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China y Pakistán presentan cinco puntos para frenar la guerra

China y Pakistán presentan cinco puntos para frenar la guerra
El canciller pakistaní viaja a China en plena búsqueda de mediación entre Irán y EE UU. Foto EFE

El gigante asiático usa el “puente” de Islamabad para reforzar su garra en Irán usando el papel de mediador

Cercado por una frontera afgana en ebullición permanente y por el bloqueo estratégico con India, Pakistán ha decidido que no puede permitirse la convalecencia. El viceprimer ministro y jefe de la diplomacia, Ishaq Dar, aterrizó este martes en Pekín como encarnación de un país que opera al límite de sus fuerzas, obligado a estirar su política exterior mientras intenta con pragmatismo contener, al mismo tiempo, la presión de guerras vecinas y la amenaza de un shock energético que podría desestabilizar aún más su economía, informó el diario La Razón.

El cara a cara con Wang Yi, su homólogo chino, se produjo justo cuando el cronómetro de la guerra entre Washington y Teherán tachaba su trigésimo segundo día, elevando la presión sobre una mediación que ya no admite demoras.

El Ejecutivo chino ya avaló el arbitraje de Islamabad, felicitó a Dar por “sus esfuerzos en la región” y se comprometió a trabajar de forma coordinada para lograr un alto el fuego. Pero ese respaldo -simbólico, relevante y cuidadosamente publicitado- no ha resuelto lo esencial, que implica mover a Teherán hacia una mesa que Pakistán ha preparado con detalle y que, por ahora, Irán se niega a ocupar.

Ambas partes presentaron una Iniciativa Conjunta de Cinco Puntos que pretende poner orden a la desescalada en el Golfo y Medio Oriente: Alto el fuego inmediato, corredores humanitarios y vuelta rápida a la mesa de negociación bajo el principio de soberanía.

Fotografía de archivo del ministro de Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar. EFE/ Samiullah Popal

El plan reclama blindar a la población civil y las infraestructuras, proteger las rutas marítimas críticas y recentrar la gestión de la volatilidad en el multilateralismo y en Naciones Unidas como árbitro principal.

En los últimos días, Dar confirmó públicamente que han actuado como correa de transmisión entre Washington y Teherán, entregando a Irán un plan de 15 puntos elaborado por la administración Trump.

El borrador abarca un abanico de exigencias como el levantamiento gradual de sanciones, cooperación nuclear civil, supervisión del programa atómico por parte del OIEA, límites a los misiles balísticos iraníes, reapertura del Estrecho de Ormuz y restricciones a los grupos proxy respaldados por Teherán.

La respuesta iraní ha sido de repulsa absoluta. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, niega que exista una negociación formal y ha establecido su pliego de condiciones de un alto el fuego inmediato, garantías de no repetición, compensación económica por los daños de guerra y reconocimiento de la soberanía de Irán sobre el Estrecho de Ormuz.

El Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Seyed Abbas Araghchi. Foto: EFE, EPA, JOSE SENA GOULAO.

Pese a ese portazo, Islamabad redobló sus movimientos el pasado domingo. Organizó una cumbre cuadrilateral, a puerta cerrada, con los ministros de Exteriores de Turquía, Egipto y Arabia Saudita, sin presencia de las partes en guerra.

Ese mismo día, el primer ministro Shehbaz Sharif mantuvo una llamada de 90 minutos con el presidente Masoud Pezeshkian -la segunda en menos de una semana- para intentar desactivar el principal obstáculo que identifica Irán, la desconfianza estructural hacia Washington. Pezeshkian le recordó que Teherán ya negoció en el pasado mientras caían bombas y que no repetirá el experimento sin mecanismos de transparencia.

El activismo mediador de Pakistán se explica también por el vértigo de sus cifras. Su economía contaba este año con unos $41,000 millones, más de la mitad procedentes de las monarquías del Golfo, donde trabaja buena parte de su diáspora. Solo entre julio y enero, los paquistaníes en Arabia Saudita remitieron cerca de $3,900 millones y los residentes en Emiratos Árabes Unidos otros $4,800 millones.

Cualquier alteración duradera en la infraestructura del Golfo -aeropuertos, refinerías, cadenas logísticas y mercados laborales- amenaza con recortar entre un 10% y un 15% esos flujos.

El apoyo chino es cualquier cosa menos altruista. Pekín es el mayor comprador individual de petróleo iraní y depende del Golfo para cerca del 45% del crudo y gas que importa, buena parte de él canalizado precisamente por Ormuz.

En las últimas semanas, varios buques chinos han atravesado el estrecho en un entorno de máxima tensión, y el Ministerio de Exteriores ha agradecido la “asistencia de partes relevantes” para garantizar su seguridad, una fórmula diplomática que apunta a Pakistán como escudo logístico y político en la zona.

La prioridad, según Pekín, es que Estados Unidos e Israel detengan las operaciones militares para evitar una escalada incontrolable, y que se descarte cualquier ataque a instalaciones nucleares por sus “consecuencias inmensurablemente graves”.

El régimen de Xi lleva meses ensayando el papel de pacificador global -ya lo hizo entre Arabia Saudita e Irán- y utiliza esta crisis para reforzar la narrativa de potencia capaz de hablar con todos cuando Washington aparece atrapado en su propio bando. La coreografía apunta a un Pakistán que asume el riesgo operativo sobre el terreno, mientras China pone el paraguas político, diplomático y financiero.

China ya no se conforma con construir puertos y autopistas, quiere blindar el mapa de seguridad de Medio Oriente con sello propio. La alianza con Pakistán es la palanca que convierte la Franja y la Ruta en arquitectura de defensa, asegurando el flujo de crudo y las rutas del mar Arábigo que la conectan con el Golfo.

Sobre una relación militar consolidada -Pekín suministra en torno a la mitad del armamento que importa Islamabad-, ese eje se perfila como posible columna vertebral de una futura fuerza conjunta del Golfo y países árabes bajo liderazgo chino, capaz de ofrecer plataformas de combate avanzadas, músculo y energía frente a unas garantías occidentales, y en particular estadounidenses, cada vez más cuestionadas.

La incógnita es si Pekín es capaz de presionar lo suficiente a Irán para que acepte ese pequeño movimiento. Si finalmente se concreta una reunión en Islamabad entre delegaciones encabezadas por figuras como Marco Rubio y Abbas Araghchi, como han sugerido fuentes regionales, Pakistán podría reclamar el mayor éxito diplomático de su historia reciente.

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