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“No soy un violador”: Trump estalla en entrevista mientras se agravan las repercusiones del tiroteo en una cena para los medios

“No soy un violador”: Trump estalla en entrevista mientras se agravan las repercusiones del tiroteo en una cena para los medios
EFE/EPA/YURI GRIPAS / POOL

Rechazó enérgicamente las acusaciones contenidas en el manifiesto, que según los investigadores circuló poco antes del ataque

El presidente Donald Trump arremetió contra una periodista que leyó fragmentos de un supuesto manifiesto escrito por el sospechoso del incidente de seguridad ocurrido este sábado por la noche en una cena para los medios, al tiempo que afirmaba airadamente que no es un violador ni un pedófilo, como sugería el escrito del agresor, informó el diario Times of India.

En una entrevista con la corresponsal de 60 Minutes de la CBS, Norah O’Donnell, Trump se enfureció cuando se le confrontó con pasajes de los escritos del presunto agresor que lo acusaban de delitos graves. El presidente la interrumpió, llamándola “una vergüenza” y denunciando la decisión de transmitir tales afirmaciones, incluso en el contexto de informar sobre los motivos del sospechoso.

“No soy un violador. No violé a nadie”, dijo Trump, rechazando enérgicamente las acusaciones contenidas en el manifiesto, que según los investigadores circuló poco antes del ataque.

El intercambio se convirtió rápidamente en un ataque más amplio contra los medios de comunicación, en el que Trump acusó a los periodistas de amplificar las palabras de una “persona enferma” y de intentar difamarlo en la televisión nacional.

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a la primera dama, Melania Trump, durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca. EFE/Yuri Gripas

La entrevista, transmitida menos de 24 horas después del dramático incidente de seguridad en Washington, ofreció el primer vistazo detallado a la versión de Trump sobre el episodio.

Insistió en que “no estaba preocupado” cuando se escucharon disparos cerca del lugar, describiendo la presidencia como intrínsecamente peligrosa y sugiriendo que se ha acostumbrado a tales amenazas.

El tiroteo tuvo lugar este sábado por la noche en el Washington Hilton, donde se habían reunido decenas de periodistas, políticos y celebridades para la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca (WHCA), un evento que a menudo se describe como el punto de encuentro más visible entre los medios de comunicación y el poder en Washington.

Según fuentes policiales, un sospechoso de 31 años, identificado como Cole Tomas Allen, intentó irrumpir en el perímetro de seguridad portando varias armas, entre ellas una escopeta y una pistola, antes de ser interceptado por agentes del Servicio Secreto. Un agente resultó herido, pero no se reportaron víctimas mortales, y Trump, junto con otros altos funcionarios -incluido el vicepresidente JD Vance-, fue evacuado rápidamente.

Los investigadores afirman que el sospechoso había difundido un manifiesto incoherente en el que expresaba su ira hacia el gobierno federal y esbozaba un plan para atacar a funcionarios de alto rango. El documento se ha convertido en un punto central de controversia política, particularmente tras la explosiva reacción de Trump ante su contenido durante la entrevista en 60 Minutes.

Captura pantalla de video

Si bien Trump elogió la respuesta del Servicio Secreto como «valiente y hábil», también hizo una admisión inusual en medio de la preocupación por la demora en su evacuación, cuando el vicepresidente fue sacado del lugar al menos 20 segundos antes que él: el presidente dijo que pudo haber retrasado su propia evacuación al dudar en seguir las instrucciones de los agentes en los momentos caóticos posteriores al estallido de los disparos.

Esa admisión se ha sumado a la creciente polémica sobre las medidas de seguridad adoptadas en este evento de gran repercusión. Los críticos, entre ellos antiguos funcionarios de las fuerzas del orden, han cuestionado cómo un individuo fuertemente armado pudo acercarse tanto a un acto al que asistían el presidente y gran parte de los dirigentes estadunidenses.

Los informes que han surgido en las últimas 24 horas apuntan a posibles vulnerabilidades derivadas del propio lugar del evento. El Washington Hilton, un hotel en funcionamiento cerca de la Casa Blanca con múltiples puntos de acceso público, solo estaba parcialmente protegido para el evento.

El propio sospechoso señaló en sus escritos las brechas de seguridad que percibía, lo que intensificó aún más las preocupaciones.

El Servicio Secreto ha defendido su actuación, haciendo hincapié en que los agentes neutralizaron la amenaza antes de que pudiera escalar a un ataque con víctimas masivas.

Pero las voces discrepantes sostienen que la atención no debe centrarse únicamente en la respuesta, sino en la prevención, lo que plantea la posibilidad de cambios en los procedimientos para futuros eventos que impliquen una alta concentración de altos funcionarios.

Políticamente, el episodio ya está resonando en todo Washington. Trump ha enmarcado el ataque como parte de un patrón más amplio de hostilidad alimentado, en su opinión, por sus oponentes políticos: los demócratas en connivencia con los medios liberales. Describió al sospechoso como un «lobo solitario», pero vinculó el incidente con lo que llamó narrativas «peligrosas» sobre su presidencia.

Al mismo tiempo, los comentaristas de los medios de comunicación han aprovechado el arrebato de Trump en directo como una prueba más de la relación cada vez más conflictiva entre la Casa Blanca y la prensa.

Su decisión de atacar personalmente a O’Donnell -especialmente en respuesta a una pregunta basada en la información sobre el sospechoso- ha suscitado críticas por parte de quienes sostienen que corre el riesgo de legitimar la hostilidad hacia los periodistas.

La reacción del público parece profundamente polarizada. Los partidarios han elogiado la contundente refutación de Trump de lo que consideran insinuaciones difamatorias, mientras que los críticos han descrito el intercambio como emblemático de un presidente reacio a enfrentarse a hechos incómodos. A pesar de la agitación, Trump señaló que no quiere que se interrumpa la tradición de la cena de la WHCA, instando a los organizadores a reprogramar el evento si es necesario. Cancelarlo, dijo, significaría entregar una victoria simbólica a la violencia política.

 

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