Este asesor del Kremlin pide atacar ciudades europeas con bombas nucleares para “hacer entrar en razón” a las élites del continente
Sergei Karaganov lleva décadas asesorando al poder en Moscú. Fue consejero de Gorbachov, de Yeltsin y de Putin. Preside el Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia. No es un agitador de las redes sociales ni un comentarista gritón. Es, según sus propias palabras, alguien que ha pasado de ser “la voz orgullosa de una minoría” a representar “la voz de una mayoría abrumadora” en los círculos militares y políticos rusos.
Por eso sus últimas declaraciones, recogidas en una entrevista en el canal de YouTube del politólogo Glenn Diesen, han encendido todas las alarmas, informa el diario La Razón.
En esa conversación, Karaganov propone abiertamente que Rusia suba la escalada del conflicto en dos fases. Primero, atacando con misiles convencionales objetivos “simbólicos o logísticos” en suelo europeo. Después, si Europa no cede, lanzar lo que él llama “ataques nucleares relativamente masivos”. El académico lo acompaña de un ultimátum: si los países afectados no dan marcha atrás, “algunos países de Europa deberían desaparecer”.
Las propuestas van más allá de la retórica habitual del nacionalismo ruso más exaltado. Karaganov pide cambiar la doctrina nuclear del país para que los misiles no apunten solo a proteger el territorio ruso, sino también a “castigar a las élites europeas”.
Propone que esos ataques iniciales vayan dirigidos a sus búnkeres, no a la población civil, aunque admite que esa distinción sería en la práctica muy difícil de mantener. También sugiere que el presidente Putin delegue parte de su autoridad sobre el uso del arma nuclear a un general, para que pueda tomar decisiones sobre el terreno sin necesidad de autorización desde Moscú.
El académico encuadra todo esto en lo que él llama una “Cuarta Guerra Mundial”, un conflicto que ya habría empezado y que se extiende desde Ucrania hasta Medio Oriente y el sur de Asia. En su relato, no es Rusia quien agrede, sino Occidente quien ejecuta una “revancha” por haber perdido el dominio global que tuvo durante cinco siglos.
Las élites europeas, dice, “han perdido la cabeza” y “están llevando a sus países hacia una gran guerra”. Los únicos que podrían pararlas, según él, son sus propios ciudadanos o sus propios “estados profundos”. Si no lo hacen, Rusia tendrá que hacerlo a su manera.
