Es la ley de la selva en el mercado de los tapabocas, pues los que se aprovechan de la situación estafan a los buenos samaritanos

Es la ley de la selva en el mercado de los tapabocas, pues los que se aprovechan de la situación estafan a los buenos samaritanos
Sin embargo, estados y hospitales, cuyos proveedores de siempre están abrumados y saturados, tienen poca experiencia negociando directamente con la cadena de suministro china. Miles de intermediarios —emprendedores, buenas personas y aprovechados— se han apresurado a llenar el vacío. .Foto, NYT

El mes pasado, Susan Houghtelling, gerente de suministros hospitalarios en el norte de Nueva York, enfrentaba una escasez de artículos médicos cuando, de pronto, su buzón de entrada se llenó de ofertas.

Había anuncios de galones de gel antibacterial, cajas de trajes de aislamiento y, lo más crucial, palés de cubrebocas N95, quizás el producto más buscado en el planeta. Todas las ofertas tenían precios que eran varias veces más altos de lo que normalmente pagaba.

“Todas estas personas están saliendo de la nada y, misteriosamente, ahora todas tienen acceso a un suministro abundante”, dijo Houghtelling, quien trabaja para tres hospitales propiedad de Arnot Health, con sede en Elmira, Nueva York. Le reenvió decenas de los mensajes de los nuevos vendedores a The New York Times. Uno le ofrecía cajas de 50 mascarillas quirúrgicas por 70 dólares cada una; solía pagar 2,28 dólares.

Un negociante en específico llamó su atención: Blank Industries, una compañía que ofrecía tapabocas N95 por casi cinco dólares cada una, pero solo si Houghtelling ordenaba un millón. Se imaginó que era un fraude.

Blank Industries es una compañía real, pero se trata de un fabricante de productos para derretir hielo en Hudson, Massachusetts. En una entrevista, Andrew Blank, el fundador, dijo que había transformado su negocio para vender cubrebocas después de tener noticias de un proveedor chino al que contrató una vez para fabricar un nuevo tipo de cepillo de dientes (Blank lo había inventado). Después de la aparición del coronavirus, el proveedor convirtió su planta de productos dentales en una fábrica de tapabocas. Blank les dijo a sus doce empleados que dejaran de vender halita y comenzaran a vender mascarillas.

¿Por qué está cobrando 4,92 dólares por cada tapabocas N95? “Para ser honesto, ni siquiera sé en cuánto se vende normalmente un cubrebocas N95”, comentó.

Le dije cuánto costaban. “¿Cincuenta centavos?”, repitió. Su proveedor le estaba cobrando 4,75 dólares (su margen cubriría los costos de envío; planeaba no obtener ganancias).

La explosión en la demanda debido a las cantidades cada vez más escasas de tapabocas ha provocado un alboroto en la cadena de suministro. En Estados Unidos, el gobierno federal ha decidido no ordenar a las fábricas estadounidenses que se pongan a hacer mascarillas para aumentar el suministro. En vez de esto, los funcionarios federales están compitiendo con estados, hospitales y proveedores médicos por la misma reserva de cubrebocas, que vienen en su mayor parte de China.

Sin embargo, estados y hospitales, cuyos proveedores de siempre están abrumados y saturados, tienen poca experiencia negociando directamente con la cadena de suministro china. Miles de intermediarios —emprendedores, buenas personas y aprovechados— se han apresurado a llenar el vacío.

Ese frenesí ha provocado un lío confuso, de acuerdo con entrevistas a hospitales, fábricas y compradores de tapabocas. La producción de mascarillas está aumentando, pero también los fraudes, los obstáculos logísticos y, desde luego, los precios.

‘Nos están bombardeando’

Después de que comenzó el brote de coronavirus, China importó 2000 millones de tapabocas. Francia ordenó mil millones y prometió volverse autosuficiente para finales del año. El gobierno estadounidense ha hecho comparativamente poco para coordinar las compras y asegurar que los gobiernos y los hospitales estadounidenses no compitan entre sí.

El mes pasado, los funcionarios federales aceptaron comprar aproximadamente 600 millones de mascarillas N95 a lo largo de los siguientes dieciocho meses. Sin embargo, muchos estados y hospitales están desesperados por obtener suministros en este momento, y al gobierno ya casi se le ha acabado el suministro de equipo de protección de la reserva nacional. El jueves, la Casa Blanca dijo que había recurrido a la Ley de Producción para la Defensa, una ley de la década de 1950, para asegurar que el gigante de la manufactura 3M envíe cierta proporción de sus cubrebocas a Estados Unidos.

Algunos de los emprendedores que han ocupado el lugar del gobierno han tenido éxito. Operation Masks, una organización sin fines de lucro que fue creada hace dos semanas por ejecutivos del sector tecnológico, dijo que acababa de llegar a acuerdos para obtener un millón de tapabocas N95 para el estado de Nueva York y 200.000 para Hawái, con un costo de poco más de tres dólares por mascarilla, sin incluir el envío ni otros costos. El jueves, Massachusetts recibió 1,2 millones de cubrebocas N95 con el avión del equipo de los Patriotas de Nueva Inglaterra.

Aun así, varios ejecutivos de hospitales dijeron que, aunque apreciaban la ayuda de las personas bienintencionadas, estaban abrumados por los nombres nuevos que aparecen en sus buzones, todos ofreciendo productos que necesitan a precios mucho mayores de los que generalmente pagan.

