicamente el lugar por donde pasa la mercancía?
El Canal ya demostró que Panamá puede conectar al mundo.
