El estudio demuestra que no siguen a otros insectos, sino que responden a señales como el dióxido de carbono y la silueta humana
Una nueva investigación ha desvelado que los mosquitos no se agrupan porque se sigan entre sí, sino porque cada uno responde de manera independiente a las mismas señales que emiten los humanos, un hallazgo clave para entender su comportamiento y mejorar su control, informó la agencia EFE.
El estudio, publicado en la revista Science Advances, fue desarrollado por científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts y Georgia Tech.
Los investigadores lograron visualizar en 3D el vuelo de los mosquitos, analizando más de 53 millones de puntos de datos y 477,220 trayectorias obtenidas a partir de experimentos con entre 50 y 100 insectos. Gracias a esto, construyeron un modelo matemático que permite predecir cómo y hacia dónde se desplazan estos vectores en busca de alimento.

El estudio se centró en la especie aedes aegypti, conocida por transmitir enfermedades como el dengue y la fiebre amarilla. Según los hallazgos, estos insectos se guían principalmente por dos tipos de señales: visuales, como la silueta humana, y químicas, como el dióxido de carbono que exhalan las personas.
Cuando solo detectan la silueta, los mosquitos realizan ataques rápidos y se retiran si no confirman la presencia de un huésped, en cambio, si perciben únicamente dióxido de carbono, disminuyen la velocidad y realizan vuelos de reconocimiento alrededor de la fuente, sin embargo, cuando ambas señales coinciden, el comportamiento se vuelve más agresivo: los insectos rodean a la persona de forma constante hasta prepararse para aterrizar.
Los científicos explican que este fenómeno es similar a un lugar concurrido: así como las personas acuden a un bar por el ambiente y no por seguirse unas a otras, los mosquitos llegan al mismo punto porque responden a estímulos comunes.
Este descubrimiento resulta crucial para la salud pública, ya que los mosquitos son considerados uno de los animales más peligrosos del mundo, responsables de más de 770,000 muertes al año por enfermedades como el dengue y la malaria.
