¿Será solo un desvanecimiento pasajero o Betelgeuse estará a punto de explotar?

¿Será solo un desvanecimiento pasajero o Betelgeuse estará a punto de explotar?
Una foto proporcionada por el Observatorio Europeo Austral muestra a Betelgeuse, en una imagen hecha de un compuesto de exposiciones del Digitized Sky Survey 2. La estrella familiar en la constelación de Orión se ha atenuado notablemente desde octubre. Los astrónomos se preguntan si su final explosivo es inminente. (Observatorio Europeo Austral vía The New York Times)

¿Betelgeuse también está a punto de estallar?

Tal vez no, pero los astrónomos se divierten con solo pensarlo.

Desde hace tres meses esa estrella, que marca el hombro del cazador en la constelación de Orión, ha perdido misteriosamente más de la mitad de su brillo normal, lo que ha producido un cambio muy notorio en uno de los despliegues más espectaculares del cielo invernal.

A principios de enero, la estrella lucía lo menos nítida que se le ha visto, según Edward Guinan, de la Universidad de Villanova, quien se ha dedicado a recopilar datos sobre Betelgeuse. Durante este periodo de “desvanecimiento”, señaló Guinan, Betelgeuse ha descendido del lugar siete al veintiuno en la lista de las estrellas más brillantes del cielo. Sin embargo, con todo y el brillo que ha perdido, Betelgeuse todavía es demasiado brillante para poder observarla y medirla con facilidad con los grandes telescopios profesionales disponibles, al menos no sin dañar los sensores diseñados para captar hasta los fotones más pálidos en la oscuridad del espacio.

Rebecca Oppenheimer, astrofísica del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, comentó que la semana pasada logró observar a Betelgeuse con el telescopio de poco más de cinco metros de diámetro del observatorio Palomar en California, observación que causó la aparición de imágenes sucesivas (o postimágenes) y dejó el detector inservible durante un día. En un correo electrónico, la científica explicó que la próxima vez planean cubrir parte del espejo gigante para reducir la cantidad de luz que recibe.

“Ja, ja, suena un poco ridículo”, escribió. “Pero, sea como sea, ¡la ciencia debe continuar!”.

La semana pasada Neil deGrasse Tyson, director del planetario Hayden en Nueva York, hizo circular una convocatoria dirigida a astrónomos aficionados para que observen y monitoreen el brillo de Betelgeuse.

A propósito de todos estos sucesos, el tema de la mortalidad de Betelgeuse y su desenlace cósmico han sido el tema central de varios debates.

Nadie niega que la estrella estallará en algún momento. Betelgeuse (que algunos pronuncian como “beetle-juice” y también es conocida como Alfa Orionis) por lo menos es diez veces, si no es que veinte veces, más grande que nuestro Sol. Si esa estrella se encontrara en nuestro sistema solar, sus feroces gases se extenderían hasta la órbita de Júpiter.

Se trata de una estrella de las llamadas supergigantes rojas que se encuentra en las últimas etapas violentas de su evolución. Desde hace millones de años ha quemado hidrógeno primordial, el cual se transforma en el siguiente elemento más ligero, el helio. Ese helio se quema para dar paso a elementos más masivos. Cuando el núcleo de la estrella se convierta en hierro sólido, en algún momento durante los siguientes 100.000 años, el cuerpo celeste se contraerá y causará una explosión de supernova, que probablemente deje tras de sí un agujero negro.

Será todo un espectáculo. Betelgeuse se encuentra a solo 700 años luz de la Tierra, distancia suficiente para no matarnos cuando estalle, pero todavía cerca para admirar el impresionante fenómeno; la supernova será tan luminosa como la luna llena en el cielo.

La pérdida actual de brillo de la estrella quizá no sea una señal de que se aproxima el fin, en opinión de los astrónomos. Las estrellas viejas tienen un comportamiento cambiante y estrafalario; pueden expulsar gas y polvo de repente en una nube que las oculta, o bien producir pequeñas explosiones internas a medida que su núcleo evoluciona y cambia.

Incluso las estrellas normales muestran fluctuaciones periódicas en su luminosidad. Betelgeuse experimenta este tipo de ciclos de altas y bajas, por lo que la explicación más lógica para el episodio actual es que dos ciclos fueron a la baja al mismo tiempo.

“Mi apuesta es que Betelgeuse experimenta un cambio cuasi periódico, un tanto extremo pero normal, en luminosidad”, especuló J. Craig Wheeler, experto en supernovas de la Universidad de Texas campus Austin.

Tyson concordó en que la explicación más lógica para la drástica disminución del brillo de Betelgeuse era la coincidencia de ciclos, aunque añadió que, en ese caso, era sorprendente que nadie lo hubiera previsto.

“Nadie esperaría la manifestación simultánea del punto mínimo de dos ciclos, largo y corto, en un plazo de unos cuantos meses, sin que se hubiera detectado alguna indicación en un mínimo anterior de que podría ocurrir”, escribió en un correo electrónico.

Otra posibilidad “más simple pero igual de interesante”, indicó Wheeler, es que la estrella sencillamente haya expulsado una nube de polvo que por ahora está bloqueando parte de la luz estelar. Otros estudios sugieren que las ondas expansivas de un núcleo estelar a punto de colapsar también podrían provocar que la estrella aumentara su brillo y luego lo perdiera cerca de un año antes de la explosión definitiva.

Así que en realidad nadie sabe a ciencia cierta cuál es la respuesta. Los astrónomos cuentan con pocos datos acerca del comportamiento de las estrellas antes de que exploten; las supernovas no son comunes, y por lo regular se presentan en estrellas distantes que no se habían detectado o estudiado antes.

Sin embargo, Robert Kirshner, astrónomo encargado del programa científico de la Moore Foundation cree que hay algunas pistas. Los datos que se tienen de una estrella transformada en supernova en 1987 en la cercana Gran Nube de Magallanes, un satélite de la Vía Láctea, así como de estrellas de galaxias más distantes, muestran que esas estrellas perdieron masa en los años, décadas y siglos previos a su explosión, enfatizó Kirshner.

Pero esto tampoco significa que la gran explosión vaya a ocurrir pronto, aclaró Alexei Filippenko, astrónomo de la Universidad de California en Berkeley, “a menos que por ahí haya alguien para quien ‘pronto’ sean unos 100.000 años”.

Claro está, como repitió Wheeler, con la salvedad de que “todos sabemos que la naturaleza algunas veces nos lanza curvas engañosas”.

Por ahora, el mundo entero tiene la mirada puesta en Betelgeuse. Aunque no explote el año entrante, sin duda ayudará a los astrónomos a descubrir cómo se comporta y evoluciona una supergigante roja conforme se aproxima su fin.

“Salgo todas las noches, aunque el cielo esté un poco nublado, solo para ver qué hace esa estrella”, afirmó Guinan en un correo electrónico enviado desde una convención de Astronomía en Honolulu. “Sería increíble que se iluminara de repente”.

Imagen proporcionada por el Observatorio Europeo Austral en la que es posible observar a Betelgeuse gracias a una serie de fotografías que forman parte del sondeo Digitized Sky Survey 2. (Observatorio Europeo Austral vía The New York Times).

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