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China levanta su escudo energético con Rusia mientras arde el Golfo

China levanta su escudo energético con Rusia mientras arde el Golfo
Vladimir Putin, Xi Jinping. Foto, Europa Press

En plena escalada en Irán, Pekín ha decidido no esperar más y aprueba nuevos gasoductos con Moscú para asegurar el flujo

China acelera su blindaje energético mientras el Golfo Pérsico se tambalea. En plena escalada bélica en Irán, Pekín ha decidido no esperar a que pase la tormenta, incorporando nuevos gasoductos con Rusia a su plan quinquenal y reactivando la ruta central vinculada al Power of Siberia 2 a través de Mongolia.

El objetivo es asegurar el flujo de gas siberiano ante la posibilidad de que las rutas marítimas tradicionales queden inhabilitadas, informó el diario La Razón.

Al mismo tiempo, frente a sus costas se acumula un volumen récord de “crudo sensible” con cerca de 40 millones de barriles de petróleo iraní, ruso y venezolano fondeados en el mar Amarillo y el mar de China Meridional, según datos de la agencia Bloomberg.

Captura que muestra la disminución del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. EFE/ Vesselfinder.com

Ese colchón permite a las refinerías privadas seguir operando mientras el Estrecho de Ormuz continúa estrangulado. Con ductos hacia Moscú y petroleros fantasma frente a Shandong, la estrategia de Pekín apunta a convertir las sanciones occidentales en su mayor seguro estratégico a largo plazo.

En esa ofensiva silenciosa, el gas ruso aporta la infraestructura de largo recorrido. Los “mejores amigos”, Xi y Putin, han sellado un memorando jurídicamente vinculante para un conducto de unos 2,600 kilómetros que pretende inyectar 50,000 millones de metros cúbicos anuales desde los yacimientos de Yamal durante tres décadas.

Ese proyecto, que atraviesa Mongolia, consolida una “ruta central” que ya aparece en el borrador del plan económico 2026-2030.

Para Moscú, el trazado permite redirigir hacia Asia los volúmenes que antes fluían hacia Europa, un mercado que amenaza con recortar aún más ante el shock de precios global. Para Pekín, esa tubería terrestre no es solo un contrato de suministro; es una pieza de ingeniería geopolítica destinada a reducir su exposición a un Oriente Próximo en llamas.

La dependencia del Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del crudo mundial, es vista actualmente en Pekín como una vulnerabilidad inaceptable.

Sin embargo, la letra pequeña del acuerdo evidencia que el blindaje será gradual. El plan quinquenal chino utiliza términos prudentes como “trabajos preparatorios”, dejando abiertas cuestiones críticas: el precio final del gas, el reparto de inversiones entre Gazprom y la CNPC, y el calendario exacto de construcción. Esta ambigüedad permite a China utilizar el Power of Siberia 2 como una herramienta de presión.

Al no cerrar los detalles, mantiene la sartén por el mango en las negociaciones con otros proveedores, desde Turkmenistán hasta Qatar, asegurando que nadie se vuelva indispensable. El resultado es un juego de equilibrios en el que China asegura energía rusa barata pero evita caer en una dependencia que limite su maniobrabilidad frente a Washington.

Mientras los grandes gasoductos avanzan a ritmo de comité, la verdadera batalla por la supervivencia energética se libra hoy sobre el agua.

Estimaciones recientes indican que casi 40 millones de barriles de crudo bajo sanción (iraní, ruso y venezolano) se encuentran en petroleros fondeados frente a la costa china, un aumento del 17% desde que estalló el conflicto en Irán.

Sumado a esto, las reservas estatales y comerciales de China rondan los 900 millones de barriles, suficientes para cubrir 78 días de importaciones.

Este inventario masivo otorga a Pekín un margen de maniobra envidiable, permitiéndole capear interrupciones de suministro e incluso exportar productos refinados a otros países de Asia que no cuentan con tales reservas.

El momento actual es delicado. Una crisis prolongada en Medio Oriente enviará señales que leerán en Taiwán y Ucrania. Ni Pekín ni Moscú buscan un choque directo con Estados Unidos, pero ambos están utilizando sus asientos en el Consejo de Seguridad para disputar la legitimidad de las intervenciones occidentales.

Mientras tanto, en el plano económico, el régimen de Xi Jinping sigue construyendo un sistema paralelo por donde el gas fluye por tierra desde las estepas rusas y el petróleo llega en flotas silenciosas, pagado en yuanes y almacenado como oro negro para la confrontación estratégica.

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