Finca Agroturística Sostenible Pamel: Historia, folclor y naturaleza

Finca Agroturística Sostenible Pamel: Historia, folclor y naturaleza
La finca fue certificada en el 2009 por la Autoridad de Turismo de Panamá y el Ministerio de Desarrollo Agropecuario. Foto, ATP.

La gira guiada por la finca  incluye visita a la granja, el huerto, el mirador del río La  Villa, la Casita Museo  de las  fiestas hecha de barro, así como de las  tradiciones  de La Villa de Los Santos.

En los terrenos del sitio arqueológico Cerro Juan Díaz, en La Villa de Los Santos, que sirvió de sitio de  sepultura, hace más de 2,200 años  antes de Cristo, donde se encuentran los restos mortuorios de los aborígenes del asentamiento humano Cubita, inicia una gira  inolvidable y de mucho aprendizaje.

En la Finca Agroturística  Sostenible Pamel, el recorrido se realiza en 45 minutos. Durante el trayecto para llegar al punto más alto del cerro se observan pedazos de piezas de barro precolombinas y conchas  marinas, que evidencian que hubo vida en comunidad, en aquella época.

Desde los 42 metros de altura  del cerro, el visitante puede observar, acariciado por una agradable  brisa y los rayos del sol, parte de las tierras de Chitré, el río La  Villa, Las Salinas de Santa Ana y los manglares que protegen la costa.

Excavaciones  dirigidas por Carlos  Tomas, arqueólogo chileno en los años 80,  descubrieron abundantes materiales culturales de la época precolombina y en 1991 la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico, del Instituto Nacional de Cultura, preocupada por una ola destructiva de saqueos en el Cerro Juan Díaz le solicitó al antropólogo Richard Cooke organizar una investigación científica  en este sitio.

El poblado indígena  Cubita estaba ubicado,  aproximadamente,  a 1.5 km de la actual  Villa de Los Santos  hacia el sur y a orillas del río La Villa (antiguamente llamado río Cubita o río Maizales).

En el cerro se hallaron  los residuos de un taller especializado en la confección  de prendas de concha  marinas, que utilizaban  los varones para cubrirse. Se presume que las conchas provenían de San Blas.

La mayor parte de los hombres andaban desnudos, incluso los de alto rango social, aunque en algunas partes era común  el cubrepene de caracol marino o cañuto de madera, pero a juicio de los investigadores era un símbolo de afiliación cultural. Por su parte, las mujeres se tapaban el área púbica  con alguna prenda  que variaba  de acuerdo a la región.

Los adornos de conchas que se encontraron en las sepulturas  depositadas antes del 1,250 dC se hicieron de los ostiones espinosos (Spondylus spp) y perlífero (pinctada mazatlanica) materiales que adquirieron un gran valor por toda América tropical.

Otros resultados de las investigaciones, confirmaron que este sitio fue ocupado desde el 200 a.C y por casi 2,000 años. Sus  habitantes reservaron algunos  sectores de la aldea  para  entierros que abarcan  casi mil años.

Según los estudios, el 44% de los esqueletos encontrados (n=115) muchos de ellos niños  y bebés. Y el 74% de los adultos, cuyo sexo pudo establecerse (n=35), eran femeninos.

Una de las últimas actividades funerarias encontradas consistía  en una ofrenda  de 28 vasijas  que contenían mandíbulas y maxilas humanas, cuyos dientes fueron extraídos post mortem. Este rasgo funerario se encontró en cercanía a una estructura con un piso de arcilla quemada, que bien pudo haber funcionado como casa mortuoria, que servía para guardar los restos embalsamados de los ancestros.

El oro más antiguo de Panamá se encontró en el Cerro Juan Díaz e incluía placas de oro martillado encontradas con cuentas de conchas de spondylus y otros materiales asociados con los entierros y que, probablemente, formaban parte de los vestuarios de los muertos. Los fósiles  más antiguos que se encontraron  en esta zona arqueológica datan del año 200 aC

Actualmente, el lugar se  conoce como sitio arqueológico Cerro Juan Díaz de unas 100 hectáreas. Fue un lugar de viviendas, actividades de trueque y rituales mortuorios hasta el contacto español.

“Todo el valor que estuvo y puede estar bajo nuestros  pies es parte de la historia de nuestro país y se debe salvaguardar”,  resaltó el  ingeniero industrial Pablo Arosemena, con 13 años de experiencia  en agroturismo y encargado de la oferta en valor del lugar  y de relatar su historia.

Explicó que al inicio lo que ofrecía la finca era netamente turístico y de contacto con los animales, pero poco a poco se ha ido agregando valor a la experiencia,  y la esencia  del producto turístico hasta  en el mercado publicitario  se ve reflejado la época precolombina.

La  experiencia permite que tanto niños como adultos participen de actividades como ordeño, paseos a caballo, de la alimentación de animales como: cabras, burros, gallinas, ovejas, entre otros, que han sido domesticados.

“Con el  contacto con los animales aprenden lo que están escuchando, de las actividades de nuestros indígenas en aquella época y de la llegada de los españoles a esta región del país, así como el folclor productos de ese contacto”, señaló Arosemena.

La finca  fue certificada en el 2009 por la Autoridad  de Turismo de Panamá (ATP)  y el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) y en febrero pasado recibió la visita  de touroperadores, compradores de productos y  periodistas de Francia  e Inglaterra, que participaron del Adventure Next, interesados en conocer la oferta turística de Panamá.

La gira guiada por la finca  incluye visita a la granja, el huerto, el mirador del río La  Villa, la Casita Museo  de las  fiestas hecha de barro, así como de las  tradiciones  de La Villa de Los Santos, donde el visitante puede apreciar las diferentes versiones de la pollera, vestidos de fantasía utilizados en el carnaval tableño y escuchar una breve reseña sobre el folclor de la región y de la herencia que nos dejaron los españoles, que es parte hoy de nuestra historia.

El  área del gazebo es ideal para celebrar matrimonios, cumpleaños y reuniones corporativas, rodeados de la naturaleza y muy cerca del sitio arqueológico. En este mismo sitio se proyectan películas al aire libre y  se puede disfrutar de un almuerzo típico.

“Es un lugar seguro para compartir con la familia, ya que las experiencias se han adecuado cumpliendo  con todas las medidas de bioseguridad establecidas por el Ministerio de Salud (MINSA), por lo que el tours, pasadías y estadías  se organizan en grupo familiar”, aseguró Arosemena.

Los niños pueden completar la experiencia  en los diferentes talleres de gastronomía, de pintura precolombina y  de arqueología; igualmente, los adultos del taller de  confección de cutarras a la medida, participando de su elaboración, así como tomarse fotos empollerada o con otros atuendos propios  de la región.

El horario de atención en la finca es de lunes a viernes de 8:00a.m a 6:00 pm y . fines de semana de 10:00 a.m. a 5.00 p.m., correo: info@fincapamel.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *