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El acuerdo comercial entre Estados Unidos y China tiene la mira puesta en los secretos corporativos

El acuerdo comercial entre Estados Unidos y China tiene la mira puesta en los secretos corporativos
ARCHIVO - Una tienda de Apple en Beijing el 17 de mayo de 2019. Las compañías de tecnología como Apple establecieron empresas con socios locales para manejar datos en China para cumplir con las leyes de seguridad interna del país. (Lam Yik Fei / The New York Times)

PEKÍN — Una de las intenciones del nuevo acuerdo comercial entre Washington y Pekín es resolver uno de los temas más cáusticos en su relación: las tácticas que emplea China para adquirir tecnología de empresas con oficinas en Occidente.

Es un tema espinoso, por lo que no es muy probable que un solo acuerdo comercial logre resolverlo por completo.

El gobierno de Trump acusa a China de robar secretos comerciales de Occidente, argumento que presentó como fundamento legal para iniciar la guerra comercial hace casi dos años. Aunque las conversaciones comerciales entre ambos bandos pronto se enfocaron en asuntos más amplios, el acuerdo comercial preliminar suscrito el 15 de enero incluye el compromiso de China de suspender algunas de las prácticas que las empresas estadounidenses han criticado desde hace tiempo. Dependiendo de los detalles, ese compromiso podría hacer más aceptable el pacto para las empresas estadounidenses.

El problema de raíz es que China ha demostrado en repetidas ocasiones que puede adquirir tecnología y, gracias a los enormes subsidios que otorga el gobierno, construir rivales capaces de competir con las empresas estadounidenses. A las compañías les preocupa que haga lo mismo en otras industrias, como las del software y los microchips.

China no ha reconocido que obligue a las empresas extranjeras a entregar tecnología; por el contrario, Pekín afirma que lo hacen por su propia voluntad, con tal de tener acceso al amplio y creciente mercado de China. De cualquier forma, los funcionarios chinos han dicho que ya están tomando medidas para calmar esa inquietud.

¿Cómo obtiene tecnología China?

Desde hace tiempo, las autoridades estadounidenses han dicho que empresas y ciudadanos chinos se encuentran detrás de algunos ataques informáticos, e incluso detrás del robo franco de secretos corporativos. Además, a algunos integrantes del gobierno de Trump les preocupa que las empresas chinas se dediquen a adquirir esos secretos mediante convenios corporativos.

Las empresas estadounidenses afirman que sus homólogas chinas también emplean tácticas más sutiles para tener acceso a tecnología valiosa.

En algunas ocasiones, China exige que las empresas extranjeras suscriban convenios de coinversión con empresas locales para poder hacer negocios en el país, como en el caso de la industria automotriz. En otros casos, exige que cierto porcentaje del valor de un producto sea de fabricación local, como ocurrió en cierta época con las turbinas y los paneles solares.

Las empresas de tecnología Apple y Amazon suscribieron convenios de coinversión con socios locales para manejar datos en China conforme a la legislación nacional en materia de seguridad.

Las empresas se muestran renuentes a acusar a sus socios chinos de robo por temor a recibir un castigo. Los grupos comerciales que las representan señalan que las empresas chinas aprovechan esos vínculos corporativos para ejercer presión sobre los socios extranjeros y lograr que divulguen secretos. También dicen que los funcionarios chinos han presionado a las empresas extranjeras para que les den acceso a tecnología delicada como parte de un proceso de revisión para verificar que los productos sean seguros para los consumidores chinos.

¿Los métodos funcionan?

Los grupos empresariales extranjeros señalan que el sector de energías renovables fue un área en la que China utilizó algunas de estas tácticas para crear sus propias industrias.

La española Gamesa era líder en el mercado de las turbinas de aire de China cuando Pekín estableció como requisito en 2005 que el 70 por ciento de cada turbina instalada en China debía fabricarse dentro del país. La empresa capacitó a más de 500 proveedores en China para que pudieran fabricar casi todos los componentes de sus turbinas e instaló una planta para ensamblarlas en la ciudad de Tianjin. Otros fabricantes multinacionales de turbinas hicieron lo mismo.

