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Los dispositivos iban rumbo a la desaparición, pero entonces llegó el 2020

Los dispositivos iban rumbo a la desaparición, pero entonces llegó el 2020
Se usa un oxímetro de pulso para verificar el nivel de oxígeno en la sangre de un niño en Portland, Oregon, el 17 de septiembre de 2020. Foto/ Celeste Noche / The New York Times

Se suponía que se extinguirían los dispositivos. Los celulares, las tabletas y los relojes inteligentes devoraron a los dispositivos más débiles que los rodeaban, incluyendo las cámaras, los reproductores de música, las unidades de navegación, los dispositivos de aptitud física y los de videojuegos. Los pocos productos tecnológicos que superaban el barullo de los sitios de financiamiento colaborativo y el campo saturado de las empresas emergentes pronto se comercializaban en masa y a precios más baratos en Amazon.

Las tiendas que vendían dispositivos —Circuit City, RadioShack, Best Buy— habían quebrado y se habían vuelto almacenes lúgubres de productos sin diversión. En 2016, mi colega Farhad Manjoo declaró un “apocalipsis de los dispositivos”.

“Durante 30 o 40 años, a través de recesiones y guerra, a través de estabilidad y revoluciones, siempre estuvieron ahí”, escribió. Pronto, a pesar de la consternación de los entusiastas y los consumistas por igual, quizá se fusionen en una rectangularidad insulsa.

Al menos, por ahora, parece que el apocalipsis de los dispositivos se ha evitado, en parte debido a las amenazas de un apocalipsis de verdad. Siete meses de planes destrozados, confinamientos y nuevas normalidades improvisadas han convertido a los consumidores hastiados de todo el mundo en fanáticos frenéticos de los dispositivos que buscan artículos que, en su disparidad caótica, cuentan la historia de un año oscuro y extraño: oxímetros de pulso, el iPhone 12, filtros de aire HEPA, termómetros infrarrojos, tabletas básicas y computadoras portátiles para tomar clases, la PlayStation 5 (en preventa), lámparas de anillo, congeladores miniatura, equipo de redes domésticas y audífonos con cancelación de ruido.

Los elementos de este auge de los dispositivos están más relacionados con el año 2002 que con 2020. ¿Cuándo fue la última vez que comparaste cámaras web para comprar una? ¿Qué tal salió esa nueva impresora de inyección de tinta? Sin embargo, la situación también evoca el año 2200. ¿Esperabas pasar el verano tratando de averiguar si un purificador de aire fabricado por una compañía de bocinas Bluetooth iba a ser suficiente para limpiar la atmósfera en tu cápsula de aislamiento en un planeta cada vez más hostil?

Un detalle sorprendente de este auge de los dispositivos es que los jinetes del apocalipsis de los dispositivos, que alguna vez pareció inevitable, han frenado su marcha. Gartner, la firma de investigación y consultoría, calculó que las ventas de celulares cayeron un 20 por ciento en el segundo trimestre del año, cuando gran parte del mundo estaba lidiando con cifras de casos graves y cada vez mayores de COVID-19 y economías en drástico declive. Ahora hay nuevas consolas de videojuegos en el horizonte, pero aún no se han lanzado; el dispositivo estrella de la industria de los videojuegos también fue el que tiene más cualidades de aparato en comparación con sus rivales: la Nintendo Switch, con tres años de antigüedad.

Antes de 2020, muchos electrónicos populares de consumo estaban quedando en el olvido, más vitales y útiles que nunca pero adquiridos, utilizados y desechados con una sensación de rutina, en vez de novedad. Así, los celulares son como autos: primero, estorbosos y detestables; luego, omnipresentes y aún más demandantes; finalmente, dados por sentado y vueltos invisibles, a pesar de que recrean el mundo que los rodea de maneras cada vez más ambiciosas.

Las formas en que las personas compran dispositivos también se han vuelto menos distintivas y más infraestructurales. Los sitios de reseñas de productos en los que los lectores antes quizá comparaban auriculares inalámbricos ahora están recomendando, algunos enlaces después, equipos de monitoreo de oxígeno en la sangre. El estilo y el lenguaje desarrollados por una cultura entusiasta de consumo se están extendiendo para adaptarse a las nuevas necesidades. (Para una familia que se esfuerza por hacer que sus hijos estén preparados para el aprendizaje remoto, “Las mejores laptops” es un título menos relevante que “Cómo comprar una laptop o una computadora de escritorio usada”).

El auge de los dispositivos durante la pandemia es una historia de nuevas necesidades satisfechas y viejos deseos restaurados. Comprar audífonos con cancelación de ruido es, por supuesto, un lujo consumista, si se dejan de lado las nuevas circunstancias que los hicieron sentir necesarios: la construcción en la planta baja, el bebé a 6 metros de distancia, el cónyuge atrapado simultáneamente en una videoconferencia. Puedes sentir que se activa un atisbo de memoria muscular cuando haces comparaciones para comprar un aparato de un tipo que nunca has adquirido antes, incluso si ese aparato es —a juzgar por los pedidos atrasados y los primeros listados en Amazon a medida que el invierno se acerca— una lámpara de fototerapia SAD o un calentador para exteriores.

Este auge de dispositivos terminará como cualquier otro, con un montón de basura poco usada y rápidamente obsoleta arrumbada en armarios y vertederos de todo el mundo, pero no inspirará mucha nostalgia. Esto no es un pasatiempo espontáneo en masa ni un deslizamiento hacia la decadencia. Es una población acorralada que gasta lo que puede con la esperanza de que algún invento nuevo evite el desastre, o incluso la tristeza.

Los artilugios que hasta hace poco iban a desaparecer eran de una variedad diferente, y se compraban en circunstancias diferentes. El consumo de dispositivos se ha representado desde hace mucho como una interfaz de comunicación con alguna parte del futuro: opciones en una repisa de las que se puede seleccionar cómo, cuándo o si se quiere participar en lo que venga después. Esta siempre fue una ilusión agradable, y es una que la pandemia ha hecho imposible de sostener.

En este año brutalmente inesperado, los más afortunados hicieron compras para superar los tiempos difíciles, aferrados a la esperanza de que otra compra pudiera solucionar un nuevo problema, momentáneamente revitalizados, aunque solo fuera mientras tocaban otro botón de “Confirmación de pedido”, y animados por el simple y vergonzoso placer de la adquisición. El resto se las arreglaba para salir adelante, satisfaciendo demandas repentinas o simplemente tratando de mantenerse a salvo, a cualquier precio.

Los dispositivos pandémicos no se molestan en mentir y pretender que son la próxima gran novedad. Ni siquiera afirman ser una forma de ponerse al día con la próxima gran novedad. Su obsolescencia futura garantizada —quizá la característica que define a un dispositivo— no es algo que esconder, porque cuando suceda, no será una decepción. Será un alivio.

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