BRUSELAS — Shirley Doyen estaba exhausta. La residencia de ancianos Christalain, la cual dirigía con su hermano en un vecindario opulento en Bruselas, estaba sufriendo los embates del COVID-19. Ocho residentes habían fallecido en tres semanas. Algunos miembros del personal solo tenían batas y antiparras de disfraces de médico de Halloween como protección. (más…)