El gobierno de Obama expresó sus sospechas de que esa política contravenía las reglas de la Organización Mundial del Comercio y China la eliminó, pero, por desgracia, ya era demasiado tarde. Varias empresas estatales chinas habían comenzado a ensamblar turbinas y utilizaban a los mismos proveedores. En la actualidad, China es el mayor mercado del mundo para las turbinas de aire, que fabrican empresas chinas en su mayoría.

Una evolución industrial un tanto similar ocurrió poco tiempo después en el sector de la energía solar. China estableció como requisito en su primer gran proyecto solar municipal que solo se emplearan paneles solares fabricados por lo menos en un 80 por ciento en China. Las empresas se lanzaron a producir en China y comenzaron a compartir tecnología.

El gobierno chino, además, otorgaba enormes subsidios para la fabricación de paneles solares, la mayoría para exportación. A fin de cuentas, las empresas chinas terminaron produciendo la mayoría de los paneles solares del mundo.

¿Qué industrias podrían ser las siguientes?

Algunos miembros del gobierno de Trump temen que la industria automotriz corra con la misma suerte.

Poco después de haber abierto las puertas de China a las empresas automotrices extranjeras, los funcionarios chinos organizaron una competencia entre los fabricantes automotrices globales para decidir a quién le permitirían ingresar al mercado. La competencia incluyó una revisión detallada de la oferta de cada empresa para transferir tecnología a una coinversión con un socio chino propiedad del Estado.

General Motors venció a Ford Motor y Toyota gracias a que convino en construir una moderna planta de ensamblado en Shanghái con casi cincuenta robots para fabricar los autos Buick nuevos. Los ejecutivos de Volkswagen, la fabricante alemana que había ingresado antes al mercado chino, estaban furiosos porque, debido a la presión de la competencia, se vieron obligados a modernizar también su tecnología.

China ahora es el mayor mercado de automóviles del mundo. Por desgracia, salvo por unos cuantos modelos de lujo, casi todos los automóviles que se venden en China se fabrican en el país. Otro factor han sido los significativos aranceles que China impone a los automóviles y autopartes importados, al igual que el deseo de las empresas extranjeras de evitar los costos y riesgos de transportar automóviles de sitios de producción distantes.

¿Qué hará el acuerdo para resolver este problema?

En la tregua comercial, los funcionarios chinos convinieron en no obligar a las empresas a transferir tecnología como condición para hacer negocios, además de aceptar sancionar a las empresas que trasgredan o roben secretos comerciales. China también convino en abstenerse de utilizar a las empresas chinas para obtener tecnología delicada a través de compras.

Antes de eso, los funcionarios chinos se comprometieron a reducir los requisitos de coinversiones en áreas como los automóviles.

Claro que no se sabe si China cumplirá estos compromisos. Los funcionarios chinos emitieron el mes pasado normas que ponen en marcha gran parte de lo que prometieron al suscribir el convenio el 15 de enero. Pero algunos abogados extranjeros opinan que las nuevas reglas tienen enormes vacíos legales. Incluyen disposiciones que les otorgan a los reguladores chinos una gran discrecionalidad para actuar según les parezca más pertinente cuando se trate de “circunstancias especiales”, “intereses nacionales” y otras excepciones no muy claras.

El acuerdo comercial otorga el derecho de celebrar consultas en un plazo de 90 días si Estados Unidos considera que Pekín no ha cumplido sus compromisos, pero no se define con claridad si después de ese plazo el gobierno de Trump podría exigir el cumplimiento de una regla. En términos más generales, el acuerdo no menciona los subsidios de China a las industrias nuevas, un factor clave en el desarrollo de sectores como el de los paneles solares. China, en general, se ha resistido a reducir los subsidios otorgados a competidores nacionales en industrias como las de semiconductores, aeronaves comerciales, automóviles eléctricos y otras tecnologías del mañana.

El gobierno de Trump cuenta con los aranceles para lograr cierto equilibrio. El acuerdo comercial parcial respetará la aplicación de aranceles amplios sobre muchas de esas industrias para evitar que los competidores chinos inunden el mercado estadounidense. Mantener aranceles amplios también les da a las empresas de Occidente un incentivo financiero importante para reconsiderar las cadenas de suministro que dependen mucho de China.

Empresas del sector tecnológico, como Apple, suscribieron convenios de coinversión con socios locales para manejar datos en China conforme a la legislación nacional en materia de seguridad. (Lam Yik Fei/The New York Times)

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