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Lamentablemente, el principal fabricante de bicicletas del mundo no te puede ayudar a comprar una en este momento

Lamentablemente, el principal fabricante de bicicletas del mundo no te puede ayudar a comprar una en este momento
Una trabajadora de la fábrica de bicicletas Giant en Taichung, Taiwán, 23 de julio de 2020. Foto: An Rong Xu / The New York Times

TAICHUNG, Taiwán — Debido a que los gimnasios están cerrados y a todos nos caería bien un poco de ejercicio; a que estamos evitando los autobuses y trenes; a que estamos ávidos de actividades grupales al aire libre, o quizá simplemente a que la pandemia nos ha hecho anhelar placeres simples como sentir el viento contra nuestra cara, las ventas de bicicletas se están disparando por todo el mundo.

Eso ha traído como consecuencia una escasez internacional. Y el mayor fabricante de bicicletas del mundo, Giant, tiene previsto que sus existencias sigan limitadas por un tiempo.

Luego de que el presidente Donald Trump comenzó su guerra comercial con China en 2018, Giant trasladó parte de sus operaciones de producción para el mercado estadounidense de China a la sede de la compañía en Taiwán, para así evitar los nuevos aranceles. El siguiente año, la Unión Europea impuso medidas antidumping a las bicicletas eléctricas de China, por lo que Giant empezó a fabricar ese tipo de bicicletas en Taiwán también.

Pero cuando la pandemia causó que la demanda por las bicicletas aumentara, Giant tuvo que dar marcha atrás. Con sus instalaciones en Taiwán ya sometidas a gran presión, a la compañía no le quedó más opción que incrementar la producción en China, aunque eso significara asumir los costos adicionales por los aranceles.

“No existe otro lugar en el mundo como China, que puede pasar de cero a cien en un instante, como un carro deportivo. ¡Run, run, ruuuuuuuun!” dijo en una entrevista Bonnie Tu, la presidenta de Giant.

Este año, el gobierno de Trump eliminó de forma temporal los aranceles a una variedad de artículos fabricados en China considerados de poca importancia estratégica. Las bicicletas entraron en esa lista, lo que le facilitó mucho a Giant volver a producir en China parte de sus bicicletas para el mercado estadounidense.

Pero la pausa en la aplicación de aranceles para ciertos tipos de bicicletas expiró este mes, lo que significa que Giant podría tener que volver a ajustar sus mecanismos de abastecimiento. El acuerdo comercial que Estados Unidos y China firmaron en enero se ha mantenido a pesar de que las dos potencias han tenido desencuentros en otros temas. Sin embargo, eso casi no ha facilitado la planificación de las empresas e industrias que están atrapadas en el medio.

“No es que quiera irme de China. En absoluto”, dijo Tu. “Es que no hay nada que se pueda hacer. Hay demasiados obstáculos comerciales”.

Giant saltó a la fama hace varias décadas fabricando bicicletas para la icónica marca estadounidense Schwinn antes de convertirse de forma gradual en una potencia por derecho propio. A medida que China iba desplazando a Taiwán como centro mundial de fabricación, Giant comenzó a inaugurar fábricas allí, aunque mantuvo una planta cerca de Taichung, la ciudad taiwanesa donde se dice que fue inventado el té de burbujas. En la actualidad, la compañía tiene cinco fábricas en China, las cuales representan el 70 por ciento de su producción.

Trabajadores en la línea de montaje de la fábrica de bicicletas Giant en Taichung, Taiwán, 23 de julio de 2020. Foto: An Rong Xu / The New York Times

Giant cerró sus plantas chinas cuando las infecciones de coronavirus empezaron a propagarse con rapidez por todo el país, y las mantuvo así durante mes y medio. Luego, cuando Europa y Estados Unidos impusieron cierres de emergencia, los importadores cancelaron sus órdenes.

