Cientos de altos cargos iraníes y extranjeros rindieron homenaje al asesinado líder supremo de Irán Alí Jameneí, en la primera jornada de los que serán los mayores funerales de la historia de la República Islámica para despedir al hombre que dirigió sus destinos durante más de 36 años
Los funerales se extenderán a cinco ciudades de Irán e Irak durante seis días y se celebran cuatro meses después de que Jameneí fuera asesinado por Estados Unidos e Israel en el primer día de guerra el 28 de febrero.
El féretro del religioso bautizado ahora como “líder mártir” se hizo público pasada la medianoche entre sollozos de sus seguidores y pétalos de flores antes de ser llevado a la mezquita Mosala de Teherán envuelto en una bandera iraní y con un turbante negro -símbolo de los descendientes de Mahoma- y un pañuelo palestino.
Junto al ataúd de Jameneí se encontraban los de cuatro familiares asesinados junto con a él, entre ellos su nieta de tres años y la mujer de su hijo y sucesor Mojtaba, a quien no se ha visto en público desde su nombramiento el 8 de marzo.

Desde primera hora de la mañana una procesión de mandatarios como los primeros ministros de Pakistán y Armenia; los presidentes de Irak, Tayikistán y Georgia, además de representantes de Rusia, China, Irak, Siria, Líbano, Afganistán y Marruecos, entre otros, desfiló ante los féretros para presentar sus respectos al religioso.
Esta presencia internacional es menor, sin embargo, que la de los funerales del fallecido presidente Ebrahim Raisí en 2024 y por ejemplo solo Catar y Omán mandaron representantes oficiales de los países del golfo Pérsico, en una muestra de las tensiones tras la guerra.
Lágrimas y llamadas de venganza
Las autoridades iraníes presentaron sus respetos a Jameneí entre lágrimas como fue el caso del presidente de Irán, Masud Pezeshkian, quien lloró ante el ataúd junto con el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, y el jefe del Poder Judicial iraní, Golamhosein Mohseni Eyei.
Los más altos cargos militares renovaron además su lealtad a la Revolución Islámica y el comandante en jefe del Ejército, el general Amir Hatami, prometió que el país “vengará la sangre del líder mártir”

En Mosala apareció por primera vez el comandante en jefe de la poderosa Guardia Revolucionaria Ahmad Vahidi, a quien no se veía en público desde febrero.
La capital iraní se encuentra en estado de máxima alerta con una fuerte presencia policial por las calles, los vuelos limitados sobre Teherán y un perímetro de seguridad de un kilómetro y medio en torno a Mosala, con el acceso limitado en toda esa zona.
Un enorme dispositivo de seguridad sin antecedentes en el país tras el asesinato del propio Jameneí y de otros altos cargos militares y políticos durante la guerra.
El mayor funeral de la historia de la República Islámica
Tras la jornada de hoy, mañana sábado y el domingo se realizará un velorio en la mezquita Mosalla y el lunes el cortejo recorrerá la capital; el martes, el funeral se trasladará a la ciudad religiosa de Qom; el miércoles a Irak y finalmente Jameneí será enterrado en la urbe sagrada de Mashad, en el noreste del país, en el mausoleo del imán Reza, el octavo del chiísmo.
Las autoridades prevén la participación de unos 20 millones de personas solo en Teherán para despedir a Jameneí, lo que superaría los 10 millones que asistieron al del fundador de la República Islámica Ruholá Jomeiní en 1989, el mayor funeral del país hasta ahora.
Estos enormes actos públicos buscan proyectar el apoyo popular a la República Islámica y de unidad nacional tras meses de guerra con Estados Unidos e Israel y una imagen de continuidad con el eslogan “debemos levantarnos” presente en numerosos cárteles instalados por toda la ciudad.
A pesar de las muestras de apoyo, numerosos iraníes están en contra de la República Islámica, ansían libertades y no olvidan la represión de las protestas de enero que causaron más de 7.000 muertos, según ONGs con sede en el extranjero.
De hecho, cuando se anunció su muerte en febrero desde numerosas ventanas de Teherán se escucharon celebraciones de ciudadanos al “grito de Jameneí a muerto”.
