Lo que está pasando en Madrid y lo que ocurrió en Washington se trata, salvando las distancias, del mismo abuso de lo público y de la misma falta de rendición de cuentas
Para mí, Watergate es como estar enamorado en secreto. Mi corazón se acelera cuando escucho “garganta profunda”, borrado de mensajes, fontanería o “qué sabía el presidente y cuándo lo supo”. Hasta el punto de empezar a alucinar con las similitudes entre la corrupción política de España y la de Estados Unidos, informa el diario ABC.
En esencia, y salvando las distancias, se trata del mismo abuso de lo público y de la misma falta de rendición de cuentas.
Conviene recordar que todo empezó en 1971 con la filtración a The New York Times de los Papeles del Pentágono: Una enciclopédica historia secreta sobre la escalada militar en Vietnam y el engaño sistemático del gobierno de Estados Unidos no solo a la opinión pública, sino también al Congreso con resultados catastróficos. A los tres días, Richard Nixon empezó a dar rienda suelta a su paranoia, que terminó por arruinar su Presidencia.
Se creía asediado por los medios de comunicación, las instituciones, el FBI, la judicatura, la academia… Y para detener nuevas e inconvenientes filtraciones, la Casa Blanca creó su propia unidad de metafóricos fontaneros, con licencia para perpetrar toda clase de delitos.
Durante la campaña presidencial de 1972, estos genios orquestaron una chapucera incursión en la sede nacional del Partido Demócrata, situada en el complejo Watergate de Washington. Cuando los intrusos fueron detenidos -con billetes nuevos, material de espionaje electrónico y contactos directos con el Despacho Oval-, la administración Nixon intentó banalizar lo ocurrido como un simple robo fallido.
Pero dos jóvenes reporteros de The Washington Postd, Bob Woodward y Carsl Bernstein, consiguieron con el respaldo de su periódico documentar toda una letanía delictiva orquestada desde la cúpula del gobierno federal.
Además de la excepcional dimisión de Nixon el 9 de agosto de 1974 -posteriormente indultado por su sucesor, Gerald Ford-, un total de 48 individuos fueron procesados y condenados a penas de cárcel por delitos relacionados con el caso Watergate. Y para que el Partido Republicano pudiera salir de su merecido agujero, se necesitó de todo un Ronald Reagan.
