La regulación internacional que busca evitar el tráfico de menores en el fútbol impide que varios niños africanos participen en ligas locales
Cada semana Adú, un niño camerunés de 12 años que vive con una familia de acogida en el norte de Tenerife, repite la misma rutina, se pone las botas, entrena con su equipo de fútbol y demuestra sus habilidades en la cancha, sin embargo, cuando llega el día del partido, debe quedarse en la grada porque la normativa internacional le impide jugar, informó la agencia EFE.
El menor, cuyo nombre real se mantiene en reserva, llegó a España hace dos años y desde entonces vive con una familia tinerfeña que intenta, sin éxito, que el club pueda tramitar su ficha federativa.
Sus padres de acogida, Ana y Eduardo, explican que llevan desde septiembre pasado realizando gestiones ante el club y la Federación Tinerfeña, pero el proceso siempre termina bloqueado por la normativa de la FIFA sobre transferencias internacionales de menores.

Esta regulación fue creada para evitar abusos y el traslado irregular de jóvenes jugadores por parte de clubes profesionales, no obstante, según denuncian familias y entrenadores en Canarias, también está afectando a niños migrantes que solo desean participar en equipos de barrio.
El impacto de la norma es visible en el equipo de Adú, donde otros menores africanos viven una situación similar, aunque entrenan con regularidad, no pueden competir en las ligas oficiales, lo que genera frustración tanto en los jugadores como en el club.
Cansado de no poder participar en los partidos, el niño decidió enviar una carta a la FIFA, en el mensaje explica su situación y expresa su deseo de poder jugar como los demás niños.
“Hola, soy un niño africano de 12 años. Llevo dos años con mi nueva familia de acogida. Estoy muy contento en casa, con mis amigos y mi cole. Me gusta mucho el fútbol, no me pierdo ningún entreno pero por ser de otro país no me dejan jugar”, escribió.
Adú reconoce que ver a sus compañeros jugar mientras él se queda fuera se ha vuelto difícil. “No quiero ir a ver a mis compañeros porque me pongo triste. Yo solo quiero jugar y divertirme igual que los otros niños”, añadió en la carta.

Aunque en el 2023 un caso similar permitió flexibilizar algunos procedimientos, decenas de menores tutelados por el gobierno de Canarias vuelven a enfrentar el mismo obstáculo administrativo.
En muchos casos, la única alternativa planteada por la FIFA para permitir la inscripción es iniciar un proceso de solicitud de asilo, algo que no siempre corresponde a la situación legal de estos niños.
Para la familia de acogida, el fútbol es más que un deporte para Adú. “Es su válvula de escape”, explica Eduardo, además el niño pasa gran parte de su tiempo libre jugando con un balón, viendo partidos o aprovechando los recreos escolares para practicar con sus compañeros.
Sin embargo, los fines de semana se han convertido en el momento más difícil. Al principio acudía a animar al equipo, pero con el tiempo ha preferido quedarse en casa y preguntar luego el resultado del partido.
Clubes, familias y autoridades en Canarias sostienen que la normativa debería diferenciar entre fichajes internacionales de clubes profesionales y menores migrantes en situación de acogida que utilizan el deporte como vía de integración social.
Mientras se busca una solución, Adú sigue entrenando cada semana con la esperanza de que algún día pueda debutar oficialmente con su equipo.
