Acodeco revela diferencias millonarias en potencia para el bolsillo entre productos financieros. Una misma tarjeta puede tener costos radicalmente distintos según el banco, mientras el consumidor enfrenta tasas, anualidades, seguros y otros cargos
Tener una tarjeta de crédito en Panamá no cuesta lo mismo para todos. El estudio comparativo de Acodeco correspondiente a agosto de 2026 revela una brecha considerable entre las tasas de interés y los cargos que aplican las entidades financieras. En las tarjetas Clásicas, por ejemplo, las tasas van de 15% a 27.12%; en las Platinum, de 11.50% a 27.12%. Y mientras algunas tarjetas no cobran anualidad, otras llegan hasta B/.160.50 al año.
El dato abre una pregunta que va más allá de la recomendación de “comparar antes de comprar”: ¿por qué un consumidor puede terminar pagando mucho más por utilizar prácticamente el mismo instrumento financiero?
El crédito tiene precios muy diferentes
Los datos de Acodeco muestran un mercado con diferencias que difícilmente pasan inadvertidas.
En las tarjetas Clásica, Esencial o Standard, la tasa más baja reportada es de 15%, frente a un máximo de 27.12%.
En las tarjetas Cash Back Clásica o Tradicional, el rango va de 13.50% a 26.49%.
Las Gold oscilan entre 13% y 26.52%, mientras las Platinum van desde 11.50% hasta 27.12%.
En las tarjetas Empresariales, Corporativas o Corporate, el estudio registra un rango todavía más amplio: de 0% hasta 23.50%.
La diferencia no es un detalle técnico. Cuando una persona mantiene un saldo pendiente, la tasa que le corresponda determina cuánto terminará pagando por financiar ese dinero.
Y después viene la anualidad
La tasa no es el único cobro que debería encender las luces de alerta.
Acodeco reporta tarjetas con anualidad de B/.0.00, pero también productos con cargos anuales superiores a B/.100.
Las cifras más altas incluyen:
- B/.160.50 en tarjetas Empresariales, Corporativas o Corporate.
- B/.155.00 en tarjetas Platinum.
- B/.115.00 en tarjetas Gold.
- Hasta B/.98.00 en tarjetas Clásicas, Esenciales o Standard.
Es decir, el consumidor puede comenzar pagando simplemente por mantener el producto, antes de sumar intereses, seguros, cargos por mora, adelantos de efectivo, sobregiros u otros conceptos.
¿Cuánto cuesta realmente una tarjeta?
Aquí está el punto que merece mayor escrutinio. La publicidad suele competir por beneficios: millas, puntos, descuentos o cash back. Pero el verdadero costo de una tarjeta no puede medirse solamente por el beneficio que ofrece.
Un consumidor que recibe devolución de dinero, por ejemplo, podría estar pagando simultáneamente una tasa elevada o cargos que reduzcan el beneficio obtenido.
Por eso, la comparación debería hacerse sobre el costo total del producto, no únicamente sobre el atractivo comercial.
Acodeco recomienda revisar las condiciones antes de adquirir o mantener una tarjeta y recuerda que sus cifras son referenciales, pues pueden variar según la entidad, el producto y el perfil del cliente.
Pero precisamente esa variación plantea otro asunto: ¿qué determina que un cliente termine pagando una tasa cercana al mínimo o al máximo del rango?
Cinco preguntas que los bancos deberían responder
- ¿Qué factores concretos determinan que un cliente reciba una tasa de interés cercana al 11.50% y otro pueda enfrentar una superior al 27%?
—- - ¿Cuánto paga realmente, en promedio, un tarjetahabiente por mantener y utilizar una tarjeta durante un año, sumando intereses, anualidad, seguros y demás cargos?
—- - ¿Cuántos clientes pagan anualidades superiores a B/.100 y qué reciben a cambio de ese costo?
—- - ¿Los beneficios como millas, puntos y cash back compensan realmente los costos que asume el consumidor o terminan funcionando principalmente como herramientas de captación y fidelización?
—- - ¿Por qué existen diferencias tan amplias entre las tasas de productos de una misma categoría y cómo pueden los consumidores saber cuál es el costo real antes de firmar?
La pregunta de fondo
El estudio de Acodeco no acusa a las entidades de cometer una irregularidad. Lo que hace es poner sobre la mesa algo que el consumidor debería mirar con lupa: el precio del crédito puede variar considerablemente dependiendo del producto y de la entidad.
La discusión, entonces, no debería quedarse en cuál banco ofrece la tarjeta más atractiva.
La pregunta verdaderamente importante es:
¿Cuánto termina pagando el panameño por cada balboa que financia con su tarjeta de crédito?
Ese número —más que las millas, los puntos o el cash back— es el que finalmente determina quién gana y quién paga.
