Lau y los lau-lau
Por los lados de la CSS el arroz está que pega en el fondo. Con la investigación contra Enrique Lau, ahora hay quienes andan con el ojo pelao y la calculadora prendida. Porque cuando la justicia toca la puerta, hasta el que no debe se pone a buscar abogado.
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La escuela del bolsillo
Los colegios privados subiendo matrícula y anualidad como si los pelaos fueran a estudiar en Harvard. El papá pregunta cuánto cuesta el año y le responden con una cifra que parece número de teléfono. ¡Y eso que todavía no han pedido la lista de útiles!
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El presupuesto tiene dueño
Más de 35 mil millones de dólares en juego y cada institución llega con su platito extendido. Salud pide más, infraestructura pide más, los funcionarios reclaman lo suyo… y al final la cuenta siempre termina llegando a la misma casa: la del contribuyente.
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La luz se pone brava
La reforma eléctrica avanza y ya se siente el voltaje político. Todos hablan de eficiencia, regulación y competencia. Pero el panameño no quiere un discurso de kilovatios: quiere saber si el próximo recibo viene con susto incluido.
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Crucero que pasa, plata que no siempre baja
Más de 220 cruceros vienen pa’ Panamá. ¡Ave María!, diría el vendedor de Colón. Pero la pregunta es sencilla: ¿cuánta de esa plata baja del barco y cuánta se queda navegando? Porque si el turista viene, mira el Canal, se toma la foto y vuelve al barco, el negocio lo hizo el crucero, no Panamá.
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Los 163 que quedaron en tierra
Hay 163 docentes separados y sin cobrar después del conflicto magisterial. Mientras unos esperan una respuesta, otros esperan que el problema se enfríe. Pero la nevera no paga alquiler, y una familia tampoco come con comunicados. Ahora toca saber quién tomó la decisión, bajo qué fundamento y cuánto le está costando al Estado mantener este pleito congelado.
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Aquí nadie pierde… dice el que cobra
En Panamá todo está “bajo control”: la educación, la luz, el presupuesto, la justicia y hasta los cruceros. El único que parece estar fuera de control es el bolsillo del panameño. Ese sí está trabajando horas extras… y sin décimo.
