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El modelo Bukele en la encrucijada

El modelo Bukele en la encrucijada
Analista político, Willie Cochez.

Durante la dictadura panameña, no se escribía nada de lo que pasaba. Aproveché y publiqué crónicas sobre las atrocidades de los militares en El Salvador en los años 70. La Estrella las publicaba, obteniendo la información de mis denuncias de los demócratas cristianos salvadoreños. Esos artículos los refutaba el embajador de El Salvador.

En 1972, el líder del PDC, José Napoleón Duarte, ganó las elecciones presidenciales. Los militares impusieron al coronel Arturo Armando Molina.
Terminado el periodo de Molina, lo sucedió en 1977, el general Carlos Humberto Romero, derrocado en golpe militar de octubre de 1979, poniéndole fin a la dictadura.

En 1985, visitó Panamá una comisión designada por la OEA para atender denuncias sobre la falta de democracia en Panamá. Me reuní con ellos, representando al PDC, junto con José Salvador Muñoz, del Panameñismo. Nos esperaban en el Hotel Panamá, percatándome que uno de los comisionados era el expresidente salvadoreño coronel Arturo Molina.

Al verlo, me dirigí a los presentes diciéndoles:

“Me parece que es un irrespeto para Panamá que en esa comisión esté presente alguien que, como el coronel Molina, se robó una elección. De demócrata no tiene nada”.

Muñoz y yo, molestos, abandonamos el lugar.

Durante la guerra civil promovida por el comunista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), los mismos que eligieron como alcalde a Nayib Bukele, boicotearon incansablemente los intentos para establecer una democracia en El Salvador. O eran ellos o no era nadie, desatándose una fratricida guerra civil en ese país donde murieron 75,000 salvadoreños, casi 2% de su población.

Estuve muchas veces allá. Recuerdo ver en el camino del aeropuerto los muertos de la noche anterior tirados en las aceras. Durante la junta de gobierno, presidida por el líder DC Napoleón Duarte, posteriormente ganador de las elecciones, se enfrentó a dos grandes enemigos: La guerrilla comunista y la ultraderecha paramilitar encabezada por el exmilitar Roberto D’ Aubuisson, acusado del asesinato del arzobispo San Oscar Arnulfo Romero.

Duarte fue reemplazado por gobiernos derechistas, terminando en el poder el FMLN por dos periodos, con Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén, manchados por muchísima corrupción y violencia. En ambos periodos, Nayib Bukele, candidato del FMLN, salió electo alcalde, en Nuevo Cuscatlán (2012-2015), con solo 30 años, y San Salvador, (2015-2018).

Bukele, al no lograr la candidatura del FMLN en elecciones del 2019, se postuló presidente por GANA (Gran Alianza de Unidad Nacional), partido derechista fundado por el expresidente Tony Saca (2004-2009), preso actualmente por 10 años por corrupción al desviar $300 millones. Bukele ganó las elecciones del 2019, según se comprueba ahora con el apoyo de las pandillas que posteriormente procuraría exterminar.

Si bien Bukele se ha vuelto referente latinoamericano por la seguridad que actualmente tienen los salvadoreños, tan asediados por la violencia en el pasado, hay que ver qué precio se pagó para lograr que su país sea uno de los favoritos de Donald Trump por ser, “el país más seguro del hemisferio americano”.

Bukele decretó un estado de excepción desde 2022, lo que significa que en los últimos cuatro años muchas de las libertades públicas están suspendidas, todo en “aras de la seguridad ciudadana” lograda. Luego de controlar los poderes Legislativo y Judicial, impuso su reelección presidencial, históricamente prohibida en El Salvador, convirtiéndola después en indefinida o sea que habrá Bukele para rato.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA en diciembre del 2024 señaló que el modelo punitivo de Bukele para enfrentar los desafíos de la seguridad ciudadana ha producido la reiterada violación de derechos humanos. En marzo de 2026, el “Grupo de Expertos y Expertas para la Investigación en el marco del Estado de Excepción en El Salvador”, ha sido muy severo en describir el régimen acusándolo de detenciones arbitrarias, tortura y tratos crueles, 540 casos de desapariciones forzadas, 403 muertes bajo la custodia del Estado, persecución política y toda clase de abusos, incluyendo violencia sexual.

Unos 88,000 ciudadanos ha sido detenidos en ese periodo, de ellos siendo 8,000 inocentes. Esos hallazgos han circulado en el mundo desdibujando la cuestionable fama del autócrata Bukele, a quien también lo acorralan casos de corrupción de su familia.

Como decía el expresidente demócrata cristiano de Chile, Eduardo Frei Montalva, no me pongas a decidir si prefiero que me quites la libertad o el pan. Prefiero que sea el pan, porque con libertad puedo tratar de obtenerlo. Sin libertad no lo podría hacer.

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