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El ‘muro’ aún motiva a los electores. ¿Pero esta vez lo hace en contra de Trump?

El ‘muro’ aún motiva a los electores. ¿Pero esta vez lo hace en contra de Trump?
Agentes de la Patrulla Fronteriza, de izquierda a derecha: Ben Taylor, Vinny Dulesky y Sergio Molina cerca de la frontera entre Estados Unidos y Arizona, cerca de San Luis, Arizona, el lunes 26 de octubre de 2020. Foto: Gabriella Angotti-Jones/The New York Times

YUMA, Arizona — Podría ser considerado un monumento a los cambios masivos que el gobierno de Donald Trump ha provocado en el sistema de inmigración de Estados Unidos. O podría ser visto como una razón por la que la gente está luchando ferozmente para sacarlo del puesto.

Hace cuatro años, el presidente Donald Trump prometió a los votantes que construiría un muro grande y hermoso. Depende de la perspectiva de cada quien decidir si la barrera de acero de 9 metros, de color marrón oscuro, que se eleva por encima de las tierras fronterizas arenosas de Yuma se considera nueva o hermosa. Sin embargo, en efecto es grande.

Además, es un ejemplo tangible de cómo Trump ha tratado de cumplir radicalmente su promesa de transformar el sistema de inmigración, aunque la mayoría de los cambios tengan poco que ver con alguna barrera física.

En 2016, la inmigración fue uno de los aspectos más definitorios de la campaña de Trump. La idea de un muro fronterizo, así como las políticas de línea dura contra los solicitantes de asilo y los inmigrantes no autorizados que representaba, ayudaron a que Trump llegara a la Casa Blanca. Cuatro años después, el tema ha pasado a segundo plano, no solo por la pandemia, sino también por las manifestaciones en torno a la equidad racial. Las consignas de “Construye el muro” que sin falta encendían a las multitudes durante las manifestaciones de Trump en 2016 han sido remplazadas en gran medida por la retórica acerca de “la ley y el orden”.

No es que Trump haya dejado de lado por completo el tema de la inmigración. Algunos funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional hace poco estuvieron en un tramo de la barrera fronteriza en McAllen, Texas, para promover la casi finalización de 644 kilómetros de muro fronterizo, la mayoría de los cuales han servido para remplazar o mejorar las barreras existentes. Los funcionarios del Servicio de Inmigración y Aduanas han organizado conferencias de prensa y comprado anuncios en vallas publicitarias para llamar la atención sobre lo que normalmente son arrestos rutinarios.

Por otro lado, Stephen Miller, el principal creador de las políticas de inmigración del gobierno, esbozó recientemente un programa de segundo periodo que incluiría más límites a los migrantes que solicitan asilo y una mayor ampliación de las prohibiciones de viaje, con el fin de bloquear la entrada de ciudadanos de algunos países.

Después de todo, la inmigración es la política en la que el gobierno de Trump posiblemente ha tenido el mayor impacto y ha sido un tema que mantiene comprometidos a sus simpatizantes. No obstante, como se indica en sus últimos mítines —en los que la inmigración recibe relativamente poca atención en comparación con las restricciones policiales y de coronavirus — el tema quizá no sea el factor de motivación intensa que fue en 2016 para los partidarios de Trump. En el estado clave y disputado de Arizona, por ejemplo, los electores más enfocados en la inmigración son los que están aterrorizados por la posibilidad de un segundo periodo para Trump en la presidencia.

“Todo ha cambiado”, dijo Regina Romero, alcaldesa demócrata de Tucson, Arizona, cuyos padres emigraron de Sonora, México, con sus hermanos mayores. “Pero, en todo caso, ha hecho que el sentimiento público cambie a nuestro favor. La gente aquí entiende que necesitamos que la gente venga de México para impulsar nuestra economía. La gente aquí entiende cada vez más que se trata de una ventaja, no de una amenaza”.

Kassie Waters, una médica de 33 años que vive en Tucson, dijo que hace cuatro años la inmigración era uno de los principales temas de su lista de asuntos políticos más importantes. Pero este año, Waters, madre de tres hijos, cuyo marido trabaja como policía, dijo que le preocupan más “los alborotadores, los saqueadores y los policías que son procesados por hacer su trabajo”.

