Tras 11 días de bombardeos masivos de EEUU e Israel no han logrado destruir la estructura de poder iraní ni silenciar a la Guardia Revolucionaria
El régimen de Irán está tocado pero emite señales de que aún mantiene el control y es capaz de seguir lanzando ataques sobre Israel y otros países de la región que acogen bases militares con 40,000 soldados estadunidenses, informó el diario La Razón.
El presidente Donald Trump ha asegurado este lunes que la guerra está “prácticamente terminada” bajo el argumento de que el aparato militar iraní ha sufrido graves daños en la marina, la fuerza aérea y las comunicaciones.
La Guardia Revolucionaria, el ejército ideológico del país y baluarte de las esencias del régimen, ha asegurado que el final de la guerra lo determinarán ellos y que seguirán luchando el tiempo que haga falta.
“La estrategia de Trump para Venezuela ha fracasado en Irán”, asegura el analista Gideon Rachman en Financial Times.

La esperanza de Estados Unidos de un fulgurante colapso de Irán no se ha producido y parece lejos de conseguirse. Subido a la ola del éxito militar de Venezuela con el secuestro de Nicolás Maduro, Trump se lanzó a una operación iraní para derrocar a Jamenei y la compleja estructura político-militar persa.
Sin embargo, el descabezamiento de la cúpula no ha causado una merma total en las capacidades de ataque ni en la estructura de mando político. Los expertos iraníes insisten en que la estructura de poder es mucho más resistente y estratificada que la de cualquier otro país.
El guía supremo Ali Jamenei, asesinado junto con el ministro de Defensa y otros altos cargos, ha sido sustituido en menos de 10 días en la figura de Mojtaba Jamenei, de 58 años, considerado un representante de la línea dura, cuyo antiamericanismo no es solo ideológico sino también personal tras el asesinado de su padre.
Además de la ideología, la geografía también resulta un factor importante en este conflicto. Buena parte del territorio está rodeado de imponentes cordilleras que hacen de escudo protector y que le han servido para construir una red de instalaciones militares subterráneas y bases de misiles.
Además, en el sur sus costas definen el Estrecho de Ormuz, ahora bloqueado al paso de cientos de petroleros que han tenido que rodear el continente africano para llegar a Europa.

Otro elemento clave es el arraigado nacionalismo iraní, que emerge cuando existe riesgo de interferencia extranjera, tal y como asegura Arshin Adib-Moghaddam, catedrático en la School of Oriental and African Studies de la Universidad de Londres.
“La historia iraní ha demostrado la resiliencia nacional del país, especialmente frente a la agresión extranjera”. Para este profesor iraní, “la idea del cambio de régimen es una buena medida de lo desinformadas y delirantes que son las actuales administraciones en Tel Aviv y Washington”.
Para muchos no es un misterio la capacidad de supervivencia de ante la “furia épica” de los ejércitos estadunidense e israelí, una operación inédita en la región en la que participan cientos de aviones de guerra, dos portaaviones y los mejores sistemas antiaéreos.
Las autoridades iraníes se prepararon para un conflicto de esta naturaleza desde su victoria revolucionaria en 1979. La guerra relámpago de junio del 2025 confirmó que Benjamin Netanyahu, el jefe del régimen israelí, no iba a tirar la toalla en su intento de atacar nuevamente a los ayatolas como finalmente ha acabado sucediendo.

Todo ello derivó en una preparación logística militar y en la aceleración de la producción masiva de misiles de crucero y balísticos, que junto con los célebres drones Shahed -copiados incluso por la industria estadunidense- son el pilar ofensivo iraní.
En las calles de Teherán, las fuerzas de seguridad tienen una notable presencia y no se han producido protestas como las que sacudieron al régimen en enero, que dejaron miles de muertos.
El llamamiento de Trump “al gran y orgulloso pueblo de Irán” para que “tomen el control de su gobierno cuando terminemos” con el régimen, no se ha producido de momento, aunque nadie sabe si una vez terminen los combates surgirá movimientos de oposición interna capaces de derribar el sistema.
En medio del caos de la guerra, las amenazas para los disidentes siguen en pie. Según The Wall Street Journal, un comandante de la Guardia Revolucionaria, Salar Abnoush, advirtió a los padres que no dejen que sus hijos salgan a la calle: “Si muestran simpatía por el enemigo, hay una orden de disparar a matar”.
Después de 11 días de bombardeos desde el aire, Teherán amenaza ahora con utilizar misiles con mayor capacidad destructiva tras la supuesta reducción de los arsenales de munición convencional.
Según datos del Instituto Judío para la Seguridad Nacional de Estados Unidos, con sede en Washington, los ejércitos iraníes han disparado un promedio de 45 misiles hacia sus vecinos del Golfo Pérsico e Israel en los últimos tres días, en comparación con los 420 del segundo día de guerra.
Hasta ahora, han atacado instalaciones diplomáticas y militares estadunidenses, así como infraestructura energética y de transporte.
En este contexto de incertidumbre y miedo a una guerra prolongada, la pregunta que resuena es la misma.
¿Hasta cuándo Estados Unidos e Israel serán capaces de seguir golpeando objetivos militares y políticos desde el aire para destruir la teocracia iraní?
¿Es factible una invasión terrestre teniendo en cuenta la alergia de los estadunidenses a intervenciones en países remotos?
Con las elecciones legislativas en Estados Unidos a la vuelta de la esquina, probablemente ni el propio Trump tiene las respuestas claras.
