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Sánchez enfada a la diplomacia con su “No” a ayudar en el ataque

Sánchez enfada a la diplomacia con su “No” a ayudar en el ataque
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. EFE/EPA/OLIVIER MATTHYS

Responde a la crisis bajo la lógica de movilizar a la izquierda. Las bases de Rota y Morón también las coloca en el debate

El gobierno de Pedro Sánchez recibió el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán en plena fiesta del cine español. Pero el equipo del presidente en Moncloa empezó pronto a escribir el guion de su papel en esta nueva crisis global, informaron medios de prensa españoles.

Y, una vez más, con la mirada puesta en el coste electoral de cada uno de sus pasos. Sánchez volvió a pedir respeto al derecho internacional. Mientras, el motor europeo –Francia y Alemania– se mostró dispuesto a embarcarse en la aventura de derrocar al régimen iraní en colaboración con Washington. Todo un fuera de juego diplomático para Madrid.

Fuentes diplomáticas de alto nivel consultadas por este diario lamentan que el líder socialista esté «respondiendo al conflicto bajo la lógica de movilizar a la izquierda que está en casa». «Hace tiempo que la acción exterior gira alrededor de los intereses electorales del presidente», concede un ex alto cargo diplomático.

De hecho, algunos miembros del Ejecutivo la tomaron con las principales capitales comunitarias, incluida Bruselas, a las que enviaron contundentes misiles dialécticos. El ministro de Transportes, Óscar Puente, lamentó la posición europea, que consideró sumisa a los intereses estadunidenses.

El ministro de Exteriores, Jose Manuel Albares. EFE/ Pablo Garrigós

Los ministros José Manuel Albares (Exteriores) y Margarita Robles (Defensa) negaron ayer taxativamente que las bases estadounidenses de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) estén siendo empleadas por Estados Unidos para apoyar la operación militar contra Irán. Exteriores, de hecho, baraja “todas las opciones” para evacuar a los españoles.

Pero las fuentes diplomáticas consultadas apuntan que el gobierno “no puede decir otra cosa”, puesto que el contexto de “campaña electoral” en el que se desarrolla la política española lo hace imposible. No obstante, Estados Unidos retiró sus aviones cisterna tras la advertencia del Gobierno de que no autorizará su uso para lo que no esté en convenio.

Cabe recordar que la izquierda española es muy sensible a la hegemonía militar de Estados Unidos y a su presencia en territorio español.

Los ministros más izquierdistas no se salieron del guion cocinado en el núcleo duro de Moncloa. Aunque otros rostros de la izquierda, como la líder de Podemos, Irene Montero, volvieron a pedir la salida de España de la OTAN.

“Estados Unidos ha utilizado la base de Rota para su ataque ilegal a Irán. Es evidente que, si ningún país les dejase usar sus bases militares, no podrían cometer estos crímenes. Por eso, hay que salir de la OTAN ya. Nadie en España quiere ayudar a Estados Unidos e Israel a sembrar el terror”, publicó la exministra en la red social X.

Lo cierto es que España, como potencia media, no tiene más remedio que defender en el mundo aquello que le permitió prosperar. Es decir, el manoseado orden internacional. Pero el mundo ha cambiado, como repite el propio presidente cada vez que puede. Las principales potencias han decidido convertir el planeta en un patio donde impera la ley del más fuerte. Por eso, la equidistancia diplomática de Sánchez deja al gobierno en una situación de aislamiento.

Si España enfatiza la primacía del derecho internacional en todos los foros, pero sus socios adoptan posiciones más pragmáticas, Madrid queda desalineada.

Y, como recuerdan los expertos en política exterior, la percepción de unidad importa. La decisión política de Sánchez es la de convertirse en la voz discordante del mundo occidental frente a Estados Unidos por mero cálculo electoral interno.

La cuestión es que tanta singularidad hace correr el riesgo al Ejecutivo de parecer que está perdiendo influencia. No por casualidad, el gobierno español ha sido apartado de algunos de los principales núcleos de decisión internacional.

España, explican los diplomáticos, forma parte de un club que, cuando mira a Medio Oriente, no habla con una sola voz. Cada capital lee el mapa con sus propios prismáticos porque tiene intereses comerciales y equilibrios internos que no siempre encajan.

No es casual que París, Berlín y Londres hayan optado ya por coordinarse con Washington. Para España, esa falta de línea común es un lastre que Sánchez intenta utilizar a su favor. El gobierno intenta sostener un discurso de legalidad internacional y derechos humanos sin romper puentes en una región donde cada palabra tiene eco.

En ausencia de una posición europea sólida, la capacidad de influencia de la UE se evapora. Y en ese vacío, el margen de maniobra de países como España queda condicionado por las dinámicas que marcan las grandes potencias.

Europa, dividida, pesa menos. Y cuando pesa menos, otros deciden. Por eso, Sánchez sigue abonado a la confrontación total con Trump, consciente de que al menos puede ganar rédito interno en clave electoral. España no será inmune a las consecuencias de la guerra en Irán. La subida del precio del petróleo por el más que previsible cierre de Ormuz pondrá patas arriba la economía.

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