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Cuándo el gobierno tiene la culpa

Cuándo el gobierno tiene la culpa

Los ciudadanos tenemos la tendencia de esperar demasiado de nuestros políticos. 

Los candidatos una vez llegan al poder descubren su limitada capacidad para ejecutar todas las promesas de campaña.   Que puede estar cocinándose en la psiquis de los ciudadanos es la pregunta que hacer.  En mi opinión todavía llevamos en nuestras mentes la idea mesiánica o totalitaria.

La historia está marcada por gobiernos totalitarios y tiránicos donde la gracia real determinaba los espacios de libertad o de acción de la población.  Ni siquiera el pueblo se identificaba con la palabra “ciudadanía” nacida en Francia luego de la Revolución Francesa.

Es decir, nuestros comportamientos políticos persisten en buscar a un Mesías o Hombre Fuerte a quien delegarle la responsabilidad de resolver todos los problemas sociales e individuales que confrontamos.   No es inusual que al vivir una estrechez económica o incapacidad para cumplir con las tareas propuestas usemos al gobierno de turno como chivo expiatorio.

Trasladamos al gobierno todas nuestras frustraciones y así exonerarnos de cualquier tipo de responsabilidad sobre nuestros actos.    Y en un período electoral nuestra simpatía se dirige hacia quien nos diga todo lo que nos promete.

Es el candidato a Presidente el “caballo” al cual se apuesta.  Hasta sin hablar hípicamente hemos apostado a caballos y yeguas. La primera misión de todo ciudadano es aprender a gobernarse a sí mismo.  Luego entender que en el mundo de hoy y por el tamaño de nuestra geografía y población nuestra capacidad para resolver los problemas sociales está íntimamente ligada a nuestra capacidad económica.

Hoy bastante regulada por las instituciones internacionales.  De igual forma poco a poco nuestras leyes tendrán que ir de acorde con ciertos postulados y principios internacionales.  Si bien hay desventajas para los países subdesarrollados frente al patrón exigido por el mundo se requiere de mucha capacidad innovadora para dar el salto al primer mundo.  Nosotros apenas estamos tratando de cumplir con las tareas básicas de un Estado de Bienestar y nuestras principales exigencias debe ir dirigidas a esas tareas.

El otro tema de importancia es en mi opinión la institucionalidad democrática.  Necesitamos instituciones fuertes que impidan tanto el bonapartismo como el Estado fallido.  Ambas opciones han desplomado la vida cívica de muchos países.      Instituciones fuertes impedirán que nuestra propensión hacia el mesianismo o el hombre fuerte sea materializable.   ¿Podríamos optar por una burocracia independiente regida por una carrera administrativa consecuente que impida a los Presidentes jugar con las instituciones del Estado?

Crear la figura del Buro de Investigación de Prácticas Corruptas como entidad independiente que investigue administrativamente la fidelidad de los funcionarios a la transparencia en sus actuaciones y con competencia para investigar desde el Presidente hasta el último funcionario.

Las investigaciones pueden llevar a resultados sancionatorios administrativos y si tipifican delitos pasarían a las fiscalías anti-corrupción para el debido procesamiento de los inculpados.

Las faltas administrativas de los funcionarios de libre nombramiento deberán ser sancionados con sus renuncias al cargo.

Como ven hay cosas que se pueden prometer y ejecutar si deseamos que los recursos del Estado no se dilapiden o se lo roben.  Igual con las ínfulas egocéntricas de advenedizos que llegan al poder sin entender el privilegio de servir a la Patria.

Una Respuesta
  1. Muy atinadas las bitácoras! muy buenas! Continue con ellas!

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