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Después de admitir el error, AstraZeneca se enfrenta a preguntas difíciles sobre su vacuna

Después de admitir el error, AstraZeneca se enfrenta a preguntas difíciles sobre su vacuna
Interior de los laboratorios del Grupo de Vacunas de Oxford, en Oxford, Inglaterra, el 19 de noviembre de 2020. (Andrew Testa/The New York Times).

El anuncio de esta semana de que una vacuna contra el coronavirus barata y fácil de fabricar parecía tener una eficacia de hasta el 90 por ciento fue recibido con júbilo. “Ve por un vacachino”, celebró un tabloide británico, al señalar que la vacuna, desarrollada por AstraZeneca y la Universidad de Oxford, cuesta menos que una taza de café.

Sin embargo, después de que presentó los resultados preliminares, AstraZeneca reconoció un error clave en la dosis de la vacuna que recibieron algunos participantes de su estudio, lo que aumentó las dudas sobre si la eficacia en apariencia espectacular de la vacuna se mantendrá con pruebas adicionales.

Los científicos y los expertos de la industria dijeron que el error, y una serie de otras irregularidades y omisiones en el modo en que AstraZeneca reveló los datos inicialmente, han erosionado su confianza en la fiabilidad de los resultados.

Funcionarios de Estados Unidos han observado que los resultados no eran claros. El jefe de la principal iniciativa federal de vacunas sugirió que los resultados más prometedores de la vacuna quizá no hayan reflejado datos de personas mayores.

La conclusión, según los expertos, es que las probabilidades de que los organismos reguladores de Estados Unidos y otros países autoricen con rapidez el uso de emergencia de la vacuna de AstraZeneca están disminuyendo, lo que supone un inesperado revés en la campaña mundial para acorralar la devastadora pandemia.

“Creo que de verdad han socavado la confianza en todo su programa de desarrollo”, afirmó Geoffrey Porges, un analista del banco de inversiones SVB Leerink.

Michele Meixell, vocera de AstraZeneca, declaró que los ensayos “se llevaron a cabo con los más altos estándares”. Después de que se descubrió el error en la dosis, los reguladores británicos autorizaron el plan para continuar probando la vacuna en diferentes dosis, según una declaración que Meixell atribuyó a Oxford.

AstraZeneca fue la tercera compañía en reportar resultados alentadores para una vacuna contra el coronavirus este mes. El lunes por la mañana, a primera vista, los resultados parecían prometedores. Dependiendo de la potencia con la que se administraran las dosis, la vacuna parecía tener entre un 90 y un 62 por ciento de efectividad. La eficacia promedio, según los desarrolladores, fue del 70 por ciento.

Sin embargo, casi de inmediato, surgieron dudas sobre los datos.

El régimen que parecía tener una eficacia del 90 por ciento se basaba en que los participantes recibían media dosis de la vacuna, seguida de una dosis completa un mes después; la versión menos eficaz implicaba un par de dosis completas. AstraZeneca reveló en su anuncio inicial que menos de 2800 participantes recibieron el régimen de la dosis más pequeña, en comparación con casi 8900 participantes que recibieron dos dosis completas.

Las preguntas más importantes fueron: ¿por qué hubo una variación tan grande en la eficacia de la vacuna en diferentes dosis y por qué una dosis más pequeña pareció producir resultados mucho mejores? Los investigadores de AstraZeneca y Oxford dijeron que no lo sabían.

También faltaba información básica. La compañía dijo que el análisis inicial se basó en 131 casos sintomáticos de COVID-19 que habían surgido en los participantes del estudio. Pero no detalló cuántos casos se encontraron en cada grupo de participantes: los que recibieron la dosis inicial de media potencia, la dosis inicial de potencia regular y el placebo.

“El comunicado de prensa planteó más preguntas que respuestas”, comentó John Moore, profesor de microbiología e inmunología del Centro Médico Weill Cornell.

Para aumentar la confusión, AstraZeneca reunió los resultados de dos ensayos clínicos de distinto diseño en el Reino Unido y Brasil, una desviación de la práctica estándar de informar sobre los resultados de los ensayos de medicamentos y vacunas.

“No puedo entender de dónde viene toda la información ni cómo se combina”, explicó Natalie Dean, bioestadista y experta en el diseño de ensayos de vacunas de la Universidad de Florida, quien escribió en Twitter que AstraZeneca y Oxford “se sacan una mala calificación en transparencia y rigor en cuanto a los resultados de ensayos de vacunas que reportaron”.