“Hace cuatro años, mis preocupaciones eran totalmente diferentes. La inmigración era una gran preocupación”, dijo Waters, quien asistió a una firma de libros reciente de Joe Arpaio, el exalguacil del condado de Maricopa que defendió las políticas draconianas de inmigración.

Waters, que votó por el presidente en 2016 y planea hacerlo de nuevo este año, dijo que Trump sigue apoyando la aplicación de la ley, solo que esta vez se concentra en las ciudades en vez de la frontera y mencionó que no tenía ningún problema con que “el tema de la inmigración se haya dejado de lado”.

Muchas familias latinas en Arizona tienen un estatus migratorio mixto: padres inmigrantes no autorizados, por ejemplo, que crían a niños que se han beneficiado de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia o que son ciudadanos nacidos en Estados Unidos. Dejar la inmigración en “segundo plano” no es una opción para ellos. En la parte sur del estado, muchas familias se han movido durante generaciones de forma rutinaria de un lado a otro de la frontera y han vivido una especie de vida binacional.

Además, muchos electores jóvenes latinos formaron su propia identidad política a raíz de los sentimientos antiinmigración de principios de la década de 2000, y el tema sigue teniendo resonancia.

“Esto no es un concepto abstracto para nosotros, un ataque teórico, sino algo que impacta la forma en que el mundo nos ve, la forma en que nos tratan”, comentó Graciela Martínez, de 34 años, quien trabaja en mercadotecnia en Phoenix. “Hemos tenido que luchar por todo lo que tenemos y debemos seguir luchando”.

Durante décadas, la inmigración ha dado forma a la política de Arizona.

Fue en Arizona donde un grupo de vigilantes antiinmigración formó la milicia de los Minutemen a lo largo de la frontera a principios de la década de 2000. Como alguacil del condado de Maricopa, Arpaio llevó a cabo sus propias redadas antiinmigración, que según él estaban destinadas a expulsar a quienes vivían ilegalmente en el país. En 2010, la legislatura estatal aprobó el proyecto de ley del Senado 1070, que permitía a las fuerzas del orden locales detener a cualquier persona sospechosa de vivir en el país de forma ilegal. Los detractores dijeron que la legislación se basaba en el perfil racial y esta luego fue anulada por los tribunales.

Para las personas de izquierda, la lucha contra los “niños en jaulas” —en referencia a la política del gobierno de Trump de 2018 de separar a los niños migrantes de sus padres— ha sido una especie de grito de guerra para los críticos. Los activistas creen que la política ha cambiado el panorama de 2020.

“La separación de las familias significa que había un tema que a todo el mundo le importaba, desde una perspectiva de derechos humanos, y nos da un terreno político completamente diferente, lo cual es muy importante”, comentó Jess Morales Rocketto, activista demócrata y presidenta de We Belong Together, la campaña para promover las reformas migratorias de la Alianza Nacional de Trabajadores Domésticos. “Hemos movilizado a un montón de gente. Hemos utilizado la ira de la gente para hacerles entender que la forma en que tratamos a los más vulnerables está relacionada con quien ellos eligen”.

En Tucson, Romero sabe que la inmigración es un tema muy personal para muchos votantes. En un mitin en Tucson la semana pasada con la senadora Kamala Harris, la candidata demócrata a la vicepresidencia, Romero se refirió a la barrera fronteriza como “el muro del odio” y ha criticado en repetidas ocasiones el impacto medioambiental de la nueva construcción y las muertes a lo largo de la frontera. Aún así, Romero se muestra optimista sobre las posibilidades de los demócratas en el estado, donde se espera que los latinos constituyan por primera vez al menos el 25 por ciento de todos los votantes.

Sin embargo, para los partidarios de Trump las políticas de inmigración del gobierno han creado una especie de lealtad feroz. El sindicato de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza le dio a Trump su primer apoyo presidencial en 2016 y lo hizo de nuevo este año, convencido de que el presidente ha hecho lo que otros han evitado.

“El ánimo es superior; es mucho más elevado porque los agentes de la Patrulla Fronteriza sienten que tienen un gobierno que realmente se preocupa por el tema”, comentó Brandon Judd, presidente del sindicato y aliado de Miller. “Al final del día, los agentes de la Patrulla Fronteriza quieren sentirse productivos; quieren sentir que han hecho una diferencia”.

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