Un compresor dañado en Betania reduce temporalmente la atención del laboratorio. En Arraiján, una falla en el sensor de un mamógrafo obliga a trasladar pacientes y personal a La Chorrera. La CSS activó contingencias, pero queda una pregunta: ¿qué tan rápido puede responder la institución cuando falla un equipo esencial?
En Betania, un desperfecto en el sistema de aire acondicionado obligó a restringir temporalmente la atención del laboratorio de la Policlínica Don Alejandro De La Guardia. La CSS informó que el daño está en el compresor y que gestiona la adquisición de uno nuevo; estima que el proceso podría tomar aproximadamente siete días hábiles. Mientras tanto, el laboratorio atiende únicamente a pacientes procedentes de urgencias y a quienes ya tienen cita.
En Arraiján, el problema es distinto: una falla en el sensor del mamógrafo de la Policlínica Dr. Blas Daniel Gómez Chetro obligó a activar un plan de contingencia. Las pacientes afectadas serán reprogramadas y se habilitarán jornadas extraordinarias en la Policlínica Dr. Santiago Barraza, en La Chorrera, los sábados 10 y 17 de octubre, con capacidad para 30 pacientes por día.
Dos fallas, dos respuestas
La CSS está actuando para mantener los servicios. En Betania, limita la demanda espontánea mientras gestiona el componente necesario para reparar el aire acondicionado.
En Arraiján, mueve temporalmente pacientes y personal hacia otra instalación y anuncia jornadas adicionales.
Pero desde el punto de vista investigativo, la pregunta no termina con el anuncio del plan de contingencia.
La pregunta incómoda: ¿mantenimiento o reacción?
La propia CSS reconoce en su documentación institucional la importancia del mantenimiento de sistemas y equipos para garantizar condiciones adecuadas de atención. En una inspección reciente de bioseguridad, por ejemplo, la institución señaló que se verifica el mantenimiento programado de los sistemas de aire acondicionado como parte de las condiciones de seguridad de las instalaciones.
Entonces hay varias preguntas que merecen respuesta:
- ¿Cuándo fue el último mantenimiento preventivo del sistema de aire acondicionado de Betania?
- ¿Cuándo se detectó el problema del compresor?
- ¿Cuánto costará la reparación y mediante qué mecanismo se adquirirá el componente?
Y en Arraiján:
- ¿Cuándo fue detectada la falla del mamógrafo?
- ¿Cuánto tiempo llevaba operando el equipo desde su último mantenimiento preventivo?
- ¿Cuántas citas tuvieron que ser reprogramadas?
Esas respuestas permitirían determinar si estamos ante fallas fortuitas y aisladas o ante un problema más amplio que requiera revisar la gestión del mantenimiento.
El dato que merece atención
La Policlínica de Arraiján realizó 3,394 mamografías durante 2024, según datos publicados por la propia CSS. Ese mismo informe registró 46,569 estudios radiológicos en la instalación durante ese año.
Por eso una falla en un mamógrafo no es un asunto menor: afecta un servicio utilizado para la detección temprana del cáncer de mama.
La respuesta de la CSS busca evitar que la interrupción se convierta en una paralización del servicio.
Lo que falta por saber
La institución ha explicado qué falló y qué está haciendo para resolverlo.
Ahora corresponde preguntar por el otro lado de la historia:
- ¿Cuánto costarán las reparaciones?
- ¿Quién realiza el mantenimiento?
- ¿Existen contratos vigentes de mantenimiento preventivo?
- ¿Cuánto tiempo promedio toma reparar equipos similares?
- ¿Cuántas citas o pruebas se han perdido por estas fallas?
- ¿Existe un inventario actualizado de equipos fuera de servicio en la red de la CSS?
- ¿Cuántos equipos críticos están actualmente pendientes de reparación?
Esas respuestas permitirían pasar de una noticia de servicio a una verdadera radiografía del mantenimiento de la institución.
Cuando un equipo médico falla, ¿la CSS está reparando el problema o simplemente administrando la contingencia?
La diferencia puede parecer pequeña. Para el paciente que necesita un examen, no lo es.
