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Latinoamérica suma tecnología a educación, pero no tiene impacto pedagógico

Latinoamérica suma tecnología a educación, pero no tiene impacto pedagógico
Si bien los países de Latinoamérica y el Caribe avanzaron en la incorporación de tecnologías en sus sistemas educativos, las brechas estructurales que persisten limitan su impacto pedagógico y su sostenibilidad. EFE/ Fundación Ceibal

El estudio muestra “un escenario desafiante” en la región, ya que ocho de los nueve pilares presentan niveles bajos de madurez, mientras que solo uno alcanza un nivel medio

Si bien los países de Latinoamérica y el Caribe avanzaron en la incorporación de tecnologías en sus sistemas educativos, las brechas estructurales que persisten limitan su impacto pedagógico y su sostenibilidad, informó la agencia EFE.

Así lo indica el primer diagnóstico regional sobre el estado de la Transformación Digital Educativa en la mencionada región, enmarcado en el proyecto EdTech Initiative, liderado por la Fundación Ceibal de Uruguay y financiado por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo de Canadá.

Este diagnóstico analiza el grado de madurez de los sistemas educativos en procesos de transformación digital a partir de nueve pilares clave.

Estos son: Contexto del sistema educativo, identificación de problemas, definición de éxito, dispositivos, conectividad, plataformas, programas, formación docente y datos.

El estudio muestra “un escenario desafiante” en la región, ya que ocho de los nueve pilares presentan niveles bajos de madurez, mientras que solo uno alcanza un nivel medio, con promedios cercanos a 2.4 en una escala de 1 a 4.

La identificación de problemas (2.71) es el mejor ubicado. Dentro de los hallazgos clave, el informe destaca la capacidad creciente que existe para reconocer desafíos prioritarios.

“La fragilidad en el diagnóstico sistemático y participativo limita el diseño de políticas basadas en evidencia, especialmente desde una perspectiva territorial y de equidad”, detalla.

Contrario a esto, la formación docente (2.39) y el uso de datos educativos para la toma de decisiones (2.39) son las que acumulan el promedio más bajo.

“Se despliegan estrategias de formación docente en tecnologías digitales. Su alcance, equidad y eficacia son limitados, evidenciando brechas territoriales y falta de evaluación de impacto”, dice sobre el primero de estos en los hallazgos clave.

Sobre el segundo, detalla allí mismo “progresos en el desarrollo de sistemas de información educativa” y “desafíos en interoperabilidad y cultura de uso para la toma de decisiones educativas”.

Dentro del pilar de contexto del sistema educativo, en el que se analiza el conjunto de condiciones estructurales, políticas, institucionales y culturales que influyen en las posibilidades de avanzar en procesos de Transformación Digital Educativa, el estudio apunta que la experiencia (2.84), la gobernanza (2.77) y el aprendizaje a lo largo de la vida (2.59) tienen un grado de madurez medio.

No obstante, la equidad (2.22) y la Inteligencia Artificial (2.01) tienen un grado bajo.

“La Equidad e IA son las dimensiones más críticamente valoradas, lo que da cuenta de debilidades estructurales en el uso de tecnologías para acompañar trayectorias en contextos vulnerables y falta de innovación sistemática como rasgo que impide el uso de IA en educación”, puntualiza.

Por otra parte, el informe identifica cuatro grandes grupos de países según su nivel de desarrollo, reflejando diferencias en capacidades estatales, niveles de gobernanza digital y continuidad de las políticas públicas.

Mientras Uruguay y Costa Rica presentan “ecosistemas consolidados, con gobernanza digital madura, marcos institucionales sólidos y políticas sostenidas en el tiempo”, Argentina, Brasil, Colombia y México “combinan avances relevantes en institucionalidad y capacidades técnicas, con desafíos de implementación en contextos marcados por la diversidad territorial”.

Mientras tanto, en Ecuador, Guatemala, Honduras y Perú “predominan la fragmentación institucional, la discontinuidad de políticas y brechas estructurales más profundas”, y El Salvador y República Dominicana “representan sistemas en desarrollo, con iniciativas en marcha y marcos institucionales en construcción”.

 

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