Con la caída de las acciones de AstraZeneca del lunes, los ejecutivos de la empresa realizaron varias conferencias telefónicas privadas con analistas de la industria en las que revelaron detalles que no estaban en el anuncio público, incluyendo cómo los casos de COVID-19 se clasificaron en diferentes grupos. Estas revelaciones no son poco comunes en la industria, pero a menudo generan críticas acerca de por qué los detalles no se compartieron con el público.

Pronto surgieron problemas más grandes.

El lunes, un ejecutivo de AstraZeneca dijo a Reuters que la compañía no había tenido la intención de que los participantes recibieran la mitad de la dosis. Los investigadores británicos que llevaron a cabo el ensayo en ese lugar se propusieron en un inicio dar la dosis completa a los voluntarios, pero un mal cálculo hizo que, por equivocación, solo se les diera la mitad. El ejecutivo, Menelas Pangalos, describió el error como una “casualidad”, que les permitió a los investigadores toparse con un régimen de dosificación más prometedor.

Para muchos expertos externos, eso socavó la credibilidad de los resultados porque los ensayos clínicos rigurosamente calibrados no se habían diseñado para probar cuán bien funcionaba una dosis inicial de media potencia.

El anuncio inicial de la empresa no mencionó la naturaleza accidental del descubrimiento.

En la declaración atribuida a Oxford, Meixell, la vocera de AstraZeneca, dijo que el error provenía de un problema ya solucionado con la manera en que se fabricaron algunas de las dosis de la vacuna.

Posteriormente, el martes, Moncef Slaoui, jefe de la Operación Máxima Velocidad, la iniciativa estadounidense para acelerar las vacunas contra el coronavirus, señaló otra limitante en los datos de AstraZeneca. En una llamada con periodistas, sugirió que los participantes que recibieron la dosis inicial de media potencia tenían 55 años o menos. Meixell se negó a confirmar si esto era correcto y señaló que los datos se publicarían pronto en una revista arbitrada.

Si la dosis inicial de media potencia no se probaba en participantes mayores, quienes son especialmente vulnerables a la COVID-19, se debilitaría el argumento que AstraZeneca dio a los reguladores de que la vacuna debía ser autorizada para su uso en casos de emergencia.

Stephanie Caccomo, portavoz de la Administración de Medicamentos y Alimentos (la FDA, por su sigla en inglés), se negó a comentar si la equivocación en la dosificación perjudicaría las posibilidades de que la vacuna fuera autorizada. La FDA ha dicho que espera que las vacunas tengan una efectividad de al menos un 50 por ciento en la prevención o reducción de la gravedad de la enfermedad; la vacuna parece haber superado ese límite incluso en el grupo que recibió las dos dosis completas.

Pfizer y Moderna dijeron este mes que sus vacunas, que utilizan una tecnología conocida como “ARN mensajero”, parecen tener una eficacia del 95 por ciento. Parece ser muy probable que ambas ofertas obtengan la autorización de emergencia de la FDA en las próximas semanas.

La vacuna de AstraZeneca, que utiliza una estrategia diferente, que implica el uso de un virus de chimpancé para provocar una respuesta inmune al coronavirus, contaba con todos los elementos para ser un éxito.

Era barata (apenas unos cuantos dólares por dosis) y fácil de producir en masa. A diferencia de las vacunas de Pfizer y Moderna, la de AstraZeneca podía almacenarse durante meses en refrigeradores normales. La empresa calculó que será capaz de producir unos 3000 millones de dosis el año próximo, suficientes para vacunar a casi una quinta parte de la población mundial.

En Estados Unidos, que hizo un pedido de al menos 300 millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca, el camino reglamentario a seguir no está claro. AstraZeneca habló con cautela sobre sus planes de buscar la aprobación regulatoria. La farmacéutica afirmó que buscaría la orientación de la FDA para saber si debería o no presentar sus hallazgos de manera formal para solicitar la autorización de emergencia.

AstraZeneca no ha estado probando la prometedora dosis inicial de media potencia en su ensayo en curso en Estados Unidos. La empresa comentó que trabajaría con la agencia para añadirla lo antes posible a ese ensayo.

Así mismo, los científicos están presionando al equipo de Oxford para que inicie un nuevo ensayo a gran escala centrado únicamente en determinar si el régimen de media dosis en verdad es más eficaz que las dos dosis estándar.

“La única manera de averiguarlo es poniendo a prueba esta observación casual de manera específica y deliberada. En ellos recae la responsabilidad de comprobar la especulación”, concluyó Moore.

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