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Coiba en riesgo: un patrimonio mundial que une naturaleza, economía y comunidades

Coiba en riesgo: un patrimonio mundial que une naturaleza, economía y comunidades
Foto: Cortesía

En medio del Pacífico panameño, el Parque Nacional Coiba cuenta una historia de vida, ciencia y oportunidades. Reconocido como Sitio de Patrimonio Mundial por la UNESCO, este archipiélago no solo protege uno de los arrecifes de coral más extensos del Pacífico Oriental: también sostiene la conectividad ecológica del Corredor Marino del Pacífico Este Tropical (CMAR) y genera servicios ecosistémicos valorados en más de 22.4 millones de balboas anuales(1)

Su riqueza natural es excepcional: más de 1,045 especies de plantas, 224 vertebrados terrestres y cerca de 2,000 especies marinas(2) conviven en un territorio que además alberga especies endémicas únicas en el mundo.

Asimismo, el archipiélago resguarda vestigios de ocupación humana precolombina y conserva las estructuras del antiguo centro penitenciario, elementos que reflejan distintas etapas de la historia de Panamá y enriquecen el patrimonio histórico del sitio.

Por eso, Coiba es mucho más que un destino de belleza escénica: es un laboratorio natural de relevancia global, un espacio para la investigación científica y un referente mundial para experiencias de turismo sostenible como el buceo, senderismo y avistamiento de fauna, entre otros.

 

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Esa riqueza también se traduce en bienestar para las comunidades. Solo considerando a los visitantes que ingresan a la isla de Coiba desde Santa Catalina, sin incluir otros destinos emergentes del área de influencia del Parque Nacional Coiba, como Mariato, Montijo, Pixvae y Bahía Honda, se registran entre 20,000 y 25,000 visitantes al año(3).

Esto representa un movimiento económico cercano a 18 millones de dólares anuales, cuyo gasto promedio por visitante puede superar los 1,000 dólares por estadía. A su alrededor se ha consolidado una cadena de valor que incluye más de 40 hospedajes, 20 restaurantes y más de 60 embarcaciones turísticas(4), además de una inversión comunitaria estimada en US$1.7 millones en embarcaciones.

En pocos años, la región ha pasado de una economía predominantemente pesquera a un modelo mixto de turismo y pesca responsable, generando aproximadamente 580 empleos directos actuales, más de 325 empleos documentados en estudios base(5) y nuevas oportunidades en transporte marítimo, guianza, hospedaje, gastronomía y servicios especializados.

 

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Este cambio ha diversificado ingresos, fortalecido la resiliencia comunitaria y mejorado las condiciones de vida de muchas familias. Hoy, ese avance enfrenta un riesgo innecesario.

El traslado de 29 reos al Parque Nacional Coiba

Introduce incertidumbre, riesgos a la seguridad, y el desconocimiento del régimen legal y de gobernanza del área protegida, cuya fortaleza es el haber sido pionero de un modelo participativo, autónomo a nivel financiero y que integra la representatividad de las comunidades costeras del pacífico de Veraguas y Chiriquí.

Con esta acción no solo se está sacrificando la imagen de un destino turístico, se ha puesto en riesgo el ingreso de comunidades enteras, la inversión local, la sostenibilidad de pequeños negocios y de otras actividades productivas, así como el posicionamiento de Panamá como un país comprometido con la protección de su patrimonio natural. La medida también amenaza la investigación científica que se desarrolla en Coiba. Universidades nacionales, centros de investigación y organismos internacionales trabajan en condiciones de aislamiento y bajo impacto humano, con giras de campo que requieren meses de preparación.

 

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La presencia de reclusos de alta peligrosidad puede afectar cronogramas, financiamiento, becas y cooperación internacional, debilitando el papel de Coiba como laboratorio natural y sitio de relevancia científica mundial.
En el país hay un reconocimiento generalizado de la gravedad de la crisis nacional de seguridad y la necesidad de respuestas firmes. Sin embargo, el traslado de 29 reos a un área protegida y Patrimonio Mundial no representa una solución estructural, ni inmediata al problema penitenciario.

Al contrario, genera un problema social al poner en riesgo los empleos e ingresos locales y nacionales que genera ésta área. Por ello, Fundación MarViva, la Asociación Nacional para la Protección de la Naturaleza (ANCON) y la Federación de Pescadores Artesanales del Área de Influencia del Parque Nacional Coiba (FEPACOIBA) hacen un llamado respetuoso al Presidente de la República.

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