Los ataques nocturnos de fuerzas combinadas del poder militar estadunidense sobre blancos específicos militares de la FANB, con cero afectaciones a civiles o daños colaterales, es una victoria militar indiscutible. Un éxito político para el presidente Donald Trump. Usó el poder militar combinado con una solución estratégica de capturar a un delincuente por narcotráfico.
No fue una invasión militar tipo Panamá 1989. Se empleó a fondo el poder aéreo, la guerra cibernética, la guerra de inteligencia, la guerra de estratagema o engaño. Fue una acción bélica breve, menos de tres horas, cero bajas en sus tropas y se alcanzaron los objetivos de la misión de ataque.
Con la extracción exitosa del dictador Nicolás Maduro y su esposa, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos mostraron al mundo su poder, valentía y liderazgo.
La solución de la resolución de conflicto, desde la visión de los intereses del gobierno de Estados Unidos, se logró. No hubo una guerra civil, no hubo un alzamiento de la izquierda latinoamericana como muchos especularon. Cero reacciones de las potencias aliadas de los chavistas, tales como Rusia, China, Cuba, Nicaragua.
Se impusieron los intereses estratégicos de Estados Unidos al tomar el control del petróleo y otros recursos naturales de Venezuela. Así lo hizo Rusia y China. El tema de la definición del poder local lo deben resolver los venezolanos.
Para la resolución del conflicto desde los intereses de los Estados Unidos, no podía haber un vacío de poder, pues provocaría un caos tipo Panamá, cuando los políticos destruyeran las Fuerzas de Defensa. Y como en la derrota del Japón le permitieron al emperador mantenerse como una imagen del pueblo japonés. Esto es lo que está ocurriendo en Venezuela, cuando asume la presidencia la vicepresidenta Delcy Rodríguez.
Garantizar la infraestructura petrolera
La que asume no es por legitimidad moral, es por un control institucional. No se ejerce el mando ni el poder desde la distancia. Mantener el orden no legitimisa el régimen. La crisis de poder no espera, en un Estado que sigue operativo. Por eso asume, Rodríguez, quien está en capacidad de controlar la estructura de poder interno.
Donald Trump no elige presidentes en ninguna parte. Administra riesgos, prefiere una figura disponible dentro de las ratas para mantener orden mientras se define la transición.
Eso no legitima al régimen herido, es un puente operativo, un paso obligado para nombrar al presidente elegido democráticamente Edmundo Urrutia y a la vicepresidenta María Corina Machado. Sin control real, habría sido un detonador de caos, fractura y más violencia. Se busca un margen de maniobra con militares.
Gobierna quien sostiene el orden mínimo en Venezuela, y garantiza la no destrucción de la infraestructura petrolera, para que no suceda lo que pasó en 1991 cuando Irak incendió 700 pozos petroleros de Kuwait y demoró nueve meses apagarlos, causando un desastre a la industria petrolera, y gran impacto ambiental, derrame de petróleo y crisis ecológica.
