Sin alusiones directas a Estados Unidos rechaza el “seguidismo ciego y servil” solo “por miedo a las represalias”
El desmarque de España de la ofensiva impulsada por Estados Unidos e Israel en Irán comienza a tener las “consecuencias” que el gobierno descartaba hace menos de 24 horas, informó el diario ABC.
A la espera de ver cómo se aterrizan las amenazas de Donald Trump de promover un “embargo” y de interrumpir todos los lazos comerciales con España, en el Ejecutivo han decidido entrar en el juego retórico y responder a la andanada de la administración estadunidense al máximo nivel.
Pedro Sánchez ha comparecido este miércoles desde la Moncloa para trasladar un mensaje institucional a la ciudadanía, exhibiendo un antagonismo con el presidente estadounidense que estratégicamente le resulta muy rentable.
El jefe del Ejecutivo no ha hecho alusiones directas a Trump, evitando entrar en una escalada retórica, y se ha limitado a rechazar -en un claro dardo a sus aliados europeos- el “seguidismo ciego y servil” a Estados Unidos.

“No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses simplemente por el miedo a las represalias”, apuntó, en una referencia velada al movimiento que ha motivado esta declaración institucional.
Sánchez ha hecho una intervención en clave interna y muy política, buscando un sentimiento de pertenencia -recurriendo al “compatriotas” para vincularse con los españoles- y resucitando el marco del “No a la guerra” y el “trío de las Azores” en la guerra de Irak.
Un mensaje con profunda carga simbólica y que tiene un gran potencial movilizador en el ámbito de la izquierda, que en el 2003 se activó contra el gobierno de José María Aznar.
“La posición de España se resume en cuatro palabras: No a la guerra”, explicitó el presidente, recordando que hace 23 años una administración estadunidense “ya nos arrastró a una guerra” que generó “un mundo más inseguro y una vida peor” para los ciudadanos: “Ese fue el regalo del trío de las Azores”.
“No vamos a repetir errores del pasado”. El presidente sostiene que “de la guerra no saldrá un orden internacional más justo” y apuesta por una colaboración con aquellos países que “abogan por la paz y por el cumplimiento de la legalidad internacional”.
El gobierno va a “exigir”, haciendo hincapié en ese verbo, “el cese de las hostilidades y una resolución diplomática del conflicto”, al tiempo que se abre a trabajar “con nuestros aliados europeos en una respuesta coordinada y eficaz”. “No se puede responder a una ilegalidad con otra, porque así es como empiezan los grandes desastres de la humanidad”.
Sánchez trata, además, de espolear un “orgullo” de ser español, por oposición a lo que representa Trump, y reniega de la imagen de aislamiento.
“El gobierno de España no está solo”, aseveró, “está con quienes tiene que estar: Con los valores que nuestros padres y abuelos fijaron en la Constitución, con los principios fundacionales de la Unión Europea, con la carta de Naciones Unidas y con el derecho internacional, la paz y la convivencia”. En el Ejecutivo creen que esa es la posición mayoritaria de los españoles, que tienen vivo en la retina el recuerdo de lo que supuso la guerra de Irak y que es de sensibilidad antimilitarista.