Las ventas en Estados Unidos comenzaron a recuperarse de nuevo en marzo, afirmó Tu, y en la actualidad todas las fábricas de Giant están operando prácticamente a toda máquina para reponer la producción perdida. A pesar del aumento repentino de compradores primerizos de bicicletas, Tu no tiene previsto invertir “a ciegas” en ampliar la capacidad manufacturera. No está del todo convencida de que el nuevo amor del mundo por las bicicletas sobrevivirá la pandemia.

“Ningún auge dura para siempre”, afirmó. “La pregunta es si culminará de forma rápida o lenta”.

Tu confesó que le costaba entender por qué los dueños de las empresas chinas parecían creer que a sus clientes solo les importaba el precio y no la calidad. “Están dispuestos a gastar decenas de miles de euros en una botella de vino tinto”, afirmó Tu. “¿Por qué piensan que otras personas están dispuestas a andar en bicicletas de 60 dólares?”.

Su preocupación, en lo que respecta a China, es mantener allí la fuerza laboral de Giant. Está disminuyendo el interés de las nuevas generaciones en los trabajos en fábricas. Contratar personal en China sigue siendo difícil por el momento, a pesar de los múltiples despidos.

“Antes, si queríamos contratar un trabajador en China, aparecían tres personas que deseaban el puesto”, comentó Tu. “Ahora, si buscas tres trabajadores, es todo un éxito que te llegue una persona a solicitar el empleo”.

Afirmó que Giant está intentando descubrir la manera de utilizar mejor sus recursos en China en medio de la inestabilidad geopolítica. ¿Qué pasaría si Trump decidiera cancelar mañana su guerra comercial?

“Por supuesto que regresaríamos a China”, dijo, riendo. “Eso es seguro”.

Los vínculos comerciales entre Taiwán y China son sólidos, aunque todos los demás aspectos de su relación son complicados. China reclama a esa democracia autónoma como parte de su territorio, y no ha descartado utilizar la fuerza para doblegar la isla a su voluntad.

Giant inauguró recientemente una fábrica en Hungría y tiene como meta producir allí 300.000 bicicletas el año que viene. Muchos fabricantes se han establecido en Vietnam, pero, según Tu, el Sudeste Asiático no es una ubicación conveniente para Giant. El mercado local no es suficiente para sus bicicletas.

¿Podría Giant fabricar algún día en Estados Unidos?

“Creo que no se puede descartar esa posibilidad”, afirmó Tu, de manera algo misteriosa. Añadió que, desde que comenzó la guerra comercial, se ha “convencido de que todo es posible”.

Sin embargo, afirmó que sería “muy difícil”. Señaló que lo que podría ayudar son los robots.

“Si logramos mayor automatización, tendremos más oportunidad”, mencionó Tu. “Con la automatización que tenemos hoy, creo que no tenemos ninguna oportunidad en absoluto”.

En otras palabras, la única manera de fabricar bicicletas en Estados Unidos es no involucrando en el proceso a muchos estadounidenses.

La desindustrialización de Occidente es una de las muchas realidades sombrías del 2020 que la industria de las bicicletas no va a cambiar por sí sola. Sin embargo, el auge de las bicicletas por el coronavirus se relaciona con otros tipos de transformaciones que podrían emerger de este momento oscuro. Ciudades de todo el mundo están reacondicionando sus calles para poner ciertos límites a los automóviles y darles más espacio a los peatones y ciclistas. Los gobiernos europeos están acelerando sus inversiones en infraestructura para bicicletas y en programas de promoción de su uso.

Una hermosa tarde de verano, Tu aceptó alegremente dar un paseo en bicicleta cerca de la sede de Giant en Taichung. Salió de su oficina con lentes espejados envolventes y un maillot de ciclismo azul petróleo.

Incluso las esquinas más triviales de Taiwán están repletas de asombrosa belleza natural: montañas color añil, el mar reluciente y áreas verdes en una amplia gama de matices alucinantes. Taiwán ha sufrido muy pocas muertes por coronavirus y no ha impuesto confinamientos masivos.

Tu no pudo ocultar su euforia mientras se esforzaba por subir una colina en una bicicleta eléctrica azul brillante.

“¡Sí!”, gritó. “¡OK!”

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