“Nos están bombardeando”, comentó Ed Bonetti, director de la cadena de suministro de la red hospitalaria UMass Memorial en Worcester, Massachusetts.

El hospital está preparado para pagar más por los tapabocas, pero no quiere adquirir equipo defectuoso. “Es un territorio virgen en el que se dificulta hasta verificar la calidad de las compras”, dijo Bonetti. “Lo último que queremos es darle un producto a un médico que no lo proteja”.

El arbitraje de los suministros médicos

No todos los nuevos participantes del mercado son buenos samaritanos. Grupos en Facebook, WhatsApp y Telegram están llenos de publicaciones que anuncian miles de tapabocas a precios inflados.

Algunos son vendedores al mayoreo que compraron palés de cubrebocas provenientes de China o en ventas de liquidación y después aumentaron su precio de venta. Muchos más simplemente son intermediarios que se hacen llamar agentes. Exploran los grupos en busca de mascarillas anunciadas a un precio relativamente bajo, y después vuelven a publicar la oferta por algunos miles de dólares más. No se encargan de los tapabocas ni ponen su propio dinero.

El Departamento de Justicia dijo el mes pasado que investigaría a las personas que manipulan el mercado de los suministros médicos. Cinco días después, las autoridades federales acusaron a un hombre de Brooklyn de mentir sobre la manipulación de precios tras haber intentado vender mil tapabocas y otros suministros a un médico por 12.000 dólares. (También lo acusaron de agresión después de que afirmó que tenía coronavirus y les tosió a unos agentes del FBI). Los funcionarios federales ahora están distribuyendo los más de medio millón de suministros que le confiscaron.

De los flotantes para piscina a los cubrebocas

La gente que incursiona en el mercado de las mascarillas proviene de todas partes. Dan Schonfeld, por ejemplo, vende flotantes para piscina. Es bastante bueno en eso. Encontró un proveedor de confianza en China, les pegó logos de equipos deportivos y creó un negocio estable a través de PoolPartsToGo.com.

Cuando el coronavirus se propagó el mes pasado en el estado donde vive, Nueva York, Schonfeld pensó que podría usar sus conexiones en China para obtener cubrebocas para los médicos estadounidenses. Dejó de lado su negocio de artículos para piscinas y comenzó a ir tras los tapabocas, prometiendo no ganar ni un centavo.

“Fue como entrar a un periodo de cámara rápida, y no se ha detenido desde entonces”, dijo Schonfeld, de 40 años. “No creo haber dormido cuatro noches seguidas”.

Usó su iPhone todo el día y llamó a hospitales estadounidenses de día y a contactos chinos de noche. Todos los hospitales estaban interesados, pero no había muchas mascarillas de buena calidad.

Después, justo antes de la medianoche del 19 de marzo, su proveedor de flotantes para piscina en Ningbo, China, Jensen Jiang, le envió un correo electrónico con noticias. Había cerrado un acuerdo con una fábrica cercana para que le hicieran 100.000 tapabocas N95 a 2,70 dólares cada una. Pero habían llegado pedidos simultáneos, dijo, así que Schonfeld debía decidir rápidamente.

“Mañana es demasiado tarde”, escribió Jiang. Schonfeld le dijo que hiciera el depósito de 35.000 dólares.

Al día siguiente, Schonfeld llamó emocionado a los hospitales. Sin embargo, los ejecutivos que habían expresado tanta desesperación por obtener cubrebocas de pronto estaban preocupados de entregarle 270.000 dólares a un hombre que vendía artículos de piscina unos días antes. Uno respondió: “Simplemente no lo conocemos”, dijo Schonfeld. “Ahora era yo quien necesitaba ayuda”.

Al final, sus abogados encontraron un nuevo comprador: una red de organizaciones sin fines de lucro que cuida de 35.000 neoyorquinos con discapacidades intelectuales. Transfirieron el dinero, y Schonfeld reservó un vuelo de carga.

Después, se despertó para recibir más malas noticias. “Me temo que le he provocado grandes problemas”, dijo Jiang en un correo electrónico el 26 de marzo. “Todas las mascarillas fueron incautadas por el gobierno”. El correo electrónico incluía la fotografía de un aviso de clausura en las puertas de la fábrica, con fecha de once días antes. Schonfeld no supo qué pensar.

Mientras Jiang negociaba un reembolso, que aún no ha llegado, decidieron encontrar y enviar un tapabocas distinto: el llamado KN95, la versión eficaz de China del N95. Schonfeld ordenó 150.000 de una nueva fábrica y reservó un avión de carga para el 3 de abril.

Sin embargo, hubo otro detalle: los lineamientos de la FDA sobre el uso médico de los tapabocas KN95 en Estados Unidos son opacos, y los abogados de Schonfeld le advirtieron que los funcionarios podrían incautarlos. (El 2 de abril, la agencia dijo que no bloquearía las importaciones de cubrebocas).

“Todos los días me despierto para encontrar un nuevo obstáculo”, comentó. “Jamás creí que sería así de difícil ayudar”.

Sin importar qué ocurra con el envío, dará por terminada su incursión en el mundo de los suministros médicos, comentó.

Un día después, mencionó que estaba investigando sobre proveedores de respiradores. “Le dije a mi esposa: ‘Muy bien. Ya terminé con esto’”, comentó. “Pero si veo en las noticias que están suplicando que les den respiradores y nadie hace nada, no podré quedarme de brazos cruzados”.

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