Dentro del nuevo planteamiento estratégico de Washington y su apuesta hegemónica en la América, Cuba tiene un papel relevante, como México, Panamá o Groenlandia
Cuba no es Venezuela. Ni tampoco Irán. Los expertos coinciden en resaltar las diferencias que separan a la isla de los otros dos países en los que Estados Unidos ha intervenido recientemente, sobre todo cuando su presidente, Donald Trump, dice que La Habana es “la próxima”, informó la agencia EFE.
Economistas, exdiplomáticos e historiadores consultados han distinguido una serie de argumentos claves para caracterizar la especificidad de Cuba, de los recursos naturales a la estructura del poder, de la cercanía física al territorio estadounidense a las composición de la oposición y sus líderes.
El economista cubano Ricardo Torres destaca que Cuba tiene “potencial”, pero recalca que “el país hay que reconstruirlo completo”. Señala que Cuba no tiene “recursos tan relevantes” ni evidentes como el petróleo de Venezuela e Irán, aunque sí cuenta con reservas importantes de níquel y cobalto.
“A diferencia de esos dos países, Cuba es más una promesa de futuro que algo inmediato. Y para una administración como la de Trump, que busca resultados muy a corto plazo y con gran impacto, el efecto económico de Cuba, incluso a mediano plazo, es reducido. Va a haber que invertir muchísimo”, explica.

En Venezuela, el dictador Nicolás Maduro había concentrado gran parte de los resortes de poder en su persona, explica la académica cubana Tamarys Bahamonde. En Cuba la influencia está más repartida entre distintos órganos y figuras relevantes.
Además, esos centros de poder, aunque puedan tener en ocasiones intereses distintos, operan de una forma coordinada. Especialmente en las condiciones actuales, apunta Bahamonde: “La presión exterior es el mejor incentivo para que cierren filas”.
“No veo indicaciones dentro del poder cubano de que haya el nivel de fragmentación” evidenciado en Caracas, añade Bahamonde, que evita especular sobre la posibilidad de que en La Habana hubiese un perfil equivalente al de Delcy Rodríguez en Caracas.
El historiador cubano Pável Alemán, también ve con escepticismo la vía venezolana para Cuba. “Aquí no les va a ser fácil encontrar a alguien con el que intenten negociar de espaldas de la sociedad cubana y lanzar un proyecto de sustitución de gobierno”, asegura.
Frente a la articulación política y económica de la oposición venezolana, el exdiplomático cubano Carlos Alzugaray asegura que en la disidencia cubana, tanto en la isla como en la diáspora, “no hay figuras ni programas que generen consenso”, como podría ser el caso de la Premio Nobel de la Paz María Corina Machado.

“La actual situación económica de Cuba no le conviene a Estados Unidos, porque podría provocar una crisis humanitaria y es un país que está a 90 millas, no puede ignorarlo”, razona Alzugaray, que subraya que Washington se vería perjudicado si cae el régimen de La Habana, lo que podría generar “caos” y una potencial oleada migratoria.
La otra cara de esta moneda la indica Torres, quien destaca que, dentro del nuevo planteamiento estratégico de Washington y su apuesta hegemónica en la América, Cuba tiene un papel relevante, como México, Panamá o Groenlandia.
Esa cercanía, prosigue Alzugaray, tiene una consecuencia. A diferencia de Venezuela e Irán, Cuba está relativamente próxima al territorio estadunidense. “A 320 millas de Miami, inclusive de Mar-a-Lago”, dice en referencia a la residencia personal de Trump.
“¿Quién sabe si La Habana tiene escondidos unos drones con los que atacar el territorio de Estados Unidos? Es un riesgo que nadie puede correr”, apunta este exdiplomático, quien también señala a las posibles dificultades para defender la base estadunidense de Guantánamo, en la isla de Cuba.
Torres distingue asimismo como factor relevante “la gran cantidad de cubanos en Estados Unidos con poder político”, un elemento que “pone a Cuba en un cálculo diferente con respecto a Venezuela e Irán”. “Eso marca y va a marcar las decisiones de la administración de Trump en cualquier escenario, porque tiene que incluir esos intereses, esas fuerzas, esa presión”, señala.
Alzugaray considera que el régimen cubano está “entre la espada y la pared y va a tener que hacer algo”, pero añade que Washington también “necesita urgentemente resolver algo con Cuba” que mostrar al electorado antes de las elecciones de medio mandato de noviembre.
“Si lo de Irán fracasa, como todo parece indicar, entonces Trump va a necesitar algún tipo de éxito. Necesitaría algún acuerdo con Cuba”, explica el exdiplomático, que no ve una solución fácil para las tensiones bilaterales.
A juicio de Alzugaray, a Washington no le conviene la caída del régimen cubano para garantizar la estabilidad en la isla. “Lo que tiene el régimen cubano que le interesa a Trump es su propia existencia. Valga la paradoja”, observa.
