Lo ocurrido con Irán da la razón a los halcones que rodean a Putin y deja en mal lugar a los que pensaban que Trump podía ser un presidente “diferente”
Vladimir Putin puede ver el asesinato de Ali Jamenei, liquidado el 28 de febrero en un ataque aéreo de Estados Unidos e Israel sobre Teherán, como una vindicación de sus temores crónicos sobre Ucrania: Irán se ha dejado rodear por bases estadunidenses y gobiernos hostiles, participó en negociaciones con Obama y fue “apuñalado” años después, informó el diario La Razón.
En realidad lo que condenó a Jamenei es no tener armamento nuclear. La guerra de Trump en Irán realza al alma homicida del sistema internacional, en el que solo los Estados que poseen la máxima potencia de fuego pueden proteger sus regímenes y mantener sus cielos más o menos tranquilos. Pese a su impotencia en Ucrania, Putin tiene las ojivas necesarias para frenar esos golpes desde el exterior.
Lo ocurrido con Irán da la razón a los halcones que rodean a Putin: Los llamados fatalistas, los que son esencialmente ya antiestadunidenses. Y deja en mal lugar a los que pensaban que Trump podía ser un presidente “diferente”.
Ya con la caída de Bashar Asad, además de perder un aliado estratégico, Rusia malogró una parte significativa de la influencia regional que desarrolló a lo largo de casi 10 años de compromiso diplomático y militar con Siria. Irán ocupaba ahora un lugar mucho más importante en el pensamiento estratégico de Moscú.

La cooperación en defensa y energía son dos áreas en las que la relación entre ambos países había crecido. Los drones iraníes han contribuido a las acciones militares de Rusia en Ucrania. En febrero, la agencia Reuters informó de un acuerdo secreto para vender a Irán sistemas MANPADS Verba, unos misiles antiaéreos portátiles de corto alcance.
Una debacle de régimen podría congelar o revisar los grandes proyectos de gas, petróleo y nuclear civil, dejar en el aire la ruta del gas ruso a Irán y convertir inversiones ya comprometidas en activos políticos tóxicos o financieramente inútiles. No habría una quiebra decisiva para la capacidad rusa de seguir combatiendo en Ucrania: Ya ha localizado dentro de sus fronteras buena parte de la producción de drones.
Moscú tiene mucho que perder económicamente en Irán, dadas las décadas de inversión en los sectores energético, ferroviario y nuclear.
De momento Teherán ha apostado por la continuidad a la hora de generar un nuevo líder, y Estados Unidos no ha recibido bien la idea. En el ámbito más cercano, a Moscú le preocupa que el ataque contra Irán pueda desestabilizar el Cáucaso Sur y Asia Central, donde Teherán mantiene una influencia significativa.

Cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán en junio del 2025, los funcionarios rusos ya subrayaron que su “asociación estratégica” no preveía asistencia militar mutua en caso de agresión.
“Trump se comporta como alguien igualmente indiferente a la guerra y a la paz, pero no indiferente al éxito. Amenaza tanto a las autocracias como a las democracias, pero es más expeditivo con los dictadores. De momento no hay ni marco legal ni conceptual para usar la fuerza contra las democracias. Es irreal incluso para Trump”, explica Alexander Baunov, analista ruso y autor del libro El fin del régimen.
Putin ha evitado antagonizar con Trump pese a que el líder de Estados Unidos todavía esgrime humeante la pistola con la que mató al gran aliado ruso en la zona.
El dictador ruso no quiere poner en peligro la “neutralidad amistosa” de Trump en la guerra de Rusia con Ucrania, que al fin y al cabo sirve para reducir la ayuda a Kiev y aleja algunas sanciones.

Otra ventaja para Moscú es la menor atención internacional a la invasión de Ucrania. Rusia se beneficia del alza en el precio del petróleo y a Ucrania le viene mal el pico de demanda de misiles interceptores. El proceso de paz, en el que Putin cree que tiene peores bazas que en la guerra, está ahora suspendido debido a la intervención de Estados Unidos en Irán.
Rusos y ucranianos ya no tienen que simular que negocian. Cuando se reanuden esas conversaciones, Moscú probablemente estará en una posición más sólida económicamente y, “a través de posibles acuerdos con la administración Trump, serán más fuertes políticamente”, indica el ensayista Antón Shejovtsov, autor de Shreds of War.
