La firma de un acuerdo global modernizado cimenta la importancia estratégica del país latinoamericano para el bloque
Tardó una década, pero llegó. Este viernes, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, recibió en el Palacio Nacional a una delegación de la Unión Europea (UE), encabezada por Ursula von der Leyen y António Costa, para firmar un nuevo tratado de comercio, cuyas negociaciones se iniciaron en el 2016, informó el diario El Periódico.
El Acuerdo Global Modernizado con dos partes, una comercial y otra política, pretende reemplazar uno firmado a principios de siglo y modernizar los puentes entre el bloque y el país latinoamericano.
La presidenta de la Comisión Europea se presentó a la firma del acuerdo con un rebozo (prenda tradicional mexicana similar a un chal) que recibió como regalo de un grupo de mujeres indígenas. “Es un honor para mí usarlo en esta ocasión histórica” dijo.

“La relación entre México y la Unión Europea puede ser ejemplo de una forma de fortalecimiento económico con respeto a la soberanía”, añadió Sheinbaum tras agradecer el gesto de Von der Leyen. Las líderes aclararon los compromisos de inversión específicos y acuerdos comerciales. Sin embargo, el evento no pudo escapar de la sombra de Donald Trump.
A preguntas de la prensa, la presidenta mexicana aclaró que el nuevo acuerdo no influye en las negociaciones del tratado del libre comercio con Estados Unidos. La presidenta de la Comisión añadió que el compromiso de ambos socios tiene décadas de historia, y los acuerdos entre el bloque y México simplemente fortalecen las relaciones de ambas partes con Estados Unidos.
Las negociaciones se iniciaron el año de la primera elección de Trump y fue la segunda victoria del republicano la que acabó por acelerar el acuerdo, inyectando un sentido de urgencia en ambos lados del Atlántico. Las discusiones se cerraron el pasado noviembre, resultando en un acuerdo que contempla profundizar la cooperación en temas como seguridad, migración, o cambio climático. Con el tratado, la UE amplifica su intención de convertirse en el pilar de protección del orden internacional.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, lo remarcó en un discurso ante el Senado mexicano. “Europa y México pueden ser aliados importantes en la defensa de una reforma de las Naciones Unidas”, dijo, insistiendo en la importancia de preservar los principios fundamentales del orden internacional y en el papel estratégico de México para este propósito. Así, la UE se planta ante la presión del Gobierno estadounidense.

La alianza política también puede ser vital para México. El acuerdo llega en medio de momentos de profunda tensión entre el país y Estados Unidos, su principal socio comercial, con acusaciones contra altos funcionarios estatales del partido oficialista de tener vínculos con el narcotráfico.
Sheinbaum se reunió, el mismo día en que Costa y Von der Leyen aterrizaron, con el jefe de seguridad interna del Gobierno de Trump para mitigar la problemática, pero parece haber poco que satisfaga al republicano, al que se le están agotando objetivos más lejanos como Irán o Cuba.
Los beneficios conómicos no son descartables. El acuerdo establece mecanismos novedosos, elimina aranceles y crea oportunidades de inversión para empresas de ambos lados. El Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología, calcula que el intercambio comercial, hoy valorado en cerca 86.000 millones de euros, podría crecer hasta un 35%.
El Acuerdo Global Modernizado también establece una vía rápida para el intercambio comercial. La más valiosa, la instalación de un tribunal permanente de resolución de controversias entre empresas europeas y el Estado mexicano. Para Valeria Moy, directora general del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), este es el resultado más relevante de la década de negociaciones.
Ahora mismo, las controversias entre empresas y el Gobierno dependen de un proceso individualizado de arbitraje. El tribunal permanente podría acelerar el proceso y brindar mayor seguridad a los inversores, en una economía sedienta de capital. Este tipo de modificaciones revela el espíritu detrás del acuerdo, que también incluye un apartado específico para el comercio digital, pequeñas y medianas empresas y crea un marco claro para el intercambio político.
La firma del acuerdo ha sido simbólica también por los mecanismos de negociación, explica Moy. Para la experta, más allá de las cifras, es un acuerdo muy positivo por el mecanismo de creación: negociaciones claras, institucionalización de las conversaciones, y una vía recta y despejada para concebir un tratado positivo para ambas partes.
Eso es algo que no se ha visto en las negociaciones con Estados Unidos que ya no tienen un rumbo definido. Henio Hoyo, internacionalista del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), considera que eso es, precisamente, lo que la Unión Europea esperaba demostrar en las conversaciones.
