La llegada del enviado especial estadounidense para la isla ártica, Jeff Landry, ha terminado de confirmar la presión que pretende seguir ejerciendo Washington
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, rechazó este martes ceder la soberanía de la isla como parte de cualquier acuerdo para establecer bases estadounidenses adicionales en el territorio, informó el diario La Razón.
Tras meses de fricciones entre Groenlandia, territorio semiautónomo de Dinamarca, y Estados Unidos, parecía que las aguas se habían calmado a raíz del recrudecimiento del conflicto en Irán. Sin embargo, la llegada del enviado especial estadounidense para la isla, Jeff Landry, termina de confirmar la presión que pretende seguir ejerciendo Washington.
El Pentágono trata de negociar con Groenlandia para ampliar su presencia militar con la apertura de tres nuevas bases amparadas en el actual acuerdo de defensa con Dinamarca.

Pero Washington pretende además que esas instalaciones queden bajo soberanía estadounidense, una condición que tanto Copenhague como Nuuk rechazan de plano. “No vamos a ceder soberanía”, declaró Nielsen a los periodistas.
Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en el 2024, Groenlandia ha pasado a ocupar un lugar inesperadamente central en la estrategia exterior de Estados Unidos.
En enero, el republicano llegó a sugerir incluso la posibilidad de usar la fuerza para hacerse con el control del territorio. Washington justificó su creciente interés en Groenlandia apelando a razones de seguridad nacional: Trump ha defendido repetidamente que el control de la isla resulta esencial para impedir una mayor influencia de China y Rusia en el Ártico, una región cada vez más estratégica por sus recursos naturales y por las nuevas rutas marítimas abiertas por el deshielo.
Pero el viaje de Landry tiene un peso político diferente: es el primer desplazamiento de un representante nombrado específicamente para impulsar la relación entre Washington y la isla.
La figura de Landry ya había generado rechazo antes incluso de aterrizar en la capital groenlandesa. Desde su designación como enviado especial, el republicano acumuló declaraciones agresivas a favor de integrar Groenlandia en Estados Unidos y respaldó públicamente las amenazas de anexión lanzadas por Trump a comienzos de año.
Pese a calificar de “constructiva” la primera reunión mantenida con el enviado estadounidense, Nielsen insistió en que no había “ningún indicio de que algo haya cambiado” en relación a las amenazas de Trump sobre el territorio. “Groenlandia no está en venta y los groenlandeses tienen derecho a la autodeterminación. Este no es un tema negociable”, reiteró tras el encuentro.
El ministro de Exteriores groenlandés, Mute Egede, mantuvo el mismo tono y advirtió de que el objetivo estratégico de Estados Unidos seguía intacto.
“Nuestra línea roja permanece”, afirmó, dejando claro que Nuuk no aceptaría negociaciones paralelas fuera del grupo de trabajo creado tras las conversaciones mantenidas en Washington entre representantes estadunidenses, daneses y groenlandeses.
