Las redes se llenan de conspiraciones, en buena medida por las palabras previas de Karoline Leavitt de que en la gala habría “disparos”
Hacerse el gracioso, graciosa en este caso, está sobrevalorado. O peor, puede ser una temeridad. Karoline Leavitt da fe en primera persona de que a menudo es mejor callarse. La responsable de prensa del presidente Donald Trump hizo un pronóstico el sábado por la noche, con su típica ironía armada con esa superioridad al uso en este gobierno de Estados Unidos, y el tiro le salió por la culata, informó el diario La Vanguardia
“Será divertido, será entretenido, habrá algunos disparos esta noche”, aseguró en los prolegómenos de la cena de corresponsales de la Casa Blanca. “Todo el mundo debería sintonizar, va a ser realmente genial”, añadió ya en el hotel Hilton de Washington, donde se celebraba esa cita a la que Trump decidió acudir en esta ocasión, a diferencia de otras fechas.
Sí, pronunció la palabra “disparos”. Leavitt recurrió a ese lenguaje para ensalzar lo que su jefe iba a decir en su discurso. Pero Trump no tuvo tiempo de hacer su intervención porque hubo disparos, no retóricos, sino de los de verdad.

Esa fanfarronería de Leavitt propició en buena medida que, de inmediato, nada más producirse la irrupción del supuesto pistolero Cole Tomas Allen, de 31 años, las redes sociales se inundaran de teorías de la conspiración y acusaciones cruzadas sobre el ataque.
Esto ya es algo habitual. Influencers de uno y otro bando participaron en el caos generado en plataformas como X, Facebook y TikTok, si bien esta vez predominaron las conspiraciones de que el ataque fue una escenificación bajo la sugerencia sin pruebas de que formaba parte de un aparente complot de Trump y otros de sus asociados para desviar la atención de los malos resultados en las encuestas o del fracaso en la guerra con Irán.
Solo pasadas unas horas del suceso, el término “escenificación” había aparecido en más de 300,.000 publicaciones en X, a partir de los datos de las empresas dedicadas al análisis de los posts en esas plataformas.
“Bandera falsa confirmada”, corría por esas redes. Ese flujo de desinformación se produjo en parte por el comentario de Leavitt, pero también se vio muy reforzado por el propio Trump, que impulsó la conspiración al servirse del tiroteo como una razón para financiar su costoso y controvertido proyecto de salón de baile en la Casa Blanca, frenado por una decisión judicial.

Como si fuera un toque de corneta para echar más gasolina a la conspiración, decenas de cuentas en X de relevantes personalidades de la derecha, incluidos funcionarios actuales y antiguos de la administración Trump, publicaron lo que parecía una campaña coordinada de apoyo al salón de baile en los momentos posteriores al incidente.
“Debemos tener el salón de baile terminado para proteger al presidente y a sus invitados”, escribió la ex fiscal general de Estados Unidos Pam Bondi, a quien Trump despidió semanas atrás por su mala gestión de los documentos del caso Jeffrey Epstein, el pervertido sexual que murió en prisión en el 2019 y viejo amigo del hoy presidente.
Otros usuarios de las redes se dieron prisa, antes incluso de saber la identidad de Allen y de su manifiesto en el que acusó a Trump de “pedófilo, violador y traidor”, en vincular al supuesto pistolero con las causas israelíes, de nuevo en ausencia de pruebas. Aquí echaron mano de imágenes aparentemente manipuladas con inteligencia artificial (IA) para reforzar esa teoría. RT, canal público ruso de noticias, amplificó algunas de estas conspiraciones.
“Y el 7 de octubre (ataque de Hamás en suelo de Israel) tampoco sucedió, ni la Segunda Guerra Mundial, ni el Holocausto”, respondió Trump en el programa 60 Minutes de la CBS emitido el domingo al cuestionarle sobre esa conspiración de que el tiroteo de Washington fue un montaje. “Creo que son más enfermos que estafadores, pero también hay mucho de estafa en todo esto”, recalcó.
