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Trump se deshace de los republicanos díscolos, pero pone en riesgo su mayoría en el Congreso

Trump se deshace de los republicanos díscolos, pero pone en riesgo su mayoría en el Congreso
El presidente estadounidense, Donald Trump. EFE/SALWAN GEORGES

De Indiana a Texas, el presidente consigue que sus candidatos ganen en las primarias de su partido, donde ha tumbado a las voces críticas. Pero ese puño de hierro puede volverse en su contra en las elecciones de otoño

Estados Unidos vive una paradoja política esta primavera: En el momento de mayor impopularidad de Donald Trump, ahogado por la guerra de Irán y su impacto en los precios, en medio de conatos de revuelta en su contra de los republicanos del Congreso, el presidente ha vuelto a mostrar su dominio de puño de hierro sobre el partido, informó el diario ABC.

Ha ocurrido en la temporada de primarias previa a las elecciones legislativas de este otoño, donde los republicanos se juegan sus mayorías escasas en las dos cámaras del Congreso. Y donde el presidente de Estados Unidos se juega que los demócratas no incordien en lo que queda de segundo mandato desde el poder legislativo.

Trump ha demostrado en estas primarias que, como en la ranchera, sigue siendo el rey. El que es capaz de poner y quitar candidatos y, sobre todo, de doblegar a los pocos díscolos que tiene dentro del partido. Pero esa demostración de fuerza abre la puerta a otra paradoja: Se puede volver en contra de su partido cuando sean todos los votantes -y no solo los republicanos- los que acudan a las urnas en noviembre.

Fotografía de archivo del Capitolio, sede del congreso de Estados Unidos.

El último ejemplo ha sido en la noche de este martes, en las primarias en Texas, un caladero de escaños republicanos. En la elección más importante, la que define quién será el candidato del partido a uno de los dos escaños del estado en el Senado, se impuso con contundencia la opción que abrazó Trump: Ken Paxton, el hasta ahora fiscal general de Texas.

El apoyo a Paxton supuso una puñalada de Trump a quien hasta ahora ostentaba ese escaño, John Cornyn. Es un peso pesado de la Cámara Alta, con décadas de servicio en el Congreso, respetado por la bancada republicana, con sólidas credenciales conservadoras y una máquina de recaudar dinero para el partido. Estuvo a punto de ser el líder republicano en el Senado hace muy poco.

Pero Trump, contra lo que queda del ‘establishment’ republicano, dio su apoyo explícito a Paxton, un candidato de riesgo: enfrentado con muchos republicanos de Texas, envuelto en escándalos de corrupción, sometido a un ‘impeachment’ o juicio político en su estado, agitado por un divorcio en el que fue acusado de adulterio. Pero trumpista hasta el tuétano y dispuesto a llevar la lealtad a Trump hasta donde sea necesario.

No es que Cornyn no sea trumpista. Votó en contra de los ‘impeachment’ contra Trump en su primer mandato y ha impulsado sus prioridades legislativas en el Senado. Pero el presidente no le perdona algo que dijo hace tres años, cuando el multimillonario neoyorquino estaba inmerso en las primarias republicanas para las elecciones del 2024: “El tiempo del presidente Trump ha pasado”.

Ahora Trump se cobra su venganza y Cornyn ya reposa en el cementerio de los republicanos que incomodaron al capo del partido.
Allí están también los pocos que osaron dar la espalda de verdad a Trump tras el asalto al Capitolio del 6 de enero del 2021, una jornada trágica y bochornosa para la democracia estadounidense, con la firma del multimillonario neoyorquino. Tras la indignación habitual, la gran mayoría volvió a besar el anillo de Trump. Los pocos que no lo hicieron -como Liz Cheney- fueron marginados y expulsados.

Esta primavera, ese cementerio ha sumado nuevas tumbas. Por ejemplo, la de la mayoría de los diputados estatales de Indiana que se opusieron a cumplir con la exigencia de Trump de diseñar un mapa electoral abusivo -la práctica conocida como gerrymandering- para ganar más escaños en ese estado. Fueron siete legisladores y Trump apoyó candidatos alternativos contra todos ellos: solo dos sobrevivieron en primarias.

Poco después, el presidente tuvo la oportunidad de tumbar al republicano que más odia del Congreso: Thomas Massie. Hasta ahora, un diputado muy popular de Kentucky y seguidor fervoroso del ‘América primero’ de Trump. Pero también una voz independiente que consideró que el presidente ha roto sus promesas en asuntos como la transparencia en el caso de Jeffrey Epstein o la guerra de Irán.

Trump apoyó a otro candidato en las primarias y Massie ya es historia. Una diputada con un historial similar a Trump, la volcánica Marjorie Greene, prefirió abandonar su intento de revalidar su escaño antes de que Trump la destrozara en primarias.

