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Gabriel Boric, el desencanto de las promesas de cambio

Gabriel Boric, el desencanto de las promesas de cambio
El presidente de Chile, Gabriel Boric. EFE/Elvis González

El Ejecutivo más joven y feminista de Chile fracasó en sus dos intentos de reformar la Constitución heredada de Pinochet

Gabriel Boric llegó a La Moneda el 11 de marzo del 2022, con 36 años, como el presidente más joven de la historia de Chile y figura emblemática del Frente Amplio surgido de las movilizaciones estudiantiles y del ciclo de protestas que desembocó en el estallido social de 2019. Su coalición capitalizó el descontento contra el modelo heredado de la transición, con la promesa explícita de reemplazar la Constitución de 1980, vinculada al dictador Augutsto Pinochet y de dejar atrás lo que describían como “30 años” de abusos y una política capturada por las élites, informó el diario La Razón.

Ese relato se apoyaba en una superioridad ética autoproclamada frente a la clase política tradicional, que quedó simbolizada en la frase del entonces ministro Giorgio Jackson, al afirmar que la “escala de valores y principios” de su generación distaba de la de quienes les precedieron, lo que fue leído transversalmente como una proclamación de superioridad moral.

Con el tiempo, el propio Jackson matizaría sus palabras, pero la idea de una generación “adelantada” a la sociedad reaparecería tras el fracaso del proceso constituyente, cuando dirigentes del oficialismo sugirieron que el gobierno iba “más rápido” que el país en la lectura de los cambios sociales, alimentando la percepción de desconexión con amplios sectores ciudadanos.

El gobierno de Boric, pese al desgaste político, logró impulsar reformas estructurales relevantes. Destacan la renovación generacional y de género en la conducción del país, con un gabinete mayoritariamente femenino, la reducción gradual de la jornada laboral a 40 horas y el aumento histórico del salario mínimo de unos $550.

También avanzó en derechos sociales con la Ley Karin contra el acoso laboral y la ley que fortaleció el pago efectivo de pensiones de alimentos, además de lanzar la Estrategia Nacional del Litio para posicionar al Estado en un sector clave para la transición energética. Además, aprobó una reforma estructural de pensiones en el 2025 que fortaleció el pilar solidario y la cotización de los empleadores.

El mayor fracaso político del gobierno de Boric fue el proceso constituyente: Dos plebiscitos terminaron en rechazo y mantuvieron vigente la Constitución de 1980, debilitando su promesa de cambio. A eso se suma un bajo cumplimiento de varias promesas programáticas, especialmente en materias de pueblos indígenas, cultura, defensa y reformas institucionales, ampliando la brecha entre expectativas y resultados.

En seguridad y economía se concentraron las principales críticas ciudadanas. Chile enfrentó un aumento de delitos violentos y del crimen organizado, con crisis especialmente visibles en el norte por migración irregular y en la Macrozona Sur por la violencia rural. En paralelo, la recuperación económica fue más lenta que en otros países de la región, con bajo crecimiento, inversión estancada y rezagos en el empleo formal, lo que reforzó la percepción de un escenario adverso para la inversión.

l rey Felipe VI. EFE/ Juanjo Martín

En el registro de las polémicas, la figura de Boric quedó marcada desde el inicio por su relación con España.

En marzo del 2022, en un programa televisivo, el mandatario calificó de “inaceptable” que su ceremonia de investidura se hubiera retrasado por la llegada del rey Felipe VI, declaración que fue matizada posteriormente por La Moneda, mientras la Casa Real española negó ser responsable del retraso. El episodio abrió un primer flanco diplomático con Madrid y alimentó una cobertura muy crítica en parte de la prensa española.

Los principales tropiezos del Gobierno se concentraron en el área de seguridad y gestión política. La fallida conducción inicial de Interior, liderada por Izkia Siches, con errores en temas de migración y conflicto mapuche, instaló tempranamente la percepción de inexperiencia. A ello se sumaron los indultos presidenciales a condenados por delitos vinculados al estallido social y a un exintegrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), una organización guerrillera, así como la entrega de pensiones de gracia a personas con antecedentes graves, lo que reforzó la narrativa de un Ejecutivo indulgente con la violencia y desordenado en la asignación de beneficios.

En política exterior y probidad, la administración enfrentó múltiples crisis.

Filtración de audios en Cancillería, tensiones diplomáticas con embajadores políticos por declaraciones polémicas, roces con gobiernos como Estados Unidos, Israel, Argentina, el intento de compra de la casa de Salvador Allende con conflicto de interés, robo de equipos desde el Ministerio de Desarrollo Social y otros episodios de mala gestión profundizaron la percepción de desorden interno.

En conjunto, estas polémicas moldearon la imagen internacional de un gobierno con impulsos transformadores, pero con una política errática y amateur, además de falencias de profesionalismo institucional.

Lo que ocurra en las presidenciales del 2025 dirá si el ciclo Boric será recordado como un ensayo fallido de cambio de época o como un eslabón intermedio en la recomposición de una izquierda chilena que, tras haber reivindicado una superioridad moral generacional, ha debido enfrentarse a sus propias sombras.

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