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Estos barcos son muy grandes, pero Barcelona tiene el espacio para albergarlos

Estos barcos son muy grandes, pero Barcelona tiene el espacio para albergarlos
Un yate enorme en reparación en Barcelona, España, que se ha convertido en un puerto para superyates, el 21 de diciembre de 2021. Foto, Samuel Aranda/The New York Times.

Atraer a multimillonarios propietarios de yates es solo una pequeña fracción de los esfuerzos de Barcelona para aprovechar la “economía azul” del mar, dijo Jaume Collboni, teniente de alcaldesa. La autoridad portuaria de Barcelona aprobó la construcción de una nueva terminal para cruceros.

BARCELONA, España — El Solaris, de 140 metros de largo y ocho cubiertas, que zarpó por primera vez hace menos de un año, es uno de los superyates más nuevos que ahora son los palacios flotantes del mar. Tiene un helipuerto, obviamente, además de una piscina y todas las demás amenidades de alta tecnología requeridas por su propietario ruso multimillonario, Román Abramóvich.

Pero una mañana reciente en Barcelona, el Solaris, que vale 600 millones de dólares, estaba fuera del agua, encajado en un dique seco, mientras los trabajadores se afanaban bajo su casco gris claro. Estaban arreglando sus estabilizadores en forma de aleta, los cuales ayudan a equilibrar la enorme embarcación en mares agitados pero que se retraen cuando no hay oleaje. En el extremo opuesto del astillero, otro gigante, el Sea Rhapsody, estaba recibiendo una última revisión antes de levar anclas.

A medida que los ricos se han vuelto más ricos durante la pandemia, sus barcos se han hecho más grandes y más caros, y cuando estos superyates de lujo no están llevando a sus propietarios a lugares de vacaciones privados en el Caribe y el Mediterráneo, necesitan un lugar donde atracar para que les hagan reparaciones.

Es aquí donde Barcelona, cuyos días como astillero comercial se desvanecieron hace años, ve una oportunidad económica.

Barcelona se ha convertido en un fondeadero para estas embarcaciones de lujo, gracias a que conjunta un puerto deportivo privado que este año invertirá 20 millones de euros (22,7 millones de dólares) para convertirse en el mayor puerto dedicado a los superyates en el Mediterráneo, con instalaciones de mantenimiento que pueden sacar del agua a los colosos y luego convocar a un pequeño ejército para que los repare.

Y no está de más que Barcelona ofrezca a los tripulantes de los barcos tiempo de descanso en uno de los mayores destinos turísticos del Mediterráneo.

Atraer a multimillonarios propietarios de yates es solo una pequeña fracción de los esfuerzos de Barcelona para aprovechar la “economía azul” del mar, dijo Jaume Collboni, teniente de alcaldesa. Hace poco, la autoridad portuaria de Barcelona aprobó la construcción de una nueva terminal para cruceros, que se inaugurará en 2024. La ciudad también está modernizando la zona portuaria que se desarrolló para los Juegos Olímpicos de 1992, de los que Barcelona fue anfitriona.

La pandemia fue un golpe duro para una ciudad que suele recibir a millones de visitantes. Demostró que “la diversificación se está haciendo muy importante”, comentó Collboni. “Cuando el turismo llegó a cero, algunas partes de la ciudad se vieron muy afectadas, y hemos tenido que buscar otros empleos, también para una fuerza laboral menos calificada”.

Simultáneamente, la propagación del coronavirus les dio a los multimillonarios de todo el mundo la excusa perfecta para guardar su distancia de la gente menos acaudalada, para lo cual los superyates resultan ser muy útiles.

En todo el mundo, hay unos 5700 yates de más de 30 metros de eslora, y esta flota crecerá un 15 por ciento de aquí a 2025, según las previsiones del sector. En la cúspide de este mercado se encuentran unos 370 megayates de más de 60 metros, cuyo número ha aumentado aproximadamente un 70 por ciento en la última década y se prevé que alcance los 500 en unos siete años. Los astilleros dedicados a la construcción se esfuerzan por mantener el ritmo. La cartera de pedidos de superyates está llena hasta 2025.

MB92, la empresa que gestiona las instalaciones de mantenimiento de superyates para Barcelona, conocidas como astilleros de reacondicionamiento, tiene 180 empleados, pero gran parte del trabajo lo realizan unos 1000 subcontratistas cuyos trabajos abarcan una gran variedad de especialidades, como pintura, carpintería y labores de aislamiento térmico. Hay unos 40 talleres repartidos por el astillero y durante las temporadas altas de reparación, en primavera y otoño, ahí se pueden trabajar unos 25 yates a la vez.

El negocio de mantenimiento de yates ha dado un salto. MB92, que también posee un astillero más pequeño en La Ciotat, Francia, declaró ingresos de 191 millones de euros (unos 215 millones de dólares) en 2021, frente a los 150 millones de euros de 2019.

Si bien un superyate es en sí mismo una evidente muestra de riqueza, los propietarios esperan que sus empleados no divulguen nada sobre lo que ellos tienen ni dónde están. Cuando se le preguntó por el destino del Sea Rhapsody una vez que saliera del astillero, Henk Dreijer, director comercial de MB92, se mostró dubitativo e insinuó que su destino era “el Caribe, pero también podrían ser las Seychelles o algún otro lugar”.

“Trabajamos para personas a las que les gusta ser muy discretas”, añadió.

En Barcelona, dirigida por un gobierno municipal de izquierda, no todo el mundo ve con buenos ojos la llegada de los multimillonarios y sus yates, cuyas secciones en los puertos deportivos suelen estar cercadas del resto del litoral urbano.

“Estamos trayendo a los más ricos del mundo, pero no gastan su dinero en nuestros barrios, tienen yates que izan las banderas de paraísos fiscales y contratan a tripulaciones que no son de Barcelona”, comentó Gala Pin, legisladora municipal en Barcelona hasta 2019.

“También hemos permitido que empresas privadas y muy opacas lucren a costa de terrenos públicos y cerquen el acceso a una zona portuaria que debería ser disfrutada por todos los ciudadanos de Barcelona”, agregó.

 

Buen negocio de Barcelona
El Sea Rhapsody se encamina a ser reparado en el astillero, gestionado por la empresa MB92, en Barcelona, España, el 21 de diciembre de 2021. Foto, Samuel Aranda/The New York Times.

 

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