El 12 de junio de 1987 The New York Times publicó artículo del famoso Seymour Hersh con efectos desbastadores en Estados Unidos y en Panamá.
Hersh, ganador de un premio Pulitzer por sus críticas investigaciones sobre actuaciones de Estados Unidos en Vietnam, buscó las razones por las que Washington seguía apoyando a dictadores como Manuel Noriega capaces de eliminar opositores, como Hugo Spadafora, a quien sus agencias de inteligencia lo señalaban como responsable,
Hersh publicó el artículo “Panamá, se dice que hombre fuerte de Panamá trafica con drogas, armas y dinero ilícito”. (Texto completo en internet)
Nos dice Hersh, que Estados Unidos sabía que Noriega, durante los últimos 15 años, proporcionó información de inteligencia simultáneamente a Cuba y a Estados Unidos. “Que Noriega es un inversionista secreto en empresas exportadoras panameñas que venden tecnología estadunidense restringida a Cuba y países de Europa del Este”.
En los días del explosivo artículo, Noriega visitaba Washington, para recibir medalla de honor en la Junta Interamericana de Defensa. Hesch trató infructuosamente de entrevistarlo. Su portavoz adujo que estaba ocupado, afirmando que “Noriega y los militares eran víctimas de una campaña de desinformación que no tenía base en los hechos”. “Ataques políticos”, dijo. “Noriega respondería: Buscan perjudicar nuestra institución”.
“Funcionarios entrevistados dijeron a Hersch que habían pasado por alto las actividades ilegales de Noriega porque cooperaba con ellos y por su voluntad de permitirles un amplio margen de maniobra para operar en Panamá”. Llegaron a asegurar que Noriega había sido un activo valioso para Washington en la lucha contra las insurgencias en América Central, cooperando con la CIA, dándole información sensible desde Nicaragua, además de la lucha contra las drogas”.
Un alto diplomático, dijo a Hersh: “Precisamente porque tenemos intereses estratégicos a largo plazo en Panamá, con el canal, es importante contar con personal confiable con quien podamos tratar”.
“Sabían de todas las actividades del Noriega, incluidas sus relaciones con los cubanos y su voluntad de vender armas al grupo rebelde M-19 en Colombia”. Añadiendo Hersch que “el objetivo del M-19, procubano, era derrocar al gobierno democráticamente elegido, grupo guerrillero responsable de ataques violentos causantes de cientos de muertes”. Vinculación negada por su vocero, quien dijo: “No tenemos información sobre el M-19. Hacemos todo lo posible para evitar que Panamá sea utilizada como trampolín para el terrorismo”.
A finales de 1985, el vicealmirante John Poindexter, asesor del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, visitó a Noriega y le dijo que “dejara de seguir en sus actividades de narcotráfico y lavado de dinero, pidiéndole que interrumpiera sus relaciones con Cuba”.
Para Hersh “se trata de una cuestión crónica para los responsables políticos estadunidenses: Hasta qué punto deben pasar por alto la corrupción y la falta de principios democráticos en los aliados para proteger instalaciones de inteligencia secretas”.
”Altos funcionarios civiles del Pentágono, encabezados por Néstor Sánchez, subsecretario de Defensa Adjunto para Asuntos Interamericanos, a quien conocí en Washington, se preocupaban de que cualquier sucesor de Noriega no estuviera dispuesto a tolerar las actividades militares estadunidenses que se desarrollan en Panamá.
Desde principios de 1980, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) junto a otras agencias, incrementaron sus actividades de recopilación de inteligencia en Panamá. Ahora es capaz de monitorear toda Centroamérica y la mayor parte de Sudamérica desde sus instalaciones panameñas.” Imagínense todo lo que les daba Noriega. La CIA también utilizaba bases como Howard, para recopilar de inteligencia y enviar agentes a Nicaragua.
Además del tráfico de drogas y de armas, también sabían del envío de productos estadunidenses de alta tecnología, muchos en listas restringidas, desde la Zona Libre de Colón a Cuba y a Europa del Este. Noriega también tenía intereses en un banco, el Bank of Credit Commerce & Commerce (BCCI), donde tras su escandaloso cierre se confirmó que tanto la CIA, como la Mossad y el M-19 tenían cuentas allí para financiar de sus operaciones encubiertas.
Explica Hersh que “la CIA ha considerado a Noriega un recurso invaluable desde la década de 1970 debido a su disposición a proporcionar información sobre los cubanos. Posteriormente, se convirtió en una valiosa fuente de información privilegiada sobre la revolución sandinista en Nicaragua, utilizando la embajada panameña en Managua para recopilar información de inteligencia para EUA”.
Según descubrió Hersh “los jefes de la CIA lo adoraban», recordó un exembajador en Panamá. “Para ellos, lo que obtenían era más interesante que lo que los cubanos obtenían de Noriega sobre nosotros”, destacando que “una clave del éxito de Noriega, era su falta de ideología”.
Esa investigación es parte de mi nuevo libro, a presentarse 5 de junio. ¿Alguna coincidencia con lo que vivimos actualmente, casi 40 años después?
