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La exposición temprana a pantallas se relaciona con cambios cerebrales en adolescencia

La exposición temprana a pantallas se relaciona con cambios cerebrales en adolescencia
En la imagen de archivo, un niño japonés juega en Minamiaso, prefectura de Kumamoto, Japón. EPA/JEON HEON-KYUN

La investigación, que siguió a niños durante más de una década, halló cambios duraderos en el desarrollo cerebral

Los niños expuestos a altos niveles de tiempo frente a pantallas antes de los dos años presentan cambios en el desarrollo cerebral asociados con una toma de decisiones más lenta y un aumento de la ansiedad durante la adolescencia, según un estudio publicado en la revista eBioMedicine, informó la agencia EFE.

La investigación, realizada por científicos del Instituto para el Desarrollo Humano y el Potencial (A*STAR IHDP) de la Universidad Nacional de Singapur, hizo un seguimiento de más de diez años y utilizó imágenes cerebrales tomadas en múltiples etapas del crecimiento, esto permitió trazar una posible vía biológica entre la exposición temprana a las pantallas y la salud mental en etapas posteriores.

De acuerdo con la universidad, se trata del primer estudio que incorpora mediciones a lo largo de un periodo tan extenso, lo que pone de relieve las consecuencias duraderas del tiempo de exposición a las pantallas en la infancia.

Los expertos subrayan que los primeros años de vida son especialmente sensibles a las influencias del entorno, y que las prácticas de padres y cuidadores desempeñan un papel clave.

Niños utilizando celulares en una aula de clases.

El equipo dio seguimiento a 168 niños, a quienes se les realizaron escáneres cerebrales a los 4, 5, 6 y 7.5 años, los resultados mostraron que aquellos con mayor exposición a pantallas en la infancia temprana presentaron una maduración acelerada de las redes cerebrales vinculadas al procesamiento visual y al control cognitivo, posiblemente como respuesta a la intensa estimulación sensorial de los dispositivos digitales.

En contraste, el tiempo frente a pantallas medido a los tres y cuatro años no mostró los mismos efectos, lo que refuerza la idea de que los primeros años son un periodo particularmente vulnerable.

“La maduración acelerada se produce cuando ciertas redes cerebrales se desarrollan demasiado rápido, a menudo en respuesta a la adversidad u otros estímulos”, explicó el investigador Huang Pei, uno de los autores del estudio.

Según los hallazgos, esta especialización prematura ocurre antes de que el cerebro desarrolle conexiones eficientes para el pensamiento complejo, lo que puede limitar la flexibilidad y la resiliencia. A los 8.5 años, los niños con estas alteraciones tardaban más en tomar decisiones en tareas cognitivas, y aquellos con mayor lentitud mostraron niveles más altos de ansiedad a los 13 años.

No obstante, el estudio también ofrece una señal positiva, investigaciones relacionadas del mismo equipo, publicadas en el 2024, indican que la lectura compartida entre padres e hijos puede contrarrestar parte de estos efectos.

Entre los niños cuyos padres les leían con frecuencia a los tres años, la relación entre el tiempo frente a pantallas y las alteraciones cerebrales se debilitó de forma significativa.

Los investigadores concluyen que la lectura compartida puede proporcionar una experiencia enriquecedora e interactiva de la que carece el consumo pasivo de pantallas, al fomentar la interacción recíproca, la exposición al lenguaje y la conexión emocional, factores clave para un desarrollo cerebral saludable.

 

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