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Ofensiva de Trump contra Irán sacude Medio Oriente y abre un escenario imprevisible

Ofensiva de Trump contra Irán sacude Medio Oriente y abre un escenario imprevisible
Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. YURI GRIPAS / POOLAgencia EFE

Lejos de debilitar la resistencia iraní, la ofensiva parece haber reforzado la voluntad del régimen de responder

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha entrado en una fase peligrosa y profundamente incierta apenas 12 días después de su comienzo.

Lo que el presidente estadunidense, Donald Trump, presentó el pasado 28 de febrero como una ofensiva rápida para debilitar al régimen iraní se ha convertido en un conflicto regional que amenaza con alterar el equilibrio estratégico de Medio Oriente, sacudir los mercados energéticos globales y abrir un nuevo frente político dentro del país.

La operación comenzó con una serie de ataques masivos coordinados entre Estados Unidos e Israel contra instalaciones militares y centros gubernamentales iraníes. Washington describió la ofensiva como el inicio de “operaciones de combate mayores” destinadas a neutralizar la capacidad militar de Teherán y frenar su influencia en la región.

Fotografía de archivo del fallecido líder supremo iraní, Ali Jameneí. EFE/EPA/IRANIAN LEADER’S OFFICE

Uno de los acontecimientos más dramáticos del primer día de bombardeos fue la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, confirmada por la televisión estatal iraní tras un ataque en Teherán. El dirigente, que había dominado la política del país durante más de tres décadas, murió en medio de los ataques aéreos que sacudieron la capital iraní.

La desaparición de Jamenei provocó un terremoto político dentro del régimen. Sin embargo, el sistema reaccionó con rapidez. Apenas días después, el establishment religioso y militar iraní anunció que su hijo, Mojtaba Jamenei, asumiría el liderazgo supremo, consolidando una sucesión acelerada en plena guerra.

Lejos de debilitar la resistencia iraní, la ofensiva parece haber reforzado la voluntad del régimen de responder.

En los últimos días, Irán ha lanzado ataques con misiles y drones contra Israel, bases militares estadunidenses en Medio Oriente y varios países del Golfo. Al mismo tiempo, Israel ha intensificado sus bombardeos contra posiciones del grupo chií Hezbolá en el Líbano, uno de los aliados más importantes de Teherán en la región.

Misiles lanzados desde Irán sobre Jerusalén. EFE/ATEF SAFADI

Desde Washington, Trump insiste en que la operación militar está funcionando según lo previsto. En una entrevista con el portal Axios, el presidente aseguró que la campaña ha causado “más daño del que se pensaba posible”. “La guerra va muy bien. Estamos muy por delante del calendario”, afirmó el mandatario, quien también aseguró que “prácticamente no queda nada por atacar en Irán”.

Trump ha defendido la ofensiva como una respuesta a décadas de hostilidad iraní.

“Están pagando por 47 años de muerte y destrucción que causaron en la región”, declaró. Sin embargo, el tono optimista del presidente contrasta con la creciente incertidumbre sobre los objetivos reales de la guerra.

En los últimos días, Trump ha alternado entre exigir la “rendición incondicional” del régimen iraní y sugerir que el conflicto podría terminar pronto. Al mismo tiempo, ha insinuado que no descarta el envío de tropas terrestres estadunidenses si la situación lo exige.

La aparente falta de una estrategia clara ha provocado críticas en Washington. El senador demócrata Mark Kelly acusó a la administración de haber iniciado la guerra sin un plan definido.

Mark Kelly. Foto/X.

“No tienen un calendario, no tienen objetivos claros y no tienen una estrategia de salida”, afirmó. Incluso dentro del propio gobierno, el mensaje parece poco definido. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró recientemente que corresponde al presidente decidir “si estamos al principio, en el medio o al final de la guerra”.

Mientras tanto, el Pentágono asegura haber logrado avances importantes sobre el terreno. Según fuentes militares, gran parte de la marina iraní ha sido destruida y las capacidades del país para lanzar misiles y drones han sido seriamente debilitadas.

Pero el conflicto ha abierto otro frente estratégico que preocupa a gobiernos y mercados: el Estrecho de Ormuz. Por ese paso marítimo transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Desde el inicio de la guerra, el tráfico comercial ha quedado prácticamente paralizado.

La Guardia Revolucionaria iraní ha advertido que no permitirá el paso de “ni un solo litro de petróleo” mientras continúen los ataques estadounidenses.

La amenaza ha provocado una fuerte volatilidad en los mercados energéticos y ha encendido las alarmas en Washington. El ex presidente de la Cámara de Representantes estadounidense Newt Gingrich advirtió que si Estados Unidos no logra mantener abierto el estrecho, el conflicto podría convertirse en un problema económico global.

“Si el estrecho permanece cerrado mucho tiempo, el mundo reaccionará al aumento del precio del petróleo”, señaló. Las consecuencias del conflicto ya se sienten incluso en ámbitos inesperados. El gobierno iraní anunció que su selección nacional de fútbol no participará en el próximo Mundial debido a la situación de seguridad derivada de la guerra.

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