Otra víctima reciente es el senador Bill Cassidy, un peso pesado de Luisiana, con más de una década en la Cámara Alta. Este sí que presentó algo más de oposición a Trump que Cornyn y su resultado ha sido el mismo.

El presidente también ha acabado con Thomas Massie, diputado de Kentucky que le criticó por el caso Epstein y la guerra de Irán

Hay otros que han caído incluso sin necesidad de que Trump hiciera un gesto. Le ha ocurrido a Chip Roy, un diputado republicano, un trumpista hasta la médula que, sin embargo, se ha atrevido a cuestionar alguna de sus políticas. A su rival en primarias, Mayes Middleton, le bastó presentar a Roy como un candidato contrario a MAGA (‘Make America Great Again’, ‘Hacer a EE.UU. grande otra vez’, el lema del trumpismo) para ganar este martes. Trump no dio su apoyo a ninguno de los dos candidatos, pero uno de sus asesores electorales, Chris LaCivita, pareció firmar la sentencia de muerte en un mensaje crítpico en redes sociales: ‘Dude’s next’, ‘Este tipo es el siguiente’, una frase utilizada en el trumpismo para señalar a la siguiente víctima del presidente.

«Trump es el líder de nuestro partido y su apoyo es la fuerza más poderosa en política», reconoció Paxton desde Texas, cuando se confirmó su victoria ante Cornyn.

Es algo innegable. Otra historia es las consecuencias que pueda tener esta campaña de ajustes de cuentas. Para empezar, puede complicar la vida a Trump en el Congreso de inmediato. Las primarias han ocurrido en medio de los fogonazos de oposición al presidente entre los republicanos y a los cadáveres que deja en el Senado -como Cassidy y Cornyn- les queda vida en sus escaños hasta el próximo enero.

Críticas internas

La semana pasada, los díscolos republicanos en el Senado fueron suficientes para dejar en suspenso la votación de una ley para financiar una prioridad legislativa para Trump y para ellos: la mano dura en política migratoria. Ocurrió en medio de la incomodidad en buena parte de la bancada republicana por la creación por parte de la Casa Blanca de un fondo de compensación judicial contra la persecución política de casi 1.800 millones de dólares (1.550 millones de euros). Tiene toda la pinta de ser un vehículo de Trump para recompensar a sus leales –por ejemplo, a los condenados por el asalto al Capitolio– en el que, además, el presidente ha añadido una inmunidad para él y su familia en asuntos fiscales. Pero es que también Trump quería colocar un gasto de 1.000 millones de dólares (860 millones de euros) para su ansiado salón de fiestas en la sala este de la Casa Blanca en la ley de gasto en política migratoria.

Una andanada de gasto personalista en un momento en el que los votantes sufren por el impacto de la guerra de Irán, que ha hundido la popularidad de Trump y amenaza con arrastrar a muchos republicanos en otoño. Su venganza contra los senadores Cassidy y Cornyn podría azuzar la combatividad de algunos republicanos contra el presidente.

Los candidatos radicales trumpistas sufren en las elecciones clave, donde las fuerzas entre republicanos y demócratas están parejas

Los problemas podrían ser mayores en otoño. Trump ha demostrado que domina las bases republicanas, donde mantiene un gran apoyo en el electorado MAGA. Eso es un arma brutal en primarias, pero puede ser un freno en la elección general. Es algo que ya sufrieron los republicanos en las legislativas del 2022 y puede volver a ocurrir lo mismo: los candidatos radicales trumpistas sufren en las elecciones clave, donde las fuerzas entre republicanos y demócratas están parejas.
Texas podría ser un ejemplo. La elección de Paxton como candidato da posibilidades a los demócratas. Es una opción controvertida, que puede dejar en casa a los republicanos más moderados y que movilizará a los contrarios. Y ocurre en un momento en el que, dentro del gran apoyo a nivel nacional de los republicanos a Trump (más del 85%), hay grietas en ese electorado: por ejemplo, el 44% de los republicanos suspende su gestión económica y su entusiasmo con ir a las urnas en otoño está con claridad por debajo del de los demócratas.
Trasladado a Texas, esto puede convertir un feudo republicano en un lugar donde se arriesgan a perder un escaño en el Senado. Y, sin él, podrían decir adiós a su mayoría.
Trump, sin embargo, está convencido de que nada de eso ocurrirá. “No me importan las ‘midterms’”, aseguró este miércoles durante una reunión de su gabinete, en referencia a las elecciones legislativas de otoño. Lo decía en relación a la duración de la guerra de Irán y a la preocupación en su partido por el impacto que puede tener en sus electores. “Mira lo que pasó anoche”, celebró en relación a la victoria de Paxton. “Eso fue el preludio de las ‘midterms’”.

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